¿Qué valoración hace de esta nueva edición de la Conferencia Atlántica de Medio Ambiente?
Esta nueva edición, y van veintitres, ha supuesto un paso adelante tanto por la calidad de los contenidos como por el nivel de los ponentes participantes. Se ha consolidado como un espacio de referencia para el análisis y el debate de los principales desafíos ambientales que afectan a Canarias y, especialmente, a Fuerteventura. Lo más valioso es que no se ha limitado a una reflexión teórica, sino que ha servido para conectar el conocimiento científico con la gestión pública y con la realidad cotidiana de los ciudadanos. En un territorio insular especialmente vulnerable a los efectos del cambio climático, disponer de un foro de estas características es una necesidad estratégica para anticiparnos a los problemas y diseñar respuestas eficaces.
¿A qué conclusiones se ha llegado?
Las conclusiones principales apuntan a la necesidad de actuar con mayor rapidez y coordinación ante los retos ambientales que afrontamos. Existe un amplio consenso en que la protección de la biodiversidad, la adaptación al cambio climático, la gestión eficiente de los recursos y la mejora de la comunicación ambiental deben abordarse de forma holística e integrada. También se puso de manifiesto que las islas tienen límites físicos y ecológicos que deben ser tenidos en cuenta en cualquier modelo de desarrollo. Asimismo, se destacó la importancia de la planificación territorial, de la economía circular y de las soluciones basadas en la naturaleza como herramientas esenciales para reforzar la resiliencia de Fuerteventura frente a los cambios que ya estamos experimentando. Es una necesidad imperiosa que los procedimientos administrativos sean más ágiles y eficientes para tener una capacidad de respuesta más eficaz frente al cambio climático.
¿El catedrático Antonio Fernández rememoró la tragedia de las maniobras navales en 2002. ¿La moratoria antisonar puso a Fuerteventura como referente mundial?
Sin duda, aquella movilización social y científica marcó un antes y un después. La denominada moratoria antiradar demostró que una sociedad puede defender su patrimonio natural, paisajístico y cultural cuando existe una conciencia colectiva suficientemente sólida. Fuerteventura logró proyectar al mundo un mensaje muy claro: el desarrollo y la seguridad no pueden plantearse al margen de la sostenibilidad y del respeto al territorio. Aquella experiencia convirtió a la isla en un referente internacional de participación ciudadana y defensa ambiental, demostrando que la unión entre conocimiento científico, compromiso institucional y movilización social puede influir de forma decisiva en la toma de decisiones. Hoy sigue siendo un ejemplo de cómo una comunidad puede proteger aquello que considera esencial para su futuro.
Ante la presión demográfica, el equilibrio pasa por ordenar mejor el crecimiento
Marisa Tejedor alertó que casi el 100% del territorio majorero sufre el fenómeno de la desertificación. ¿Qué medidas se pueden aplicar para frenar esta situación?
La desertificación constituye uno de los mayores desafíos ambientales de Fuerteventura y requiere una respuesta integral y sostenida en el tiempo. En primer lugar, es fundamental proteger y restaurar los suelos, evitando procesos de erosión y pérdida de cubierta vegetal. También resulta necesario impulsar programas de revegetación con especies autóctonas adaptadas a las condiciones climáticas de la isla, así como recuperar prácticas tradicionales de gestión del territorio, comoa lasgavias, que históricamente contribuyeron a conservar el suelo y el agua. Por otra parte, debemos mejorar la eficiencia en el uso de los recursos hídricos, fomentar la reutilización de aguas regeneradas y desarrollar estrategias de adaptación al cambio climático que tengan en cuenta las particularidades de los ecosistemas áridos. La ordenación territorial también juega un papel decisivo, evitando una ocupación excesiva del suelo y compatibilizando las actividades económicas con la conservación de los recursos naturales. La lucha contra la desertificación no puede abordarse desde una única medida; requiere planificación, inversión, conocimiento científico y una implicación activa de toda la sociedad. Sólo así podremos preservar el territorio majorero para las generaciones futuras.
¿A qué grandes retos se enfrenta Fuerteventura para conservar y proteger su biodiversidad ?
Fuerteventura tiene una biodiversidad muy singular, pero también muy frágil. Los principales retos son la presión sobre el territorio, la pérdida de hábitats, la desertificación, el cambio climático, las especies invasoras y la necesidad de compatibilizar desarrollo económico con conservación. La isla no puede permitirse seguir tratando su naturaleza como un recurso ilimitado.
El territorio majorero ha sido tradicionalmente ultrajado. ¿Ha faltado la cultura de la planificación?
Sí, durante demasiado tiempo ha faltado una verdadera cultura de planificación territorial. Muchas decisiones se han tomado mirando al corto plazo, sin valorar suficientemente el impacto acumulado sobre el paisaje, el suelo, la biodiversidad o la identidad de la isla. Planificar no es frenar el desarrollo; es hacerlo compatible con el futuro.
¿La presión demográfica es uno de los motivos del deterioro del territorio. ¿Cómo se puede buscar un equilibrio?
El equilibrio pasa por ordenar mejor el crecimiento. No se trata de culpar a la población, sino de gestionar con rigor los límites de la isla: vivienda, agua, energía, residuos, movilidad y suelo disponible. Fuerteventura necesita crecer con planificación, no por inercia. La calidad de vida también depende de conservar el territorio.
Hay que reflexionar sobre la capacidad de carga porque la isla tiene limites físicos y ecológicos
¿Cree necesario establecer una capacidad de carga en la isla para salvaguardar el territorio majorero?
Sí, creo que es un debate imprescindible. Una isla tiene límites físicos y ecológicos claros. Hablar de capacidad de carga no significa cerrar la isla, sino saber hasta dónde puede soportar determinadas presiones sin perder sus valores naturales, paisajísticos y sociales. Sin ese debate, corremos el riesgo de actuar siempre tarde.
¿Y qué me dice del descontrol de las renovables que ha generado una ocupación preocupante del suelo?
Las energías renovables son necesarias, pero no pueden implantarse de cualquier manera. La transición energética debe ser ordenada, planificada, respetuosa y en armonía con el territorio. Si las renovables acaban reproduciendo el mismo modelo de ocupación descontrolada del suelo, estaremos resolviendo un problema y creando otro. Fuerteventura necesita energía limpia, sí, pero también paisaje, biodiversidad y coherencia territorial.
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