Como el fútbol tiene la memoria muy corta, también en materia electoral, conviene recordar los parámetros institucionales y políticos en los que se movía el Real Madrid hace apenas 27 días, el 12 de mayo. Florentino Pérez era su todopoderoso presidente, con dos años y medio de mandato por delante, y sin oposición interna real, por mucho que el ahora reelegido mandatario viera fantasmas en una alianza de «malos» en su contra que agrupaba a medios de comunicación, empresas eléctricas y algún antiguo colaborador.
Enrique Riquelme no era nadie para el ciudadano de a pie, fuera de los círculos empresariales y financieros. Un nombre, un rostro y un currículum completamente desconocidos en la calle. Cuando Florentino le desafió –siempre sin citarle– a plantarle cara en aquella rueda de prensa para el olvido, contaba con que el joven empresario no se atrevería a responder al órdago. Era el gran león rugiendo en el rostro al sigiloso gatito para intimidarle, solo eso. Pero el dueño del Grupo Cox, tras muchas dudas, aceptó el reto.
Una victoria cantada
Ni Riquelme pensaba que podía ganar ni, sobre todo, Florentino creía que pudiese perder. Era casi imposible que la soberbia del reelegido presidente encontrara castigo real, pues todo jugaba a su favor: lo sorpresivo del adelanto electoral, las descomunales exigencias del aval económico, las apenas tres semanas de campaña electoral, el perfil anónimo del oponente y el férreo control de los recursos del club, desde las leyendas a sueldo del Real Madrid hasta la televisión y la página web oficiales.
Florentino ha ganado las elecciones, por descontado, y con la victoria ha ganado un año y medio más de mandato, hasta junio de 2030. Esa es la única diferencia a su favor con respecto a la situación de hace apenas 27 días. A cambio, ha perdido mucho, no solo el sobrecoste que le generará a las arcas del club contratar ahora a José Mourinho en lugar de hacerlo hace un mes.
Fin a 22 años sin rival
La última vez que Florentino tuvo una oposición organizada, con cara y ojos, fue en 2004. Lorenzo Sanz trató entonces de recuperar la presidencia de la que había sido expulsado cuatro años antes y solo persuadió al 3,94% de los votos. Una humillación en toda regla. Aquellas eran, hasta ayer, las últimas elecciones en las que había participado Florentino. Desde su regreso sin oposición en 2009, nadie se había atrevido a toserle en público, más allá de algunas oportunas algaradas del defenestrado Ramón Calderón. Y así iba a seguir siendo hasta que tuvo la ocurrencia de convocar elecciones.
Florentino Pérez, durante las votaciones. / AFP7 vía Europa Press
Los votos obtenidos ayer legitiman a Riquelme como un líder de opinión dentro del madridismo y como un aspirante con peso y trayectoria para ser presidente el día de mañana, el verdadero objetivo que le llevó a presentarse a estos comicios. Su acertada campaña, más allá de su desliz con Klopp y de la nebulosa en torno a Haaland, le ha convertido en una persona confiable para un porcentaje muy significativo de socios del Real Madrid. Ya no es un desconocido.
A nadie se le escapa que el objetivo real de Riquelme era ese, sembrar ahora para recoger el fruto en próximas elecciones. La voluntad firme de Florentino de vender a inversores externos un porcentaje del negocio del club le brinda una bandera clara con la que hacer oposición y sumar voluntades a su causa futura. Ahora es, con toda la legitimidad, el líder de la oposición a Florentino, un cargo vacante durante más de dos décadas. «Hemos parado la venta del club», revindicó anoche, como aperitivo de lo que viene, como aviso de que esto no ha acabado aquí para él.
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