España acaba de superar el primer gran estallido de calor del año que, según corroboran los registros, se ha prolongado durante casi dos semanas, ha dejado máximas por encima de los 40ºC en varios puntos del país y ha batido decenas de récords de temperatura en toda la geografía española. La súbita irrupción del calor veraniego en plena primavera no solo ha impactado en los termómetros. El Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) calcula que las altas temperaturas de este episodio habrían causado más de 100 muertes prematuras en España, la cifra más alta recogida en un mes de mayo desde que existen registros. Entre las zonas más afectadas por este fenómeno destacan las comunidades del Cantábrico, donde la población, acostumbrada a temperaturas más suaves, de golpe se ha visto expuesta a mínimas y máximas hasta 10ºC por encima de lo habitual para la época.
El cálculo, elaborado por científicos del Instituto de Salud Carlos III, refleja una estimación estadística basada en informes diarios sobre mortalidad y temperaturas en España. Según matizan los responsables de este proyecto, no se trata de un registro real de defunciones sino de un cálculo sobre cuántas de las muertes registradas en el país pueden ser atribuibles a las altas temperaturas.
En el mes de mayo, por ejemplo, el MoMo apunta a un claro aumento de las muertes por calor a partir del día 23, coincidiendo con el inicio del episodio de calor. La curva de decesos fue ascendiendo conforme subían las temperaturas hasta alcanzar las cifras más altas entre los días 28 y 30, justo cuando el calor tocó techo y se llegaron a registrar valores extremadamente altos para la época. Los registros apuntan a que en tan solo tres días, entre jueves y sábado, el calor causó más de 40 decesos prematuros en el país.
En tan solo tres días, coincidiendo con el pico del episodio de calor, las altas temperaturas causaron más de 40 decesos en España
Los expertos reclaman reforzar las medidas de adaptación al calor para reducir los riesgos a los que se expone la población
Las estadísticas del MoMo se remontan hasta el año 2015. Desde entonces, según apuntan los datos históricos de esta base de información, lo habitual para estas fechas era registrar entre 10 y hasta 60 muertes prematuras por calor. Este año, según recoge esta herramienta, solo en mayo se registraron 101 decesos atribuibles a las altas temperaturas. Y a estos se les se suma el registro de este lunes, 1 de junio, el último día del episodio de calor. Así, el balance de este pico de calor inédito para una primavera española se eleva hasta los 111 decesos prematuros atribuibles al calor en España. Se trata de la cifra más alta alcanzada en más de una década de datos, la cual destrona incluso el hasta ahora récord absoluto de 2015, un año en el que se registraron 98 decesos tras uno de los mayos más cálidos desde que existen registros y que también dejó un episodio de calor inédito con valores por encima de los 42ºC en varios puntos del país.
Los primeros análisis de este episodio apuntan a que se han registrado temperaturas hasta 10ºC por encima de lo normal para la época y que, en muchos casos, se corresponden más con lo esperable en un mes de agosto, en plena canícula, que a finales de mayo, cuando se supone que aún es primavera. Durante este episodio, en varias localidades de Andalucía y Extremadura se superaron de largo los 40ºC. Pero según reflejan las estadísticas, el mayor número de decesos relacionados con el calor se resgistraron en Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco. Todo apunta a que en estas regiones, hasta ahora no acostumbradas al calor, la población ha sufrido especialmente la llegada de extremos por encima de los 35ºC y de noches por encima de los 20ºC.
Estrés térmico
Las muertes por calor no siempre están relacionadas con episodios bruscos como, por ejemplo, los colapsos sufridos tras un golpe de calor agudo. Estos casos, de hecho, tan solo representan una minoría de los decesos atribuibles a las altas temperaturas. «El principal impacto del estrés térmico en la salud es la sobrecarga crítica del sistema cardiovascular«, comenta la investigadora Blanca Paniello, experta del ISGlobal en salud pública y cambio climático. La explicación, afirma, tiene que ver con el estado de estrés que sufre el cuerpo durante la exposición al calor extremo.
Cuando suben las temperaturas, para disipar el exceso de calor, el organismo activa una vasodilatación periférica (desviando el flujo sanguíneo hacia la piel), aumenta el gasto cardiaco (ya que el corazón debe bombear con mayor frecuencia e intensidad para mantener la presión arterial) y pierde líquidos a través del sudor (lo que favorece la deshidratación). «Esta combinación de factores eleva el riesgo de eventos isquémicos, ictus, infartos de miocardio e insuficiencia renal aguda«, comenta.
«El principal impacto del estrés térmico en la salud es la sobrecarga crítica del sistema cardiovascular. Este fenómeno eleva el riesgo de eventos isquémicos, ictus, infartos de miocardio e insuficiencia renal aguda»
Estos fenómenos afectan especialmente a grupos de riesgo como, por ejemplo, las personas mayores ya que, según explica Paniello, son grupos de población que debido a la edad suelen tener menor capacidad de termorregulación y acostumbran a tener enfermedades preexistentes que pueden, a su vez, aumentar su riesgo de sufrir complicaciones derivadas del calor. Esto, en la práctica, significa que muchas de las muertes atribuibles al calor son decesos relacionados con condiciones de salud preexistentes que se agravan cuando las temperaturas alcanzan valores extremos y el cuerpo ya no dispone de las suficientes herramientas para mantener una temperatura normal. En los cálculos del MoMo, de hecho, la gran mayoría de las muertes por calor registradas durante el mes de mayo se atribuyen a personas de más de 65 años. Y más concretamente, a mujeres mayores. Muchas veces por encima de los 85 años.
Un reciente estudio publicado en la revista ‘Nature Health’ y también liderado por Paniello apunta a que, más allá de la edad o el género, las desigualdades sociales se han convertido en un factor clave que influye en las tasas de mortalidad atribuible a las altas temperaturas. «Factores como la pobreza energética, peores condiciones de vivienda, menor acceso a servicios sanitarios o menor información sanitaria pueden contribuir a aumentar el riesgo de muerte por calor en Europa», explica a El Periódico la investigadora, que también reclama reforzar las medidas para mitigar los impactos del calor extremo en la población. En este sentido, la especialista pide aumentar las campañas de información, reforzar las redes de refugios climáticos, aclimatar los espacios públicos, mejorar los sistemas de alerta temprana y apostar por un diseño urbanístico con más verde y más sombra para reducir así el efecto de la isla de calor urbana.
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