Las más de 4.000 personas que acudieron este viernes al Palacio de los Deportes de Riazor pagaron su entrada para ver el partido inaugural de la final de la OK Liga y terminaron asistiendo a una cata gourmet del más exquisito hockey sobre patines. El Liceo, que ya había exhibido dotes de alta cocina en los cuartos de final contra el Lleida y las semifinales ante el Calafell, descorchó el cava ante su gente para ponerse por delante en una eliminatoria al mejor de cinco partidos. Acribilló al Igualada (8-2) a base de ritmo y acierto y los arlequinados, desgastados por su esfuerzo para dejar en la cuneta al Barcelona, solo pudieron morir de rodillas. El domingo, segundo asalto en A Coruña (20.30 horas) antes de que la serie se traslade a territorio catalán.
Sentencia en la primera parte
El Palacio se vistió de noche grande. Abarrotado, enchufado y vibrante, llevó los decibelios al límite desde antes de comenzar las hostilidades sobre la pista. El Liceo, anfitrión, dio una bienvenida amarga al Igualada con dos goles en los primeros cinco minutos. Subido a la ola del éxito en el deporte coruñés, el cuadro de Juan Copa no quiso perder el tiempo. Nuno Paiva y Dava Torres colorearon de verde y blanco los primeros compases de un encuentro en el que el equipo catalán no terminaba de encontrarse. Frágil en defensa e inoperante en ataque ante la muralla local, el cuadro visitante concedió demasiado frente a un rival con sed de triunfo.
Pese a la ventaja de 2-0, el Liceo siguió percutiendo. Aún le quedaba recorrido, todavía guardaba balas en la recámara. Bruno Saavedra, otra vez convertido en mago, volvió a mostrar sin restricciones su catálogo de trucos imposibles sobre el parqué. En un visto y no visto, el compostelano bailó con la bola entre una marea de camisetas visitantes para batir a Arnau con su enésima genialidad de la temporada (3-0). Riazor, a falta de calificativos, se llevó las manos a la cabeza en una explosión de júbilo antológica. No fue la última de la primera mitad. A cinco minutos del descanso, Paiva jugó con el tempo del partido, armó el stick y sorprendió al meta catalán con un disparo lejano que entró limpio por la escuadra (4-0). Justo después, entre Dava Torres y Bruno Saavedra dibujaron la manita, en un potente remate del compostelano tras una asistencia cargada de quilates del capitán. El éxtasis era absoluto. Y todavía faltaba César para poner la guinda. El coruñés recogió el rechace tras una gran acción de Bruno y rubricó el sexto para estrenar su casillero particular en el presente play off (6-0). Set y partido antes del descanso.
Toni Pérez celebra un gol entre jugadores del Igualada. / CARLOS PARDELLAS
Disfrute y fin de fiesta
El Igualada quiso romper la dinámica nada más salir del vestuario, en una rápida llegada de Biel Llanes que salvó con seguridad un Blai Roca prácticamente inédito hasta el momento. Tan frío estaba que, a la siguiente, no fue capaz de sacar una acción embarullada del propio Llanes (6-1). Al combinado arlequinado le brillaron los ojos por un momento, pero el Liceo se encargó de pinchar la burbuja rápidamente. Carballeira elaboró y Xaus remató, a bocajarro y sin paliativos, para sumarse a la fiesta goleadora con el 7-1.
Ante la necesidad de vértigo del cuadro catalán, el Liceo asumió el control. En una fórmula que ya le había servido en las semifinales de la Copa del Rey para tumbar a los hombres de Marc Muntané, hizo grande la pista y largas las posesiones para cansar a sus rivales. Dava Torres, en una gran jugada individual hizo honor a su dorsal y firmó el octavo tanto liceísta (8-1) mientras Riazor se desfondaba haciendo la ola. El sobreesfuerzo y el peso psicológico del marcador borró del mapa a un Igualada que, no obstante, lo intentó todo con las fuerzas que le quedaban. Roger Bars erró una directa, Àlex Cardil estrelló un remate en el larguero y Llanes, de nuevo, encontró el hueco bajo el cuerpo de Roca para terminar de maquillar el marcador (8-2). El partido, sin más historia, murió entre vítores, aplausos y euforia de una ciudad entregada a los once gladiadores de Juan Copa. Después del Deportivo y el Leyma, A Coruña sueña con cerrar junio engalanada en verde y blanco.








