El Papa León XIV visitará nuestro País entre el 6 y el 12 de junio, 15 años después de la visita del último Papa.
Sin duda alguna asistiremos a celebraciones multitudinarias con masas de gente enfervorizadas entregadas a la causa. Las diócesis y los movimientos eclesiales movilizarán a sus huestes para mostrar su afección y su potencia. Desde esta perspectiva el acontecimiento tendrá un éxito rotundo. Sin embargo, lo realmente decisivo lo veremos después de la visita, cuando se analicen a fondo sus gestos y sus mensajes y, sobre todo cómo calan. Por eso nos preguntamos: ¿qué España espera al Pontífice? ¿qué esperamos?
Dos encuestas muy recientes nos guían para responder a este interrogante: el estudio sobre tendencias sociales de diciembre de 2025 del CIS, cercano al Gobierno, y el informe Jóvenes Españoles 2026 de la Fundacion SM (Santa María).
Las encuestas del CIS en este ámbito muestran desde hace años una tendencia a la baja. Sin embargo, a pesar de los cambios en la sociedad española en los últimos decenios, alrededor del 52 % de los españoles sigue declarándose católico; y de éstos, el 15,2 % se define como católico practicante. Particularmente el descenso parece ralentizarse y estabilizarse entre los más jóvenes, hasta el punto que algunos hablan de un cambio de ciclo, pero repleto de contradicciones, ambigüedades e incógnitas. Según el informe de SM, el porcentaje de jóvenes que se identifica como católico -incluidos los no practicantes- pasa del 31,6 % en 2020 al 45 % en 2025. Por otro lado, en las redes sociales están proliferando discursos religiosos con mucha visibilidad que llegan a los jóvenes. En este sentido, uno de los cambios más chocantes es el final del complejo religioso entre los jóvenes creyentes. Muchos jóvenes católicos no ocultan su fe, sino que la manifiestan con total naturalidad en la vida pública y cultural. Sin embargo, al dato positivo del CIS, se opone otro: en los últimos cinco años, casi 400.000 alumnos se han dado de baja de las clases de religión en la escuela pública.
Evidentemente la fe ya no se transmite automáticamente en una sociedad sacralizada, como ocurría en el nacional-catolicismo de la época franquista, pero continúa hundiendo sus raíces en la cultura, la familia y la memoria moral. En España, incluso los agnósticos, los indiferentes y los ateos (el 39 %, según la última encuesta del CIS) admiten tener una impronta cultural católica. Por otro lado, existe un anhelo de cambio latente que se manifiesta en el aumento de peregrinaciones, cofradías y procesiones. Una religiosidad popular no exenta de grandes interrogantes, pero que es un hecho palpable. Sin duda la presencia del ejército en muchas de esas manifestaciones es una signo de la pervivencia de un nacional-catolicismo trasnochado, pero la sociedad parece admitirlo desde el punto de vista estético e identitario y, por lo tanto, bueno para el turismo.
Ese anhelo se manifiesta también el algunos fenómenos recientes como la película Los domingos, de la directora Alauda Ruiz de Azúa y la famosa cantante Rosalía, que el 7 de noviembre, vestida como una novicia presentó el álbum Lux. La historia de una joven, que quiere ser religiosa y unas canciones basadas en figuras de la mística han sido objeto de debate en los medios de comunicación y han puesto en la agenda cultural el tema religioso. El 4 de diciembre de 2025, tanto Rosalía como Alauda, que se define a sí misma como atea, fueron galardonadas con los premios Bravo de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española. Su presidente las elogió como expresión artística del “giro católico” en la sociedad española.
Estas serían de modo fragmentario algunas líneas generales de la sociedad española desde el punto de vista religioso. No obstante, sería interesante profundizar en el capítulo de los jóvenes del informe SM, ya que podemos vislumbrar hacia donde apunta el futuro en muchos ámbitos de la Iglesia y hacia donde tendrá ésta que dedicar sus mejores fuerzas. Al profundizar en el repunte religioso, el informe SM revela que el autoidentificarse como católicos no supone que tienen claro algunos postulados básicos del cristianismo. Sus creencias son fruto de un cóctel, una especie de fe random, una amalgama de creencias configurada a la medida de cada cual. Por eso, muchos que se dicen católicos dicen creer en el karma (60,7 %), la reencarnación (48,5 %), las artes mágicas (44,1 %), entre otras. Estaríamos ante una especie de cristianismo sincretista, polimorfo y capaz de absorber y reinterpretar elementos esotéricos según la moda del momento. En este sentido, la Iglesia católica, deberá desde el punto de vista pedagógico entablar un diálogo fecundo con esa juventud para mostrarles su identidad con paciencia, sin estridencias, ni posiciones extremas, pero con suma claridad.
Resulta preocupante que, de acuerdo con el informe SM, el mayor grupo de católicos practicantes (24 %) se vincula a la extrema derecha
También resulta preocupante, de acuerdo con el informe, la variante ideológica y política. El mayor grupo de católicos practicantes (24 %) y no muy practicantes (22 %) se vincula a la extrema derecha. Otro dato inquietante en esta línea es la migración. Crece significativamente la percepción de “exceso de facilidades” hacia la inmigración: del 30% en 2020 al 59% en 2025.
Al que lleva el anillo del pescador ya no le espera la antigua España Católica, “reserva espiritual de Occidente”, sino un país decididamente plural en todos los sentidos. En el ámbito político le espera un Parlamento polarizado y una difícil relación entre la Iglesia y la política. Sin embargo, la Iglesia sigue siendo una institución significativa para gran parte de la sociedad española.













