Amy Wallace, periodista de investigación con trabajos en ‘The New Yorker’, ‘Vanity Fair’ y ‘Los Angeles Times’, pasó cuatro años escuchando a Virginia Roberts Giuffre, revisando documentos legales, registros de vuelo y declaraciones juradas para dar forma a ‘La chica de nadie’ (Planeta), las devastadoras memorias de la principal denunciante de Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell. El libro no arranca con los vuelos privados ni en la mansión de Palm Beach, sino mucho antes, en una infancia atravesada por abusos, miedo y abandono (su propio padre, un amigo de este al que, según relata, fue entregada, un centro de internamiento donde la humillación era el método y un depredador que la captó en una limusina cuando tenía 15 años…): «Eso es lo que le pasa a una niña cuando se convierte en una presa», relata Giuffre. En esta entrevista, Wallace explica por qué estas memorias no quieren ser una lista de nombres, sino algo más incómodo: el relato de cómo los depredadores detectan una herida y el poder la convierte en jaula.
-Cuando Virginia no hablaba de Epstein, ni de los tribunales, ni del trauma, ¿cómo era?
-Era muy divertida, muy cariñosa y generosa. Siempre quería hacer regalos. Cuando fui a vivir con su familia en Australia, salimos a una tienda de segunda mano y me compró un anillo por 50 céntimos. He intentado llevarlo en todas mis entrevistas [me lo enseña a través de la pantalla, es plateado, en forma de rosa]. Le encantaban los animales, y tuvo de todo tipo a lo largo de su vida. Virginia era muy fácil de querer.
-¿Cuál fue el momento más difícil durante la escritura del libro?
-Verla llorar por lo que me estaba contando. Escribir era mi trabajo, investigar era mi trabajo, pero escucharla revivir todo eso fue muy difícil. Había momentos en los que lo único que podía hacer era estar ahí, junto a ella.
«El príncipe Andrés, Maxwell y yo en la casa de Maxwell de Londres, en marzo de 2001. Le pedí a Epstein que sacara la foto con mi cámara de usar y tirar. Horas después me obligaron a mantener relaciones sexuales con el príncipe». / VIRGINIA ROBERTS GIUFFRE
«Escribir era mi trabajo, investigar era mi trabajo, pero escucharla revivir todo eso fue muy difícil»
-Durante esos cuatro años, ¿ella temió por su vida?
-Sí, desde luego. La primera vez que nos vimos en persona fue en París, en 2021. Ella iba a declarar contra Jean-Luc Brunel, uno de los asociados de Epstein. Cuando llegamos, cambió de hotel porque no creía que el que había reservado fuera seguro. Siempre intentaba alojarse en lugares con medidas de seguridad. Tenía motivos para preocuparse por su vida. Me habló más de una vez de amenazas, de su casa destrozada, de mensajes que venían a decirle que, si no paraba, le harían daño.
-¿Por qué cree que siguió adelante, incluso con miedo?
-No puedo responder con certeza por ella, pero sí puedo decir que Virginia y yo hablamos de suicidio. Era algo que estaba siempre ahí como una posibilidad. Había sido muy valiente contando su vida, pero los recuerdos no desaparecían. También estaba agotada por la gente que la acusaba, por los hombres que la atacaban, por todo lo que tenía en la cabeza. Y en sus últimos meses sufría mucho por la separación de sus hijos. La última vez que hablé con ella, eso era lo que más le preocupaba.

!Yo con seis años en la orla del colegio. Fue la época en que me regalaron mi primer caballo, Alice. Vivía en Loxahatchee, Florida, y era muy feliz». / VIRGINIA ROBERTS GIUFFRE
«Virginia y yo hablamos de suicidio. Era algo que estaba siempre ahí como una posibilidad»
-¿Hubo nombres o episodios que quiso incluir y que finalmente quedaron fuera?
-Yo no decidí nada; Virginia lo decidió todo. El libro estaba terminado antes de que muriera. Cuando lo lean verán que hay hombres descritos sin nombre, como ‘billionaire número 1’, ‘billionaire número 2’ o ‘prime minister’. Ella explica muy bien por qué no aparecen algunos nombres. Primero, por miedo a su vida y a la de los suyos. Y también porque algunos hombres ricos y poderosos podían decirle: ‘si sigues hablando de mí, te arrastraré por los tribunales el resto de tu vida’. Y si tienes suficiente dinero, puedes hacerlo. Finalmente, entendimos que el libro no era una lista de nombres. Era la experiencia de una superviviente.
-¿Dónde están las grabaciones, documentos y archivos del libro? ¿Teme usted por su propia seguridad?
-Cuando el libro salió [en inglés] en octubre, hice muchas entrevistas en EEUU y Reino Unido, y empecé a preocuparme por que alguien entrara en mi casa buscando pruebas. Tengo grabaciones de Virginia hablando conmigo y nombrando a hombres, pero no están en mi casa. Están en un lugar seguro. En cuanto a mi seguridad física, intento tener cuidado. Virginia vivía con ese estrés: mirar alrededor, cerrar puertas, no estar sola en ciertos lugares.

«Yo de adolescente, cuando conocí a Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell». / VIRGINIA ROBERTS GIUFFRE
Sobre el expríncipe Andrés, es increíble lo que ha pasado. Ha ocurrido por Virginia, por su búsqueda incansable de justicia a un enorme coste personal»
-¿Qué queda por investigar de la red Epstein-Maxwell?
-Muchísimo. No sabemos cuántas supervivientes han hablado con el FBI, y no se han publicado todos los archivos de Epstein. Hay mujeres que no han salido a la luz porque siguen viviendo sus vidas. Para mí quedan dos grandes cuestiones. La primera es lo que se hizo a las mujeres. La segunda es el dinero. Nada de esto ocurrió sin dinero. La forma en que Epstein entró en Harvard, en el MIT, en el mundo político, fue con dinero. ¿De dónde venía? ¿Quién lo sostuvo directa o indirectamente? No sabemos todas esas respuestas.
-¿Qué cree que habría sentido Virginia al ver la desclasificación de millones de archivos y la caída pública del expríncipe Andrés?
-Intento no hablar por ella, pero sí puedo decir que quería que los archivos se publicaran. Creo que estaría decepcionada por cómo se ha intentado no publicarlos y horrorizada por algunas redacciones: se han protegido nombres de perpetradores que no debían protegerse y, en cambio, no se ha protegido lo suficiente a las víctimas. Sobre el expríncipe Andrés, es increíble lo que ha pasado. Que su propia familia se haya distanciado y haya dicho que está con las víctimas es algo muy significativo. Eso ocurre por Virginia, por su búsqueda incansable de justicia a un enorme coste personal.

«Yo de turismo por Nueva York, durante los años en los que viví sometida al control de Epstein y Maxwell. Quise documentar mis viajes porque no sabía cuándo terminarían. Epstein hizo la foto con mi cámara». / VIRGINIA ROBERTS GIUFFRE
» Virginia no tenía dinero, no tenía privilegios, no terminó la escuela. Un día decidió que quería hacer del mundo un lugar mejor. Y lo hizo»
-¿Hay hombres que pueden dormir tranquilos porque Virginia ya no puede declarar, pero deberían temer sus grabaciones?
-Por supuesto, su muerte ha hecho algunas cosas más fáciles para ellos. Es difícil procesar a alguien basándose en declaraciones de hace años si la víctima ya no puede comparecer y decir otra vez: ‘esto fue lo que me hiciste’. No sé si las grabaciones bastarían para condenar a nadie. Además, no son mías. Pertenecen al patrimonio de Virginia. Yo las custodio, pero no son de mi propiedad.
-Si Virginia pudiera cerrar hoy esta historia con una última frase, ¿cuál sería?
-Las últimas palabras de su libro son que, si este relato ayuda a una sola persona, habrá cumplido su misión. Eso era lo más importante para ella. Yo he escuchado a víctimas de abusos sexuales decir: ‘gracias por este libro, nos sentimos vistas, nos sentimos respetadas’. Espero que la gente no subestime nunca el poder de una sola voz. Virginia no tenía dinero, no tenía privilegios, no terminó la escuela. Un día decidió que quería hacer del mundo un lugar mejor. Y lo hizo.

‘La chica de nadie’
Autoras: Virginia Roberts Giuffre y Amy Wallace
Editorial: Planeta
Páginas: 456
Precio: 21,90€
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