Francisco es conductor de autobús, pero desde hace años sufre problemas cervicales, lumbares y en las manos que afectan a su capacidad para conducir. Es por eso que ha luchado sin descanso para que le reconozcan la incapacidad, pero no lo ha conseguido.
El ICAM de Barcelona ha considerado que debe seguir trabajando al volante, algo que preocupa especialmente a Francisco. Este debe tomar medicación muy fuerte que puede afectarle a la conducción, llegando a dejarle adormecido o alterando su percepción.
«Tomo diazepam, antidepresivos, opiáceos… en conjunto son una bomba», afirma Francisco, «no me veo apto para conducir y, si tuviese un accidente con fallecidos o heridos, sería una gran carga para mí».
El mayor miedo de Francisco no es poner en peligro su vida, sino la de sus pasajeros o la de otros conductores. Algo que, según denuncia, el ICAM no ha tenido en cuenta en su evaluación.
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