cuando el milagro es una señal

Zaragoza no se merecía sufrir más. Es difícil saber si lo que pasó ayer en Lugo fue cosa divina o más bien un pacto con el diablo, pero lo que está claro es que lo que sucedió fue sobrenatural. El Casademont logró la salvación más agónica, milagrosa e inverosímil que se recuerda y que nunca olvidará una ciudad que se merece seguir en la élite. En lo más alto del Olimpo del deporte aragonés siempre estará Marco Spissu como el hombre que bajó de los cielos para ser justo y bondadoso con toda una comunidad que vio cómo los aragoneses volvieron a la vida cuando el doctor había certificado ya su muerte. 23 segundos de locura y ese triple final sobre la bocina forman parte de una fantasía que invitó a todos los aragoneses a pensar si no estaban confundiendo en sus cabezas lo real con lo imaginario.

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