El Mar Muerto es un lago atravesado por el río Jordán y que se halla 435 metros por debajo del nivel del mar, en una profunda depresión situada entre Israel, Palestina y Jordania. Con una superficie de 605 kilómetros cuadrados (casi como la isla de Ibiza), presenta la particularidad de contener aguas con una elevadísima salinidad. Su principal atractivo turístico, aparte de las referencias bíblicas, consiste en bañarse en estas aguas para demostrar que es posible flotar sin hundirse debido a su alta concentración en sal. Pero un grave problema ecológico amenaza su existencia: sus aguas están bajando a razón de un metro cada año y las tierras de sus orillas se están hundiendo unos 15 centímetros al año. ¿Qué está pasando en el mar Muerto?
Como ha sucedido con otros lagos de la Tierra, como el Mar de Aral, la mano del hombre vuelve a tener la culpa de este desastre ecológico. Cuando se desvían las aguas del río que nutre estos lagos, las consecuencias no tardan en notarse. El cada vez mayor número de industrias, de núcleos urbanos y de cultivos en esta región de Oriente Medio ha llevado a los responsables políticos a desviar aguas del río Jordán para dedicarlas a estos usos. De hecho, se calcula que alrededor del 90% de sus aguas ya no llegan al Mar Muerto.
La industria química y el bombeo de agua
La industria química tiene instaladas enormes fosas de evaporación que extraen grandes cantidades de potasa y bromo. Para ello, las fábricas bombean agua de esta cuenca hacia terrenos aledaños para favorecer su evaporación y obtener así estos elementos, que son vitales para la producción de fertilizantes.
La elevadísima salinidad del lago permite flotar sin esfuerzo / Agencias
En estas condiciones, no es de extrañar esta fuerte bajada de su nivel, que lo condenan en el plazo de muy pocos años, para convertirse, literalmente, en un “mar muerto”.
Conscientes de la gravedad de la situación, las autoridades idearon años atrás la construcción de un acueducto para llevar aguas del Mar Rojo hasta el Mar Muerto y recuperar así sus reservas. Sin embargo, transportar semejantes volúmenes de agua a través del desierto pronto se reveló un desafío de proporciones descomunales.
El elevado coste en energía, excavaciones y logística en un medio bastante hostil y adverso era el principal obstáculo. Hay que tener en cuenta que el caudal debía ascender primero hasta una determinada cota del valle del Rift, lo que requería grandes estaciones impulsoras, y acto seguido, dejarla caer hasta el mar Muerto por gravedad.
El problema de mezclar aguas diferentes
Sin embargo, no fue solo este problema el que archivó el proyecto en un cajón. El hecho de que el Mar Rojo y el Mar Muerto tengan composiciones químicas propias y diferentes provocaría, según comprobaron los científicos, una reacción totalmente desastrosa en este lago. Y es que, si se mezclaran las aguas ricas en sulfatos del Mar Rojo con el lecho calcáreo y salado del Mar Muerto, se produciría una precipitación masiva de yeso en este último lugar, dando a sus aguas una turbidez permanente e incluso una costra blanca sobre su superficie.
El terreno se hunde
Al margen de este panorama, que demuestra la difícil solución a la progresiva desaparición del lago, hay otro efecto de la transformación que sufre el Mar Muerto: el hundimiento de terrenos a lo largo de sus costas. Es un fenómeno de subsidencia que, en este caso, se produce por el hecho de quedar al descubierto (por el retroceso del agua) antiguas capas de sal que antes permanecían bajo tierra. Pero estas capas saladas son disueltas por el agua dulce que fluye desde las montañas cercanas, formando gigantescos hoyos de forma totalmente repentina. Estas depresiones, en forma de cráter, pueden llegar a tener decenas de metros de profundidad y son motivo de preocupación.

Hundimiento del terreno en la zona del Mar Muerto / Agencias
No en vano, algunos de estos hundimientos han afectado a cultivos, infraestructuras y complejos turísticos en las costas de Israel y Jordania.
En definitiva, el Mar Muerto constituye toda una lección de lo que sucede cuando se altera artificialmente el equilibrio milenario de un mecanismo natural. Cuando se cambia o modifica una de las piezas de la cadena, todos los demás eslabones acaban acusando el efecto. En estas condiciones, los científicos señalan que la única forma viable de restablecer parte del desaguisado pasa por restituir el caudal del río Jordán, de manera que vuelva a aportar el agua necesaria al Mar Muerto.














