Hay momentos en los que una ciudad deja de ser un lugar para convertirse en algo compartido. Ocurrió este jueves en Elda, cuando el pasodoble Idella empezó a sonar y miles de voces dejaron de ser individuales para convertirse en una sola.
No fue inmediato. Antes, la tarde se fue cargando poco a poco. La calle Colón, tomada desde horas antes, era un hervidero contenido: grupos buscando sitio, miradas fijas en el castillo y móviles preparados para el momento. Y es que tras el paso de las bandas hasta las vallas que habían formado un pasillo sobraban.
Minutos antes de las 21 horas, el alcalde de Elda, Rubén Alfaro, tomó la palabra para desear «unas felices fiestas en este año de Interés Turístico Internacional». Poco después, la batuta se alzó desde lo alto del castillo de Embajadas y la espera se rompió.
La pianista eldense Blanca Graciá Rodríguez marcó el inicio con un gesto airoso. Detrás, cerca de 400 músicos -la AMCE Santa Cecilia y las bandas de las nueve comparsas- dieron forma a los primeros compases de Idella. Delante, la respuesta fue inmediata: aplausos, gritos y, enseguida, la letra. «Idella de mis amores». No hizo falta que nadie la guiara. La plaza entera la sabía.
Entrada de Bandas
En las primeras filas, jóvenes abrazados cantaban bajo un mar ede confeti mirando al frente o a sus propias pantallas. Más atrás, familias, festeros veteranos, curiosos. Cada uno desde su lugar, pero dentro de lo mismo.
Había celebración, sí, pero también algo más difícil de nombrar: una especie de reconocimiento colectivo, de saberse parte de una misma historia que se repite y, sin embargo, nunca suena igual.
La pianista eldense Blanca Graciá ha dirigido el pasodoble. / Pilar Cortés
Horas antes, la ciudad ya venía avisando. La Entrada de Bandas había recorrido su trayecto habitual desde la plaza del Zapatero, dejando un rastro de música por Dahellos, Ortega y Gasset, Nueva y Colón. Un recorrido que no es solo desfile, sino calentamiento: la antesala de lo que después ocurre.
Encabezaban el cortejo las autoridades municipales y festeras, con el alcalde de Elda, Rubén Alfaro, el concejal de Fiestas, David Guardiola, el presidente de la Junta Central de Comparsas, Pedro Serrano, la presidenta de la Mayordomía de San Antón, Sonia Rocamora, y la pianista eldense y directora del himno Blanca Graciá, además de los presidentes de las nueve comparsas.
Medio siglo
En los minutos previos a Idella, la plaza y la calle Colón dejaron de tener capacidad real. Se llenaron. Este año, además, el pasodoble llegaba con memoria añadida: 50 años desde su estreno. La obra del compositor de Gandía Miguel Villar, con letra posterior de Antonio Juan, volvió a demostrar que hay piezas que no envejecen porque no pertenecen solo a quien las compuso, sino a quienes las repiten.
El cierre llegó con un castillo de fuegos artificiales. Después, el movimiento se dispersó. Hacia los cuartelillos, hacia la noche, preparándose los festeros para el desfile de la Retreta. Porque si algo dejó claro la plaza es que esto no era un acto aislado, sino el comienzo real de unos días en los que Elda deja la rutina de lado para sumergirse en «las mejores fiestas del mundo».
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