La mujer que acusa a un ginecólogo del Virgen de la Arrixaca de haberla agredido sexualmente relató a sus compañeras de trabajo y a su jefe el ataque sufrido a manos del médico al poco de ocurrir el mismo. Así lo han relatado estas personas en su declaración, informan fuentes cercanas al caso.
La perjudicada trabaja en el hospital de El Palmar, pero no es sanitaria, sino empleada de una firma externa. Este diario conoce la labor que desempeña la afectada, pero la omite para evitar que pueda identificarse a la víctima.
A la hora de testificar, tanto las compañeras como el encargado de la mujer admitieron que tuvieron conocimiento de la agresión sexual al poco de ocurrir. De hecho, una de estas personas explicó, en calidad de testigo, que creyó lo que contaba su colega, debido a que su actitud para con el facultativo, con quien hasta entonces mantenía una relación afable, cambió radicalmente desde entonces y se enfrió.
Pese a haber sido informados de la agresión sexual, ninguno de estos empleados de la empresa externa dieron la voz de alarma. La razón: la víctima les comunicó entonces que no tenía intención de ir a la Policía ni de abrir el protocolo de agresión sexual en el centro. Su decisión fue callarse lo que le había pasado, les dijo. Según explican fuentes judiciales, no es extraño que víctimas de violencia sexual tarden meses, incluso años, en denunciar los hechos.
El episodio que refiere la mujer habría tenido lugar a finales de marzo de 2025. El facultativo bajo sospecha (el cual llegó a ser detenido, compareció en el Juzgado de Guardia y se encuentra en libertad y ejerciendo, mientras continúa la investigación judicial) es un sexagenario con décadas de experiencia a sus espaldas que no contaba con antecedentes penales hasta este momento. La mujer, el día del episodio, solicitó al doctor que le realizase una prueba a modo de favor, sin tener cita: una citología.
Sin pruebas físicas
Cuando se encontraban a solas, siempre según la denuncia de la afectada, este doctor comenzó el examen, pero se sobrepasó: sometió a la paciente, mientras esta se hallaba tumbada para que le hiciese la prueba, a tocamientos de carácter sexual contra su voluntad en sus partes íntimas, y también se abalanzó sobre ella y la besó, según diría luego la afectada, que afirmó que logró escapar.
Al haber acontecido los hechos hace más de un año, no es posible que un profesional forense realice un examen a la víctima en busca de muestras que puedan sostener su relato. No obstante, fuentes judiciales apuntaron que el testimonio de la mujer no incurre en contradicciones e insistieron en que la instrucción, que se presupone larga, ha de continuar.














