Segundo año consecutivo en el que la sala de cámara Ruperto Chapí, del Auditorio de la Diputación de Alicante, acoge un nuevo ciclo de Fijazz dedicado al flamenco con rasgos jazzísticos, bajo la denominación de «En compás de paz». Una primera actuación con Las Migas y el carácter popular y contemporáneo a la vez de cuatro mujeres que tocan y ponen voz a los temas del nuevo álbum «Flamencas», cercano a la tradición, entre otras piezas que desgranaron durante un concierto que deleitó al numeroso público. Escuchamos «Ojitos verdes», «Grito» o una versión de la clásica copla andaluza «Pena, penita, pena», coreada por el personal. Cantes abandolaos y malagueña, o la alegre canción por bulerías «Agua», según los tradicionales jaleos.
Son guerreras y todo lo que les da la gana ser. Las guitarras clásicas, instrumentos tradicionalmente masculinos, suenan en las manos de Marta Robles, capitana del grupo, y Alicia Grillo. Por su parte, el violín lo toca Laura Pacios. La voz principal es la de Paula Ramírez en este galardonado cuarteto con el quedan palpables la relevancia instrumental y el arte vocal en un ambiente festivo y con pasión. Tocaron el mestizo sabor de «Blues de la frontera», de la desaparecida banda Pata Negra, además de «La Tarara», con mayor protagonismo del violín, y otros temas.
Las acompañan la percusión de Katherine Benitez y el bajo y el contrabajo de Oriol Riart. El estilo tradicional y la pureza se fusionan con la libertad creadora, musical y de las letras. Un trabajo de corte feminista en el ámbito de una flamencura con la que se rompen corsés, aunque aquí no se adentran en el campo del jazz. Dos maneras que tienen sus orígenes en el mestizaje. Pero el pellizco de los sonidos negros, decíamos, no es la cuestión. Sí el duende de la emoción y la sonoridad flamencas, como así se pudo saborear con el grupo constituido en Barcelona en 2004, que combina los palos flamencos con trazos de pop y rumba.
Los álbumes «Libres», «Rumberas» y el ya mencionado, «Flamencas», componen una trilogía de Las Migas con las exitosas cómplices que gritan contra la desigualdad y la injusticia. Homenajean a las raíces del viejo arte andaluz e interpretan tangos. «Celos» y la particular interpretación de «Mediterráneo», de Serrat. Palmotean y sueltan su energía liberadora. Y el motor rítmico está bien engrasado y fluye. «Baila, mi morena» o la pegadiza frescura de «Buen rollo». La puesta en escena sedujo a la sala, la cual valoró la actitud reivindicativa, igualmente, con grandes aplausos.
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