Juan Moreno Artiles es una persona serena y sociable que, a sus 84 años, conserva una mente lúcida, amueblada con innumerables recuerdos, y una jovial sonrisa que ilumina su experimentado rostro. Originario de Telde, Juan vivió su infancia en una casa sencilla junto al antiguo Parque León y Joven (la actual Plaza Franchy Roca) y comenzó a trabajar desde muy temprana edad tras el mostrador de una tienda llamada El Chinero, ubicada en la calle Ramón y Cajal. Su padre, Domingo Moreno Martín, le inculcó desde pequeño la importacia del esfuerzo y la constancia para ganarse la vida. Su progenitor se dedicaba a la pesca en la localdad de El Pajar, donde también aprovechaba para vender vino y otros productos alimenticios a los compañeros con los que compartía faena y a los vecinos. En 1952, cuando su hijo tenía 10 años, tomó la decisión que cambiaría su vida y la de las futuras generaciones de su familia: fundar el Bar Playa El Boya.
El inicio de un legado
A los catorce años, Juan continuaba desenvolviéndose con soltura como tendero en la ciudad de los faycanes hasta que, el 16 de junio de 1956, recibió la llamada de su padre para solicitar su ayuda en el restaurante. Desde ese día, que quedó marcado para siempre en su memoria, el actual dueño del local ha permanecido en el negocio realizando tareas de diversa índole y aún no ha dejado de visitarlo, aunque ahora la mayor parte de la gestión recae sobre sus hijos y sus nietos.
‘El Boya’, como se conoce al bar popularmente, se ha convertido en un lugar de referencia en la localidad pajarera a lo largo de los 74 años de historia que ostenta. Por su parte, Juan es una leyenda viva del pueblo, donde es de sobra conocido por su afable carácter y por la fama de su restaurante, que se ha consolidado como una parada ineludible para cualquiera que visite El Pajar. El empresario afirma que, especialmente durante el siglo pasado, él y su familia vivieron momentos difíciles en el sector de la restauración. No obstante, sostiene que su familia pudo salir adelante e ir «evolucionando poco a poco, con trabajo duro, fuerza de voluntad y echándonle muchas ganas, aunque la situación no fuera buena».
Canarias por bandera
Existen cientos de motivos por los que Juan podría sentirse orgulloso, pero el amor por su tierra es, sin duda, uno de los sentimientos más profundos que profesa el dueño de este restaurante al que el rumor del mar acaricia a diario. El teldense asegura que la filosofía del establecimiento siempre ha sido llevar la canariedad por bandera. Por ese motivo, desde su apertura en 1952, el bar siempre se ha abastecido con pescado fresco de la zona. Juan asegura que esa es la especialidad del negocio e insiste en que aún mantiene relación con los hijos y nietos de muchos de los pescadores que les vendían sus productos en sus inicios. Ahora, algunos de los descendientes que siguieron la tradición de sus antecesores y continúan ligados a la mar, también lo están a El Boya.
Juan Moreno Artiles, dueño del Bar Playa El Boya, frente a su restaurante. / ANDRES CRUZ
Frutos del boca a boca
Según el empresario, la prosperidad de un negocio no solo depende de proporcionar al cliente una buena experiencia, sino de que la calidad del servicio sea tan buena que quieran repetir y recomendarlo a otras personas. La fama de El Boya, aclara su propietario, no se debe a la inversión de dinero en publicidad ni en medios de comunicación, sino a las buenas reseñas que a lo largo de las décadas los comensales se han encargado de transmitir a sus allegados. Juan se enorgullece de que a su establecimiento acuden tanto turistas que disfrutan del sur de la isla como grancanarios que durante generaciones han mantenido la costumbre de degustar sus productos frescos junto a sus familiares y amigos. El hostelero comenta de soslayo que ha recibido la visita de mútiples celebridades a lo largo de su trayectoria, pero sostiene que para él lo más bonito es poder mantener a los «clientes de toda la vida y que sigan llegando nuevos con ganas de probar nuestros platos».
Después de 70 años de actividad ininterrumpida, el veterano restaurador continúa acudiendo regularmente a su local para echar una mano y comprobar que todo va tan bien como siempre. Juan reconoce la buena gestión de sus hijos, a quienes ha cedido el mando del restaurante, e iniste en que «ellos han mejorado en gran medida el negocio. Cada paso que han ido dando ha sido siempre hacia delante y han sabido aumentar la calidad del servicio». El teldense afincado en El Pajar no oculta su alegría al afirmar que sus nietos también han cogido el testigo del restaurante, lo que quiere decir que aún le quedan muchos años de existencia gracias a esta cuarta generación que viene «con ganas y voluntad». El empresario confiesa que siempre que puede se persona en el establecimiento porque se siente «muy a gusto allí», ya que ha pasado «un noventa por ciento» de su vida en sus instalaciones.
Premio a una carrera
Juan reconoce que cuando recibió el galardón de ‘Legado Gastronómico’ otorgado por el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana en la Gala Emprendedores SBT 2026, se sintió «profundamente contento, pero sobre todo, satisfecho por que tengan en cuenta una labor que ha llevado muchos años». Haciendo gala de la sencillez, el tesón y la humildad que lo caracterizan, el hostelero considera que ese reconocimiento fue un «un impulso, una motivación para seguir trabajando con más ilusión, más ganas y más fuerza que nunca». El dueño de El Boya reflexiona alegando que el bar es «el pan diario de su familia» y por ello, «el foco en el que ponen todo su esfuerzo», siempre teniendo en cuenta que se trata también de su vocación.
Tras siete décadas en la brega, reputado restaurador anima a los jóvenes a que emprendan sus propios negocios «sin miedo y con ilusión, que es lo que nunca se debe perder». Juan insiste en que no existen trucos para que un negocio triunfe, solo «el trabajo duro y la certeza de que habrá momentos buenos y momentos malos, pero nunca hay que abandonar porque, al final, el esfuerzo siempre termina por recompensar a quien lucha por cumplir sus objetivos».
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