La Asociación Sancho Ramírez ha calificado la nueva visita a la Torre de la Catedral de Jaca como una experiencia «sensacional». Juan Carlos Moreno, miembro de la asociación, la ha descrito como un auténtico viaje en el tiempo, similar a la mítica serie de televisión ‘El túnel del tiempo‘. La intervención, que ha mantenido la torre con andamios durante casi dos años, forma parte del programa ‘Expedición a Medievo 4.0‘, apoyado por fondos Next Generation y la propia Diócesis de Jaca.
Una escalera de caracol hacia el pasado
La experiencia comienza con el ascenso por una estrecha escalera de caracol. La subida, asegurada con una soga a modo de pasamanos, conduce a los visitantes a través de un recorrido en espiral que evoca la sensación de estar viajando a otra época. «La experiencia que he tenido con lo de la torre de la catedral me ha supuesto eso, porque es entrar con esa torre en espiral, que vas dando vueltas», ha señalado.
El primer gran descubrimiento es la antigua sala del campanero, un espacio diáfano de grandes dimensiones que sorprende a los visitantes. «Desde la calle no te haces idea de lo grande que es esa sala, que ahí vivió gente», ha comentado Moreno. La estancia cuenta con una ventana que ofrece una vista inédita de la nave central de la catedral desde las alturas, además de paneles explicativos con restos arqueológicos de intervenciones pasadas.
Tecnología inmersiva y campanas centenarias
La visita continúa en una sala más pequeña donde se proyecta un espectacular audiovisual narrado por Doña Sancha. La proyección ofrece un paseo inmersivo por el interior del templo. La sensación, según Moreno, es la de sobrevolar la catedral en un dron, calificando la experiencia como «flipante».
Te dan un paseo como si fueras tú en un dron, paseando por dentro»
Tras el audiovisual, el recorrido asciende hasta el recinto de las campanas, el punto más alto de la torre. Allí se pueden contemplar de cerca las campanas históricas, como la de las ‘Agonías‘, que data del año 1300 y tiene 1,38 metros de diámetro, aunque ya no se toca. También se encuentran la de Santa Orosia (1750), la de Santa Águeda (1894) y la Petra Josefa (1885). Desde esta altura se accede al balcón del Deán, que regala unas vistas privilegiadas del tejado de la catedral, el claustro y diferentes calles de Jaca.
Una salida con sorpresa final
Una de las grandes novedades del recorrido es que la salida no se realiza por la misma escalera. Los visitantes descienden por un camino alternativo que pasa junto a la linterna de la Capilla de la Trinidad, una estructura cilíndrica que ilumina la capilla bautismal. El descenso continúa por la antigua casa de la campanera, ofreciendo una perspectiva completamente nueva del edificio.
El broche de oro es la «sorpresa final»: una sala de despedida en la planta baja que alberga las esculturas góticas que antiguamente se encontraban en la lonja grande de la catedral. Ahora, estas obras de arte están expuestas a la altura de los ojos, permitiendo una apreciación detallada que antes era imposible.
Para la Asociación Sancho Ramírez, esta intervención es «un paso más» en la puesta en valor del patrimonio jaqués, comparable a la reapertura del Museo Diocesano en 2010. Moreno ha recordado la sensación que tuvieron muchos jacetanos entonces: «Me siento como si estuviera de vacaciones y visitara un museo en otro lugar». Desde la asociación han querido felicitar a la diócesis y a todo el equipo responsable del proyecto.
La visita también sirve para recordar el papel fundamental que las campanas han tenido en la vida de Jaca. Como ha explicado Moreno, no solo medían el tiempo, sino que funcionaban como un elemento de comunicación para anunciar festividades, avisar de peligros como la llegada del enemigo, comunicar la pérdida de una persona o marcar el duelo por los difuntos, con toques que variaban según la categoría del funeral.














