Nació como Norma Jeane Mortenson, pero el mundo la recuerda como Marilyn Monroe: actriz, cantante, modelo, icono de moda, mito de Hollywood y una de las presencias más reconocibles del siglo XX. Su biografía parece escrita para el melodrama: una infancia difícil, marcada por orfanatos y casas de acogida; un matrimonio temprano, a los 16 años, para evitar quedar bajo la tutela del Estado; un trabajo en una fábrica de armas; el descubrimiento casual por un fotógrafo; y, después, el ascenso fulgurante de una joven rubia que pasó de modelo a estrella de la pantalla.
Pero Marilyn Monroe fue mucho más que una imagen. Fue una actriz con talento para la comedia, una mujer perfeccionista que siguió formándose incluso en la cima del éxito, una intérprete que quería ser tomada en serio en una industria que tendía a subestimar a las mujeres con una imagen sensual. También fue astuta en los negocios: desafió a los estudios para mejorar sus condiciones laborales y llegó a fundar su propia productora.
Marilyn, el mayor icono femenino de Hollywood. / EPC
En el año de su centenario (Los Ángeles, 1 de junio de 1926-Los Ángeles, 4 de agosto de 1962), cuando parece que ya se ha contado todo sobre ella -sus películas, sus matrimonios, sus lecturas, sus vestidos, sus fotografías, sus fragilidades-, una forma distinta de volver a Marilyn es escucharla a través de sus frases. No para reducirla a eslogan, sino para condensar en un pequeño lapidario la personalidad de una mujer que fue estilo, deseo, humor, vulnerabilidad y determinación.
Ese es también el espíritu de ‘Palabra de Marilyn’, el libro ilustrado de Megan Hess publicado por Lunwerg. Hess, ilustradora de moda de proyección internacional, se formó en diseño gráfico y dirección artística, ilustró en 2008 el éxito ‘Sexo en Nueva York’, de Candace Bushnell, y desde entonces ha colaborado con nombres como ‘Vanity Fair’, Prada, Bergdorf Goodman y Christian Dior Couture. En este volumen, la autora invita a repasar el legado personal, profesional y estético de Marilyn Monroe, desde su trayectoria en Hollywood hasta su influencia actual como icono de moda.
Porque Marilyn sigue viva en sus imágenes, pero también en sus palabras. Estas son algunas de las frases que ayudan a entender por qué, cien años después del nacimiento de Norma Jeane, el mito continúa hablando.

‘Palabra de…Marilyn’
Texto e ilustraciones: Megan Hess
Editorial: Lunwerg
Páginas: 144
Precio: 15,95 €
«Una vez, vino un tipo y me preguntó: ‘Marilyn, ¿qué llevas en la cama?’. A lo que yo le respondí: ‘Solo Chanel n.º 5′»
Pocas frases han resumido tan bien la mezcla de inocencia, picardía y dominio de la escena que convirtió a Marilyn Monroe en leyenda. La respuesta parece espontánea, pero encierra una inteligencia pública extraordinaria: transforma una pregunta indiscreta en una declaración de estilo y convierte un perfume en parte inseparable del mito.

Marilyn Monroe y el perfume más famoso del mundo, Chanel nº5. / EPC
«Sabes, la mayoría de la gente realmente no me conoce. Solo le pido que no me haga quedar en ridículo»
La frase, pronunciada en su entrevista final para ‘Life’ pocos días antes de su muerte, en agosto de 1962, resume la herida más persistente del mito Marilyn: el miedo a ser convertida en caricatura. La mujer que había hecho reír al mundo no quería que el mundo se riera de ella.
En esa petición hay vulnerabilidad, pero también lucidez. Marilyn sabía que su imagen pública era tan poderosa que podía devorar a la persona real. Por eso esta frase funciona casi como una llave de lectura de toda su biografía: detrás de la rubia explosiva, del gesto seductor y de la estrella fotogénica, había una mujer que pedía algo tan básico como ser mirada con respeto.

Marilyn Monroe, leyendo el ‘Ulises’ de Joyce. / EP
«Todos deberíamos empezar a vivir antes de que sea demasiado tarde. Tener miedo es absurdo. Y lamentarse, también»
La Marilyn luminosa, la de los focos y los vestidos inolvidables, convivió siempre con una mujer consciente de la fragilidad. Esta frase tiene algo de consejo vital y algo de advertencia íntima. Habla del miedo, del paso del tiempo y de la necesidad de vivir antes de que la vida se convierta en arrepentimiento.
Leída en el centenario de su nacimiento, suena casi como una consigna contemporánea. Marilyn murió joven, en 1962, pero su imagen quedó suspendida en una juventud perpetua.
«Siempre voy muy acicalada o totalmente desnuda; no tengo un término medio»
La frase condensa su relación con la moda y con la imagen: Marilyn entendía el estilo como una forma de intensidad. Nada en ella parecía tibio. Su melena rubio platino, el pintalabios rojo brillante, el lunar, las ondas suaves, las gafas oscuras, el pañuelo en la cabeza o los vestidos ceñidos componían una gramática visual reconocible al instante.
Su estilo no ha dejado de inspirar porque nunca fue solo vestuario. Fue actitud. El vestido blanco de ‘La tentación vive arriba’, el vestido rosa de ‘Los caballeros las prefieren rubias’ o el vestido brillante con el que cantó ‘Happy Birthday, Mr. President’ a John F. Kennedy forman parte de una historia visual que todavía se cita, se copia y se reinterpreta.
«Los diamantes son los mejores amigos de una chica»
Marilyn Monroe no pronunció esta frase como una máxima íntima, sino como Lorelei Lee, la corista de ‘Los caballeros las prefieren rubias’ que en 1953 cantó ‘Diamonds Are a Girl’s Best Friend’ vestida de satén rosa y rodeada de hombres en esmoquin. Pero el cine hizo lo que el cine hace con los grandes iconos: confundió personaje y persona hasta convertir una canción en declaración de identidad. Desde entonces, esa frase quedó pegada a Marilyn como el rubio platino, el lunar o el perfume
«Me gusta el calzado ‘barefoot’, anto para las ocasiones formales como las informales. Creo, al igual que los griegos de la Antigüedad, que los pies de una mujer son una parte esencial de su belleza»
Fue devota del brillo, de los vestidos imposibles y de los zapatos que alargaban su silueta, pero también supo construir una imagen relajada con pantalones, jerséis, pañuelos, gafas oscuras y pies descalzos. Esa tensión entre el artificio absoluto y la naturalidad es una de las claves de su magnetismo: Marilyn podía parecer una diosa de estudio y, al minuto siguiente, una mujer real sorprendida en un gesto cotidiano.

La colección de fotografías muestra el primer desnudo de Marilyn Monroe desde 1949. / BERT STERN
«Siempre me siento cómoda con unos vaqueros. Son mi atuendo informal favorito»
Leída hoy, esta cita ayuda a ampliar el retrato de Marilyn Monroe. No fue solo un icono fabricado por los estudios, envuelto en vestidos inolvidables y tacones imposibles. También fue una mujer que entendió el atractivo de la comodidad, la fuerza de una prenda sencilla y la modernidad de vestirse, a veces, sin pedir permiso al canon de la época.
«A veces sería un gran alivio dejar de ser famosa»
Una de las más melancólicas de su lapidario. La mujer que encarnó el sueño de Hollywood también supo señalar su trampa: la fama puede elevarte, pero también encerrarte. Y en el caso de Marilyn, esa jaula era dorada, luminosa y extraordinariamente difícil de abrir.

Fotografía perteneciente a la última sesión gráfica que protagonizó Marilyn Monroe. / BERT STERN
«Los domingos -los únicos días que dedico por completo al ocio- puedo tardar hasta dos horas en despertarme, saboreando, minuto a minuto, esos dulces momentos de letargo»
Revela una Marilyn menos monumental y más humana: la que necesitaba descanso, silencio y lentitud; la que entendía que el ocio no era vacío, sino reparación; la que, incluso al hablar de despertarse, dejaba una frase con temperatura, imagen y memoria.

Con el título de ‘La última sesión’, las fotos que Bert Stern sacó a Marilyn Monroe para la revista ‘Vogue’ en 1962 y en las que la actriz, días antes de su muerte, accedió a posar desnuda, ofreciendo así la faceta más humana de un mito, que muestra esa enorme cicatriz que la hacía imperfecta. / ELECTA
«Siempre, sin excepción, debes creer en ti misma, si tú no lo haces, ¿quién lo hará, cariño?»
Es la Marilyn Monroe más perseverante: la mujer que se inventó a sí misma, que desafió a los estudios para mejorar sus condiciones y que llegó a fundar su propia productora. Una estrella fabricada por Hollywood, sí, pero también una mujer que aprendió a fabricarse una voz propia.

Rubia platino, ‘eyeliner’, labios rojos… la imagen de Marilyn, congelada en el tiempo. / epc
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