Madrid ha entrada esta semana en la fase decisiva de los preparativos para la visita del Papa, con Cibeles y la plaza de Lima convertidas ya dos hervideros de un ajetreo sin fin. En ambos enclaves avanzan contrarreloj los montajes de escenarios, torres de iluminación, vídeo y sonido, aseos y zonas técnicas, que desde finales de mayo han ido ganando calzada y obligando cortar carriles en la Castellana, Recoletos, Prado, y Alcalá.
En el entorno de Cibeles, la organización ha presentado este miércoles los detalles de un despliegue que Mariano Rodríguez, coordinador de producción de los actos de Cibeles, Lima y Bernabéu, resume con una imagen rotunda: “Esto es un portaviones”.
La comparación no parece exagerada. Según Rodríguez, cerca de 3.000 personas trabajan estos días en el conjunto de los escenarios, entre el equipo de producción, subcontratas, empresas auxiliares, servicios y proveedores técnicos. Todo para levantar en apenas unos meses un dispositivo que, por dimensiones, considera “el despliegue técnico más grande que ha visto esta ciudad en mucho tiempo”, especialmente en la calle.
El epicentro será Cibeles, donde se celebrará la misa. Allí, el escenario ocupará casi 600 metros cuadrados y el presbiterio acogerá a unas 200 personas entre celebrantes y acompañantes. Alrededor se situará un primer anillo con autoridades, sacerdotes y concelebrantes, con capacidad para unas 5.000 personas.
A partir de ahí, la «huella del acto» se desplegará en forma de cruz por algunos de los ejes más simbólicos de Madrid: hacia el norte hasta Colón, hacia el sur hasta Neptuno, hacia el cruce de Gran Vía con Alcalá y hacia la Puerta de Alcalá. Esa zona está preparada, según la organización, para acoger a casi un millón de personas.
Para que quienes queden lejos del altar puedan seguir la celebración, Cibeles contará con 42 pantallas distribuidas por todo ese perímetro. La idea, explica Rodríguez, es que nadie que acuda a acompañar al Papa se quede sin verlo ni escucharlo, aunque no pueda situarse cerca del escenario. Cada 75 o 100 metros, en función de la configuración de cada calle, habrá una pantalla acompañada de su torre de sonido.
El dispositivo de Lima, donde tendrá lugar el encuentro con jóvenes y la adoración al Santísimo, tendrá una configuración distinta, más lineal. La huella se extenderá prácticamente hasta la plaza de San Juan de la Cruz y estará preparada para unas 600.000 personas. Allí se instalarán otras 30 pantallas, con el objetivo de reforzar una imagen de unidad entre el altar, el Papa y los asistentes.
En total, entre los distintos recorridos y zonas de público habrá casi 1.300 altavoces repartidos por el dispositivo. A ello se suman más de 90 fuentes de agua, camiones de abastecimiento, 1.300 baños portátiles, puestos de voluntarios, instalaciones sanitarias y hospitales de campaña del Samur.
El otro desafío ha sido el calendario. La visita se confirmó con un margen muy inferior al de otros grandes eventos religiosos. Rodríguez recordó que para la JMJ hubo dos años de preparación, mientras que en este caso se ha trabajado “tres o cuatro meses apenas”. Aun así, destacó el apoyo del Ayuntamiento, la Comunidad de Madrid, Presidencia del Gobierno y el resto de instituciones implicadas para coordinar los criterios de seguridad y movilidad.
También está prevista, aunque pendiente de confirmación final por motivos de seguridad, la posibilidad de que el Papa recorra en papamóvil parte de la huella de público en los dos grandes actos. Para ello se ha reservado un carril central que atraviesa los sectores, de forma que, si finalmente se autoriza, el Pontífice pueda pasar “por prácticamente todos” ellos.
“El reto es darle a todo el que viene la posibilidad de estar con el Papa”, resumió Rodríguez. No se trata, añadió, solo de verlo de cerca, porque “cerca caben los que caben”, sino de que todos puedan escucharlo, seguirlo en pantalla, tener agua, baños, asistencia y un espacio ordenado desde el que formar parte de una cita que ya transforma el centro de Madrid antes incluso de empezar.









