Una simple muestra de orina podría convertirse en el futuro en una de las herramientas más valiosas para diagnosticar, monitorizar y anticipar la evolución de numerosas enfermedades renales. Así lo sugiere una revisión sistemática internacional publicada recientemente en la revista científica Biomedicines, en la que participan investigadores vinculados a al Grupo Biocritic (Investigación Biomédica en Cuidados Críticos), Universidad de Valladolid y Servicio de Anestesia y Reanimación del Hospital Clínico de Valladolid, que concluye que la citometría de flujo aplicada a células urinarias presenta un enorme potencial para avanzar hacia una medicina más personalizada y menos invasiva.
El trabajo, titulado «Urinary Cells Flow Cytometry in Renal Disease: A Systematic Review of Diagnostic and Prognostic Applications», revisa toda la evidencia científica disponible hasta la fecha sobre el uso de biomarcadores celulares urinarios detectados mediante citometría de flujo en pacientes con enfermedades renales y urológicas.
Tras analizar 3.938 referencias científicas y seleccionar finalmente 23 estudios que cumplían los criterios metodológicos establecidos, los autores concluyen que esta técnica podría desempeñar un papel relevante en el diagnóstico precoz, el pronóstico y el seguimiento de múltiples patologías renales, bajo el prisma de la medicina personalizada y de precisión, aunque advierten de que todavía son necesarios estudios más amplios y protocolos homogéneos, paneles, que permitan su incorporación a la práctica clínica habitual.
La revisión surge a partir de una línea de investigación abierta por el Grupo BioCritic, que trabaja desde hace años en la búsqueda de biomarcadores capaces de mejorar el diagnóstico y el seguimiento de pacientes críticos. En este contexto, la orina ha despertado un creciente interés por tratarse de una muestra biológica muy accesible y todavía poco explotada.
«Teníamos abierto un proyecto de citometría en orina y antes de poner a punto la técnica era necesario conocer qué existía en la bibliografía, cuáles eran sus limitaciones y qué posibilidades reales ofrecía», explica la investigadora Rosa Dolores Prieto Utrera, integrante del Grupo BioCritic y de la Unidad de Investigación del Hospital Clínico Universitario de Valladolid y del Instituto de Ciencias de la Salud de Castilla y León (ICSCyL).
Mientras la citometría de flujo lleva décadas utilizándose en el análisis de muestras sanguíneas, especialmente en hematología e inmunología, su aplicación a muestras urinarias continúa siendo relativamente reciente. Sin embargo, inciden, en que su potencial es enorme. No en vano, la orina contiene células inmunitarias, epiteliales, endoteliales y procedentes del propio riñón que pueden proporcionar información valiosa sobre los procesos biológicos que están teniendo lugar dentro del organismo. «La orina es una muestra fácil de obtener, asequible y de la que se puede extraer muchísima información. Es un recurso que todavía está poco explotado y que creemos que tiene un futuro muy prometedor», señala Prieto.
Ventana al interior del riñón
La principal ventaja de esta técnica es que permite estudiar de forma rápida y detallada miles de células individuales presentes en la orina. Cada una de ellas aporta información sobre el estado inflamatorio, inmunológico o estructural del riñón. Esa capacidad ha llevado a los investigadores a hablar de una auténtica «biopsia líquida» del riñón.
Actualmente, muchas enfermedades renales requieren una biopsia para confirmar el diagnóstico o conocer el grado de afectación del órgano. Se trata de una prueba invasiva que implica la extracción de tejido renal mediante una punción y que, aunque es segura en la mayoría de los casos, no está exenta de riesgos. Mientras, la citometría de flujo urinaria plantea un escenario muy diferente.
«En una biopsia analizamos la celularidad de un tejido. Si conseguimos obtener información similar a partir de las células que aparecen en la orina, estamos ante una biopsia líquida, porque podemos estudiar lo que está ocurriendo en el riñón sin necesidad de extraer tejido», explica otro de los investigadores principales de este trabajo, Juan Manuel Priede Vimbela, médico e investigador del Servicio de Anestesiología y Reanimación del Hospital Clínico Universitario de Valladolid.
La posibilidad de acceder a esa información mediante una simple muestra de orina abre la puerta a realizar controles más frecuentes y a seguir la evolución de los pacientes de una forma mucho más cómoda y segura, añade, para precisar que a ello se une la posibilidad de detectar el daño renal antes de que se manifieste mediante los parámetros convencionales utilizados actualmente.
“En muchas ocasiones, la insuficiencia renal se diagnostica cuando ya existe un deterioro significativo de la función del órgano. Marcadores como la creatinina sérica suelen alterarse cuando el daño ya está establecido. Es como si en un coche solo supiéramos que existe una avería cuando se enciende el piloto del cuadro de mandos», resume Priede.
La identificación de biomarcadores celulares urinarios podría permitir una detección mucho más precoz de los procesos patológicos que afectan al riñón. Ese avance tendría importantes implicaciones clínicas, ya que facilitaría intervenciones tempranas capaces de frenar la progresión de la enfermedad o reducir sus complicaciones, insiste a Ical.














