Los derechos no solo se conquistan; también se gobiernan, se gestionan en el día a día y, ante los nuevos escenarios políticos, se deben blindar desde las instituciones. Bajo esta premisa ha arrancado en Fuenlabrada (Madrid) el primer bloque del Acto ’50 años en libertad, titulado ‘Derechos conquistados y Democracia en juego’ que ha organizado ElPlural.com.
Antes de que diera comienzo este bloque, la comisionada de Memoria Democrática, Carmina Gustrán, ha sido la encargada de inaugurar la jornada, enmarcado el encuentro en tres dimensiones clave: «Pasado, presente y futuro». La representante institucional ha invitado a celebrar los avances logrados «sin triunfalismos», pero poniendo en el centro a las personas anónimas que perdieron la vida por la libertad, con el objetivo de debatir en este espacio «no solamente qué sociedad tenemos, sino qué democracia queremos construir».
Tras esta bienvenida, la mesa moderada por el Director de Relaciones Institucionales de ElPlural.com, Marcos Paradinas, ha servido para radiografiar el estado de salud de las políticas de memoria y libertades civiles desde dos perspectivas diferentes pero que se retroalimentan: el municipalismo, representado por el alcalde de Fuenlabrada, Javier Ayala, y la acción del Gobierno central, encarnada por el secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez.
Fuenlabrada: el municipalismo y el orgullo de clase trabajadora
En el plano local, el debate ha puesto en valor el papel de los ayuntamientos como la primera línea de defensa de los derechos ciudadanos y la participación. Ayala ha reflexionado sobre la particularidad de una ciudad que en poco más de medio siglo ha pasado de 5.000 a cerca de 200.000 habitantes, construyendo en el proceso una fortísima identidad ligada a la clase trabajadora.
El secreto de este modelo, según el regidor, radica en el tejido social. «Tenemos más de 1.000 entidades y asociaciones en la ciudad. Yo siempre lo digo: yo solo soy el alcalde. Es mucho más interesante que nos equivoquemos mucha gente y opinemos muchos, a que me equivoque yo solo», ha apuntado Ayala, defendiendo una visión de la política en la que «igual lo que hay que hacer es ir a menos velocidad, pero ir todos juntos, parar un poco más para que no se nos quede nadie descolgado».
Para el alcalde socialista, que ostenta una sólida mayoría absoluta frente a la tendencia popular de la Comunidad de Madrid, la clave para mantener la conciencia de clase radica en el «orgullo de ciudad» y en las políticas sociales, como las ayudas de hasta 1.000 euros para universitarios que permiten que «el talento del hijo» compita por encima de «la cartera del padre». «Nosotros no tenemos grandes catedrales, ni acueductos, ni grandes monumentos, pero tenemos a la mejor gente. Hay que ser de Fuenlabrada, pero de la Fuenlabrada trabajadora, a la que le ha costado muchísimo trabajo salir hacia adelante», ha sentenciado entre los aplausos de sus vecinos y vecinas.
La emotividad de la reparación
Si el municipalismo representa la capilaridad de la memoria, el Estado asume la gestión de sus grandes heridas históricas. El secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez, ha hecho balance de estos años de gestión, destacando la salida del dictador de Cuelgamuros como un hito de «justicia y reparación», así como la aprobación de la Ley de Memoria Democrática en 2022.
Martínez ha centrado gran parte de su exposición en el complejo trabajo de «resignificar» el antiguo Valle de los Caídos. «¿Qué es esa palabreja? Resignificar no es otra cosa que explicar«, ha detallado el secretario de Estado, incidiendo en la necesidad de contar que el recinto se levantó con «fuerza de trabajo penada» y que representa la «simbiosis entre religión y política que se llamó nacionalcatolicismo».
El momento más sobrecogedor de su intervención ha llegado al relatar la «sensación agridulce» que experimentan al entregar los restos exhumados y las declaraciones de reparación a los familiares de las víctimas. Martínez ha recordado el caso de un hombre que exigió hablar tras recibir su documento oficial para anunciar qué haría con él: «Nos dijo: ‘Voy a hacer trece fotocopias. Una la voy a poner en la fosa común donde estaba mi padre y las otras doce las voy a poner en los bares del pueblo para que todo el mundo sepa que mi padre no era un criminal, sino un jornalero'».
Asimismo, ha rememorado la historia de una mujer mayor que no pudo asistir a la entrega de los restos de su padre, pero cuyo hijo relató cómo «pasó toda la noche con la pequeña cajita entre las piernas para hacerle el duelo que no le habían dejado hacer». «Es una sensación agria por lo que sufrieron, pero de gran alegría porque ha sido muchísimo tiempo esperando para darle una digna sepultura y no estar tirados como perros en una cuneta», ha concluido, visiblemente emocionado.
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