Atención, atención

En la escuela unitaria de Perlá, se juntaban alumnos de edades muy diversas. Había piojos de cinco y fieras de quince, dignos de una mara, pero entonces no sabíamos lo que era una mara. Ya en los sesenta, conseguir la atención de esa tropa era complicado. No había muchas distracciones, pero el alumnado se despistaba con una mosca. A don Crescencio no le quedaba más remedio que recurrir al compacto borrador de la pizarra para espabilar a los discípulos que se perdían en sus ensoñaciones.

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