Basta con ver un automóvil amarillo entre el tráfico para pensar inmediatamente en un taxi. Si además combina ese color con una carrocería negra, la identificación resulta todavía más rápida. Sin embargo, los taxis no comenzaron a utilizar el negro y el amarillo por una única decisión ni por una norma aplicada en todo el mundo. La imagen que hoy asociamos al sector mezcla historias diferentes: el éxito empresarial de los taxis amarillos estadounidenses, la fabricación en serie de los vehículos negros de Londres y las regulaciones adoptadas por ciudades como Barcelona.
El amarillo nació como una forma de destacar entre el tráfico
A comienzos del siglo XX, cuando el automóvil todavía estaba transformando las calles, las compañías de taxis necesitaban distinguir sus vehículos de los coches particulares y de las flotas rivales. Los colores funcionaban como una marca comercial visible desde lejos. En Nueva York llegaron a circular taxis rojos, verdes, marrones, blancos, anaranjados e incluso de tonos poco habituales, pues cada empresa buscaba una apariencia reconocible. El amarillo acabó imponiéndose en el imaginario colectivo gracias, sobre todo, a varias compañías estadounidenses que hicieron de ese color su seña de identidad.
Un taxi de Nueva York. / INFORMACIÓN
Una de las figuras fundamentales fue John D. Hertz, empresario relacionado posteriormente con la conocida compañía de alquiler de coches. Hertz impulsó en Chicago la Yellow Cab Company, cuya flota amarilla comenzó a ganar presencia durante la década de 1910. La empresa creció, fabricó vehículos concebidos específicamente para trabajar como taxis y extendió su modelo a otras ciudades estadounidenses. El éxito de la compañía convirtió el amarillo en algo más que un color corporativo: pasó a ser una referencia internacional del transporte urbano.
La famosa teoría sobre la visibilidad no está demostrada
La explicación más repetida asegura que Hertz eligió el amarillo después de encargar un estudio a una universidad de Chicago. Supuestamente, la investigación habría determinado que un amarillo ligeramente anaranjado era el color más fácil de distinguir a distancia. La historia parece lógica y ha aparecido durante décadas en relatos empresariales y artículos sobre el origen del taxi, pero presenta un problema importante: no se ha localizado el estudio original que demostraría esa versión.
El amarillo sí ofrece una gran capacidad de contraste y resulta llamativo entre otros vehículos, pero no está demostrado que la decisión de Hertz procediera realmente de aquella investigación universitaria. También existieron taxis amarillos antes de la expansión de su empresa. El mérito de Hertz no habría sido inventar el color, sino popularizarlo a gran escala y asociarlo definitivamente al negocio del taxi.
Nueva York convirtió el color en una identificación oficial
Nueva York fue decisiva para consolidar la imagen del taxi amarillo. Durante buena parte del siglo XX, sus calles todavía acogían vehículos de diferentes colores. La situación cambió a finales de los años sesenta, cuando las autoridades decidieron que los taxis autorizados para recoger pasajeros directamente en la vía pública debían ser fácilmente reconocibles.

Taxis en Nueva York. / INFORMACIÓN
La regulación estableció el amarillo para los taxis con licencia o «medallion taxis», mientras que los vehículos de alquiler que funcionaban mediante reserva previa debían utilizar otros colores. La medida entró en vigor en 1969 y pretendía que los pasajeros pudieran distinguir rápidamente los coches regulados de los servicios privados. Desde entonces, el taxi amarillo se convirtió en uno de los grandes símbolos visuales de Nueva York, reforzado después por el cine, la televisión, la publicidad y las fotografías de Manhattan.
Los taxis negros de Londres tienen un origen diferente
El negro procede de otra historia. Los célebres «black cabs» londinenses no fueron pintados así porque una ley obligara a utilizar ese color. Antes de la Segunda Guerra Mundial podían encontrarse taxis de distintas tonalidades en Londres. Después del conflicto, los modelos destinados al servicio urbano comenzaron a venderse habitualmente en negro, que era su acabado estándar.
La uniformidad de los vehículos y la popularidad de modelos como los fabricados por Austin hicieron que el negro se identificara cada vez más con el taxi londinense. El nombre «black cab» terminó extendiéndose para diferenciar estos automóviles autorizados, que podían recoger pasajeros en la calle, de los vehículos privados conocidos como «minicabs».

Taxis londinenses en el aeropuerto de Heathrow. / INFORMACIÓN
Pese a su fama, Londres nunca ha exigido de forma general que todos sus taxis sean negros, y también han circulado unidades de otros colores o cubiertas por publicidad.
Barcelona unió el negro y el amarillo en un solo vehículo
En España, el ejemplo más reconocible de esta combinación se encuentra en Barcelona. Los primeros 21 automóviles recibieron licencia para trabajar como taxis en la ciudad en 1910 y, una década después, ya circulaban alrededor de un millar. En 1928 se incorporó la luz verde para indicar que el vehículo estaba libre y en 1931 se estableció el negro y el amarillo como distintivo del servicio.
La carrocería negra con las puertas amarillas se convirtió así en una auténtica identidad urbana. Es frecuente encontrar explicaciones que relacionan los colores con antiguas tarifas, categorías profesionales o decisiones concretas de las asociaciones del sector. Sin embargo, no todas esas versiones están respaldadas por documentación histórica accesible. Lo comprobado es que el Ayuntamiento terminó normalizando la combinación durante los años treinta; atribuirla con seguridad a una única tarifa o anécdota requeriría pruebas más sólidas.
Visualmente, el diseño funciona por su fuerte contraste: el negro forma una base sobria y el amarillo destaca en las puertas, justo en la zona que el peatón observa al acercarse. Esta explicación resulta razonable desde el punto de vista gráfico, aunque debe entenderse como una interpretación de su eficacia visual y no necesariamente como el motivo histórico exacto por el que se aprobó.
Mucho más que una cuestión estética
Los colores de un taxi cumplían varias funciones al mismo tiempo. Permitían encontrarlo rápidamente en una calle congestionada, diferenciaban a los vehículos autorizados de los particulares, identificaban a una empresa y ayudaban a las autoridades a controlar el servicio. Antes de las aplicaciones móviles y de los sistemas de geolocalización, la carrocería era el principal elemento de identificación pública.
Por eso cada ciudad desarrolló su propio lenguaje visual. Algunas adoptaron el amarillo completo; otras, el negro; y muchas utilizaron vehículos blancos con franjas, puertas o escudos de un color determinado. No hubo una regla universal, sino distintas decisiones comerciales y municipales que terminaron creando iconos locales.
El negro y el amarillo han sobrevivido en la cultura popular porque resumen dos de las tradiciones más influyentes de la historia del taxi. El amarillo representa la visibilidad, la competencia entre compañías y la regulación estadounidense; el negro recuerda la fabricación estandarizada y la silueta clásica de Londres. Barcelona reunió ambos colores y creó una de las combinaciones más reconocibles de Europa. Más que una simple elección estética, la pintura del taxi era una forma temprana de señalización urbana: un código destinado a ser comprendido en apenas unos segundos.












