¿Cómo ha sobrevivido la Vía Láctea durante tanto tiempo a uno de los eventos más violentos del cosmos: la fusión de galaxias? Se trata de uno de los misterios que lleva años arrastrando la astronomía y que ha llamado la atención de un grupo de investigación de la Universidad de La Laguna (ULL) y el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).Y es que, en teoría, la estructura endeble de galaxias como la nuestra –que no disponen de un núcleo o bulbo repleto de estrellas– debería llevarla al colapso cuando se enfrentara a este tipo de emparejamientos cósmicos forzosos. Sin embargo, no sucede, ni ha sucedido así.
A través del proyecto internacional Beard (por las siglas en inglés de Evolución de las galaxias sin bulbo y el nacimiento de los discos), que lideran científicos del IAC y la ULL –aunque cuenta con colaboración de 13 instituciones de seis países diferentes– han tratado de buscar una respuesta plausible para este comportamiento, y parecen haberla encontrado.
En concreto, y tras analizar los datos obtenidos mediante más de 600 horas de observación en varios telescopios del Observatorio del Roque de los Muchachos, han obtenido dos posibles vías que explican, por primera vez, este singular comportamiento.
¿Qué dice la teoría actual?
El modelo actual de evolución del Universo predice una época dominada por fusiones mayores de galaxias hace unos diez mil millones de años. «Se trata de interacciones violentas, durante las cuales es previsible que estructuras débiles, tales como los discos finos de galaxias espirales, sean destruidos» afirma Jairo Méndez Abreu, astrofísico del IAC y de la ULL e investigador principal del proyecto.
«Las galaxias suelen tener, junto con los discos, otras componentes gruesas que les aportan estabilidad y les ayudan a sobrevivir. Es el caso de los bulbos, que son los esferoides luminosos presentes en el centro de las galaxias espirales», continúa el investigador.
Sin embargo, algunas galaxias son discos puros, sin estructuras estabilizadoras que las hayan ayudado a sobrevivir durante las etapas más duras de la vida cósmica. Es el caso de nuestra galaxia hogar, la Vía Láctea.
«¿Cómo es posible que nuestra Galaxia, y otras similares, hayan llegado hasta nuestros días a pesar de no tener grandes bulbos en sus centros?», continúa Adriana de Lorenzo-Cáceres Rodríguez, también astrofísica del IAC y la ULL y coinvestigadora principal del proyecto.
Dos posibles vías
«Mediante simulaciones numéricas hemos averiguado que las galaxias sin bulbo, como nuestra Vía Láctea, pueden sobrevivir durante la fase de fusiones mayores del Universo a través de dos canales», explica Yetli Rosas Guevara, investigadora de la Universidad de Córdoba (UCO) y autora principal del segundo de los tres artículos científicos recientemente publicados en la revista Astronomy & Astrophysics.
Así, por un lado, los investigadores no descartan –aunque afirman que la probabilidad es pequeña– de que algunas galaxias no lleguen nunca a cruzarse con otras pese a la gran frecuencia de estos eventos violentos. Sin embargo, hay una segunda opción que podría ser incluso más interesante. «Hemos descubierto que hay una configuración especial de interacción en la que los discos puros no son destruidos», recalca Rosas. «En este segundo canal, las galaxias han de fusionarse en un baile acompasado, girando en el mismo sentido y acercándose en un mismo plano, como una pareja que da vueltas sobre el mismo suelo», continúa la investigadora.
Una técnica novedosa
«Hemos aplicado una técnica novedosa de análisis para poder desvelar las partes más débiles y externas de las galaxias análogas a la Vía Láctea, definiendo su extensión de forma precisa y encontrando pequeñas pero significativas diferencias con respecto a las galaxias con bulbo», explica Carlos Marrero de la Rosa, estudiante predoctoral del IAC y autor principal del primero de los artículos, ha analizado imágenes profundas tomadas con el telescopio Isaac Newton en el ORM.
La conclusión ha sido que dichas «diferencias pueden ser explicadas mediante configuraciones especiales de los procesos de fusión que han sufrido las galaxias sin bulbo», recalca.
Por su parte, Salvador Cardona-Barrero, investigador de la ULL y el IAC y autor principal del tercer artículo científico de Beard, recuerda que «las galaxias suelen estar acompañadas de un sistema de galaxias satélite más pequeñas, vestigios de los procesos de interacción pasados». En este contexto, insiste en que «las galaxias análogas a la Vía Láctea presentan una distribución de satélites distinta al del resto de galaxias, más concentrada y alineada, de acuerdo con una historia de fusiones tranquila y ordenada».
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