Especializada en acortar los tiempos de rehabilitación y devolver la vida cotidiana a personas con patologías neurológicas y traumáticas, la corverana Noemí Álvarez se ha consolidado en Avilés como una de las voces más cualificadas de la terapia de la mano a nivel nacional. Creadora de un proyecto sanitario de vanguardia —que hoy impulsa unidades específicas para músicos y plataformas pioneras junto a cirujanos—, analiza los entresijos de su vocación, nacida casi por casualidad tras el accidente de su perro, y repasa la realidad del autónomo que empieza desde cero antes de alcanzar el reconocimiento de sus vecinos.
-¿Cómo recibió la noticia y qué significó para usted ese momento?
-Fue una noticia agridulce. Por un lado, me alegré un montón porque siempre sienta bien que te reconozcan tu trabajo y que te digan que eres un ejemplo para otras personas; la trascendencia real de eso es enorme aunque a veces no nos paremos a pensarlo. Pero, por otro lado, se mezcla con un golpe al corazón: hace tres años este mismo premio se lo concedieron a mi hermana y lo tuve que recoger yo porque ella había fallecido. Viví ese dualismo constante entre la emoción y la tristeza.
-¿Siempre tuvo claro que quería dedicarse al ámbito sanitario o la vocación llegó más tarde?
-De pequeña me gustaba todo en general, así que mi vida ha estado bastante descrita por la duda. Cuando te dicen la típica frase de «haz lo que se te dé bien», te preguntas qué elegir si se te dan bien muchas cosas. Quise ser estrella del rock y componía, luego me interesó la fotografía, quise ser veterinaria, derecho, económicas, escritora… Fueron mis padres quienes me hablaron de la existencia de la Terapia Ocupacional, explicándome que aunaba música y animales, y sugirieron que igual por ahí me gustaba.
-Y cuando comenzó la carrera, ¿se cumplieron sus expectativas?
-Al principio me desilusioné mucho; no me gustaba cómo me lo enseñaban ni el tener que estar constantemente explicando qué eras porque casi nadie conocía la profesión. Pero dio la casualidad de que mi perro se rompió una pata. A raíz de buscar en Google sobre su recuperación, el algoritmo me descubrió la terapia de la mano. Fue un auténtico flechazo. Dije: «Quiero esto». Y desde ese día hasta hoy, no me he movido de ahí.
-Las manos son herramientas fundamentales en nuestro día a día. ¿Cuál es la verdadera dificultad cuando una persona pierde su función, especialmente en perfiles tan concretos como los músicos?
-La dificultad absoluta radica en perder por completo la autonomía en las tareas más elementales: no poder abrocharse una camisa, vestirse, hacerse la comida o servirse agua con una jarra. Las manos son algo prioritario en lo que no reparamos hasta que sufrimos una lesión. En el caso de los músicos, por ejemplo, que necesitan una motricidad fina para tocar la guitarra, la batería o el bajo, la preocupación es aún mayor porque temen tener que vender sus instrumentos y renunciar a su vida. Cuando se aplica la terapia de la mano, pasas de la incapacidad total a devolverle a la persona su movilidad, su funcionalidad y el ánimo para rehacer su vida.
-Emprender a menudo da vértigo. ¿Cómo fue dar el paso para crear su propio centro?
El miedo al principio está ahí, pero dura lo que tardas en ponerte en marcha. Yo siempre he sido extremadamente trabajadora y venía acostumbrada a ritmos muy altos. Al abrir no tenía dinero; trabajaba a jornada completa en otro sitio y al terminar venía aquí a meter horas. Todo lo que sacaba lo reinvertía.
-¿Qué error suele cometerse al empezar un proyecto propio?
-Creo que se cae en el error de querer delegar demasiado pronto cuando la empresa aún no es rentable. Está muy bien la idea de «ser jefe», pero al ser autónomo y empezar te toca hacerlo todo: o friegas tú, o haces tú las facturas, o no lo hace nadie. Hay que asumir en qué fase estás y aceptar las consecuencias. En mi caso, la creación del negocio me permitió volcar todas mis habilidades previas en un lugar que considero mi hogar y que busco que sea también un hogar acogedor para los pacientes que pasan mucho tiempo aquí.
-Lleva ya seis años instalada en el Centro de Empresas La Curtidora de Avilés. ¿Qué le ha aportado este espacio?
-Su estética abuardillada, la madera y las plantas crean un ambiente idóneo y bonito para venir a curarte. A nivel logístico de emprendimiento te quita trabas como la licencia de apertura a pie de calle. De hecho, con el cambio de ley actual ya no se pueden abrir centros sanitarios en locales de este estilo, pero como yo cogí la normativa antigua, he librado. Aunque en un futuro busquemos un local propio, de momento no he sentido en ningún otro sitio esa «vibra» especial que sentí cuando descubrí la terapia de la mano. Hasta que no sienta eso, no me muevo de aquí.
-¿Cuáles son los próximos retos y proyectos en los que están trabajando?
-Estamos buscando hacer un lanzamiento internacional. Por un lado, hemos constituido una Unidad de Rehabilitación Integral de Músicos formada por un equipo multidisciplinar de cinco profesionales. Por otro lado, detectamos un gran desconocimiento dentro del ámbito de la cirugía de la mano, por lo que estamos creando la primera plataforma de habla hispana que une la cirugía y la terapia de la mano para trabajar juntas desde el minuto uno.














