Solo a su abogado y en última posición, para hablar después de escuchar todos los testimonios y pruebas contra ellos y evaluar mejor cómo despejar al larguero la acusación de agresión sexual. Así es como han declarado los futbolistas Rafa Mir y Pablo Jara en su intento por convencer al tribunal de esa inocencia por la que llevan dos años clamando. Declarar en último lugar es un derecho que recoge la ley de enjuiciamiento criminal (Lecrim) desde hace poco más de un año -enero de 2025- y que sobre todo utilizan quienes tienen más escarpada la posibilidad de salir airoso de un juicio o quienes intentan remontar pruebas y testimonios sólidos en su contra.
Pese a la firmeza del testimonio de la víctima y de su amiga, que no ha variado en todo este tiempo, desde la noche del 31 de agosto al 1 de septiembre de 2024, cuando denunciaron por primera vez la agresión sexual, el futbolista no ha podido evitar el engreimiento y ha intentado reducir los hechos a “una discusión entre ellas por mí”. Ni su turno de última palabra lo ha aprovechado para proclamar su inocencia o pedir perdón.
El relato de los hechos
Tal como ha venido publicando este diario, Rafa Mir, entonces en el Valencia tras ser cedido por el Sevilla, fue detenido el 3 de septiembre por la Guardia Civil de Llíria acusado de dos delitos de agresión sexual contra una joven de 21 años, mientras que su amigo y también futbolista, el uruguayo Pablo Jara, fue arrestado por agresión sexual y física a la amiga de la primera joven, una chica de 25 años. Los dos habían conocido a las dos jóvenes en una discoteca de Valencia, donde el delantero que milita ahora en las filas del Elche y la chica de 21 años bailaron y se besaron. Mir les ofreció continuar la fiesta en su casa, dado que había piscina y hacía calor, y se trasladó en un Uber con ambas. Ahí se produjo el primer episodio de malestar de la chica de 21 años, que se cambió al asiento del copiloto.
Una vez en su chalé, Mir mantuvo relaciones consentidas con la de 25 años, mientras la otra joven, Jara y un tercer amigo de ambos permanecían en la zona de la piscina, ellos dos hablando entre sí, y la chica, sola, en una silla.
Tras una corta relación sexual de apenas 10 minutos, Rafa Mir salió de la habitación y, sin mediar palabra, cogió a la joven de 21 años, la tiró a la piscina, saltó al agua tras ella y le introdujo los dedos en la vagina además de besarla, a lo que la chica se opuso, afirma la fiscal y ha corroborado este jueves la víctima en el juicio que se sigue contra ambos en la Sección Cuarta de la Audiencia de Valencia. De hecho, la víctima salió precipitadamente de la piscina, llamó a su padre, que también ha testificado este jueves y corroborado punto por punto lo que pasó aquel día, para que fuera a recogerla y se fue de la casa, aunque al poco llamó al timbre y pidió entrar para recoger su bolso, que había olvidado por esa salida apresurada.
Fue entonces cuando el delantero la cogió de un brazo y la introdujo en el baño y consumó la segunda agresión sexual, recuerda la Fiscal y la acusación particular, pese al llanto y la oposición expresa de la joven, que no podía salir al exterior. Una vez lo consiguió, salió deshecha en lágrimas, momento en que su amiga fue consciente de lo que había pasado y trató de pedir explicaciones al futbolista. La reacción, sostiene la Fiscalía y han reiterado ambas jóvenes este jueves ante el tribunal es que Jara le dio un puñetazo y las echó de casa como estaban, semidesnudas.
Rafa Mir y Pablo Jara, en el banquillo de los acusados durante el juicio por agresión sexual. / Miguel Ángel Montesinos
Aferrado a su versión del «consentimiento»
Rafa Mir se ha mantenido en su versión de cómo ocurrieron los hechos y no se ha movido ni un ápice de ella, reiterando que todos los contactos sexuales de esa noche fueron con el consentimiento de ambas: «Todo fue consentido», resumió. Ha recordado con exactitud el tiempo que duró su relación en la lavandería de su casa, pero no cuánto estuvo encerrado con la víctima en el baño, cuando se produjo esa segunda agresión sexual descrita por ella y por la Fiscal. También deslizó que esa joven ya se había enfadado con él en el Uber y se subió a la parte delantera del copiloto «porque estaba celosa», o que el agua de la piscina estaba fría un 31 de agosto, pero de lo que denuncian las víctimas dijo no recordar nada.
Tampoco recordaba nada de lo que sucedió en el interior de su chalé cuando su amigo Pablo Jara presuntamente las echó de malas maneras, lo que le ha valido estar acusado de un delito contra la integridad moral. Según Mir, él se fue al baño «y al salir, ya no veo a nadie, solo a Pablo tirando cosas por la valla», en referencia al bolso y los zapatos de la joven de 25 años.
Incluso el delantero ha pretendido exculparse diciendo que como estaban «montando escándalo» se acercó a decirles que entraran «para así evitar que los vecinos oyera lo que estaba pasando».
«No entramos por si nos denuncian”
Los agentes de la Policía Local de Bétera que acudieron lo hicieron porque los vigilantes de la urbanización les avisaron y han dicho que no sabían a quién pertenecía la vivienda. Preguntaron por lo sucedido y lo minimizaron a solo un puñetazo a una chica. Los policías preguntaron quién fue el autor y dijeron que estaba dentro, pero que no entraron han relatado las víctimas de las agresiones. Incluso uno de los Policías Locales ha explicado los motivos de no buscar en la vivienda “porque era una casa con cosas de alto valor dentro y haber si nos denuncian por echar en falta algo” dijo ayer uno de los que acudió.
Un segundo policía ha recordado no haber escuchado nada de una agresión sexual, y un tercero, en este caso una agente femenina de la Policía Local de Bétera que ha dicho que se entrevistó con la víctima y «nos contó que no pasó nada y así lo hicimos constar» . Y que la chica le dijo que había «intimado en el baño» y que se sentía «incómoda porque le dijo que parara» en alusión a Rafa Mir. Es aquí, cuando el Magistrado-Presidente del Tribunal le ha preguntado a la mujer policía sobre ¿cómo era posible que, sin venir a cuento, si no pasó nada como dice, cómo es que una de las chicas le cuenta que había mantenido relaciones sexuales siendo algo íntimo? La Policía Local se ha remitido a lo que en su día hizo constar en el atestado.
La llamó para «intentar arreglarlo»
Después, ha explicado que llegaron los vigilantes de seguridad de Levantina, quienes le anunciaron que habían llamado a la Policía, a lo que Rafa Mir ha aseverado que colaboró en todo momento. También que pasados unos días contactó por teléfono con una de las dos chicas para «intentar arreglar» la denuncia que, dice, querían interponer contra Pablo Jara para evitar que trascendiera dado que en la urbanización residen varios jugadores del Valencia de los que era vecino.
El otro acusado, Pablo Jara, también se ha negado a declarar y solo ha contestado a las preguntas de su abogado. En su caso, está acusado de agresión sexual sin acceso carnal por tocamientos a la chica de 25 años, aprovechando que estaba en la piscina bañándose en el mismo momento en que se producía la agresión a la otra chica por parte, presuntamente, de Mir.
En su explicación de los hechos, Jara ha calcado hasta el comentario del delantero, que ha hablado antes que él, de que el agua de la piscina «estaba fría», Y como su antecesor en el estrado y compañero Rafa Mir, ha insistido en que las dos víctimas «discutieron entre sí por celos». Después, agregó que «tras decirme algo en valenciano, cerré la puerta», justificando así la expulsión de ambas de malos modos.
La víctima, entre lágrimas: «Le dije que parara y no paró»
La declaración del delantero se ha producido casi al final del juicio, que se ha prolongado por espacio de seis horas. Justo al inicio, el tribunal ha escuchado a las víctimas. La de Rafa Mir no ha podido contener las lágrimas al recordar aquel episodio. «Tenía miedo y ganas de irme. Le dije que parara y no paró», resumió el terror que vivió mientras la tenía encerrada en el baño -«no me dejaba salir, no me podía mover, me tocó por todo el cuerpo y acabó con penetración con los dedos».
Al hilo de ese relato, la ginecóloga de parte pagada por Mir y Jara ha intentado desmontar la versión de la joven aferrándose a que «no es posible una penetración digital sin producir lesiones», algo completamente incierto. De hecho, los forenses del Instituto de Medicina Legal, que son quien exploran siempre a las víctimas de agresión sexual y no los facultativos de los hospitales, sostienen justo lo contrario: que las lesiones en mujeres de mas de 15 años tras una agresión sexual son excepcionales y solo se producen con prácticas especialmente agresivas o con la introducción de ciertos objetos».
Sin embargo, el médico forense que compareció ayer en el juicio no pudo exponerlo al tribunal porque el presidente de la sala se lo impidió negándole la palabra cuando intentó matizar las de la ginecóloga, que declaró después de él.
«Nada más salir de la casa se sintió segura»
La Fiscal, en su alegato final, ha destacado que el relato de ambas víctimas de agresión sexual ha sido persistente y coherente, llamando a su padre nada más ocurrir los hechos y lo hizo «nada más salir de esa casa y sintiéndose en un entorno seguro». Para la acusación pública, son chicas con espontaneidad, no sabían ni quiénes eran sus agresores solo que lo habían pasado bien en la discoteca y se les presentaba la oportunidad de continuar la fiesta en una piscina, así de simple.
Para la Fiscal los acusados se tapan entre sí, se protegen, de cara a esa «penetración digital» que es una violación y que realizaron sobre las víctimas, tildandolas de «valientes» pues sabiendo después quienes eran han seguido contando lo ocurrido pese a lo mediático que era el juicio.
Así las cosas, ha pedido que sean condenados tanto Rafa Mir como Pablo Jara al haber quedado «acreditado» lo que hicieron. Y ha introducido contra Jara el delito contra la integridad moral gravísimo contra una de las víctimas, la que dejó en la calle semidesnuda.
Las acusaciones particulares de las víctimas ejercidas por Susana Alcoy Sapiña y Miguel Ángel Sampedro Ródenas, se han sumado a la petición de la Fiscal, y las defensas de los acusados han pedido la libre absolución de los dos jugadores, si bien el de Pablo Jara en el caso de que fuera condenado ha pedido que se le aplique la atenuante muy cualificada de haber consignado la indemnización, así como se le impongan las penas mínimas por la agresión secual y el delito contra la integridad moral que pase a leve o a vejaciones injustas.








