«Dios mediante en pocas horas o días se puede resolver esto». Aunque invocó la gracia del cielo, el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz se inclinó por las decisiones terrenales y lanzó un ultimátum a los sindicatos, campesinos y sectores sociales que desde casi un mes cercan al Gobierno de derechas en las calles y especialmente las carreteras bolivianas. Aseguró que si no se sientan alrededor de una mesa de negociaciones para solucionar los problemas decretará el estado de emergencia y el conflicto escalará a otro nivel. «Vuelvo a invitar por última vez, porque venimos meses invitando y le voy a mandar una carta al señor Vicente Salazar ( de la federación de campesinos Tupac Katari), que venga con todo su comité, para que después no le digan traidor, que cambió de opinión, no. Lo mismo al señor (Mario) Argollo (el máximo dirigente de la Central Obrera Boliviana, COB) que venga a hablar». Y añadió: «no se puede botar a presidentes porque se les da la gana, el voto se respeta y la Constitución también, así nomás es, son las reglas del juego, pero, si no quieren dialogar para eso están las reglas de la Constitución», dijo Paz, aludiendo a la facultad que le otorgó el Congreso para aplicar la ley de Estados de Excepción. Al promulgar este miércoles la normativa que limitaba la intervención de las Fuerzas Armadas en conflictos internos, el presidente no hizo más que advertir que el próximo paso será enviar a los militares a las calles, especialmente de La Paz y sus inmediaciones.
El conflicto social se inició después de que la actual administración eliminó los subsidios a los combustibles y los precios aumentaron cerca del 90%. Los transportistas y pasajeros encontraron una causa común añadida porque comenzó a venderse una gasolina estaba contaminada y dañaba sus autos. El incremento del salario mínimo de un 20% no alcanzó para calmar los ánimos. La agitación creció debido a la ley aprobada por la legislatura que allana el camino a la concentración de tierras. Hasta ahora, el enfrentamiento y los manifestantes provocó al menos cuatro muertos. «Hay una víctima entre Oruro y La Paz que se está investigando, porque al parecer sí recibió un tiro, pero por la espalda», reconoció el presidente.
La gestión de Paz estuvo signada por los problemas políticos desde que tomó juramento y rompió relaciones con su vicepresidente, Edmand Lara. Una cosa es una pelea con efímero socio electoral y otra muy diferente un enfrentamiento con sindicatos, movimientos sociales y organizaciones campesinas. El Gobierno las responsabiliza de los bloqueos que han generado un desabastecimiento de combustible, medicamentos y alimentos principalmente en el departamento de La Paz y la ciudadela de El Alto, ubicada a unos 4000 metros de altura. El presidente dijo que sus habitantes se ven expuestos a un «sacrificio muy grande» y sufren por los «engaños» de los dirigentes que a estas alturas no solo exigen reivindicaciones salariales y otras mejoras económicas sino su dimisión y nuevos comicios en tres meses. Y especialmente apuntó contra el exmandatario, Evo Morales. «Es un enfermo embrutecido por el poder, que hace todo lo posible para violentar el proceso democrático». Paz les recordó una vez más que ha accedido a la presidencia con el 55% de los votos en un segundo turno. Buena parte de esos votos provinieron de seguidores históricos del Movimiento al Socialismo (MAS), que gobernó casi dos décadas pero perdió su poderío político en medio de las disputas entre Morales y su ex albacea, Luis Arce, quien ocupó el Palacio Quemado hasta la llegada de Paz.
Pedido de Lula
En este contexto, Luiz Inacio Lula da Silva instó al Gobierno y los manifestantes a que eviten «recurrir a la violencia y a priorizar el diálogo como vía para superar las diferencias y preservar la paz social». Brasil observa con preocupación lo que sucede en el vecino país. Lula habló telefónicamente con su colega boliviano y de esa conversación surgió el llamado a respetar «plenamente las instituciones democráticas y al estado de derecho». Reveló a su vez que a pedido de Paz ordenó el envío de ayuda humanitaria hacia Bolivia.








