Cuando empezábamos a resignarnos a la visita del papa – y al espeluznante lío que provocará si Dios no lo remedia — llega Carlos Tarife – Tarife siempre tarda, pero termina llegando – y exige valientemente que en la visita de Leoncio XIV a Tenerife “pasen las mismas cosas” que en la visita de León XIV a Gran Canaria. Lo que no es seguro es a qué se refiere Tarife con esa curiosa locución. ¿Qué pasen las mismas cosas? Inicialmente el teniente de alcalde de Santa Cruz de Tenerife no debería preocuparse, porque van a pasar más o menos las mismas cosas, a saber: a) un señor sonriente y vestido de un blanco inmaculado saludará moviendo la manita, b) un montón de gente agitará banderitas canarias mientras se parten el pescuezo intentando columbrar al hombrecito de blanco allá adelante, junto a un alcalde o una alcaldesa igual de bajitos e igual de ateos, c) el hombre de blanco contará a quien pueda escucharle a través de un deficiente sistema de sonido – probablemente los mismos altavoces que utilizaron Celia Cruz y su orquesta hace medio siglo – que Dios ama a Canarias porque Canarias en generosa y hospitaliaria, y el hombre de blanco lo sabe porque Dios se lo ha dicho durante la ducha después de jugar al tenis, d) el hombre de blanco saludará a un nutrido grupo de inmigrantes africanos que sonreirán agradecidos por la gentileza del CEO del Dios de los blancos, que por supuesto es blanco y viste de blanco y toma pasta blanca; e) el hombre de blanco se meterá en un papamóvil o, en su defecto, en un coche oficial del Gobierno de Canarias, que como colectivo quiere ir al cielo, es decir, ganar las elecciones del próximo año; f) el hombre de blanco se quitará el anillo de San Pedro y se lo meterá en el bolsillo si cruza frente de alguna sede del PSOE, g) el hombre de blanco ofrecerá una misa y bendecirá gratuitamente a los canarios, si descontamos las cantidades aportadas para su viaje por el Gobierno de Canarias, los cabildo de Tenerife y Gran Canaria y empresas y particulares.
Más o menos es lo mismo entonces. Claro que Tarife puede gestionar información reservada. No debe descartarse: en su momento sabía que los ciudadanos no se portaban bien y llegaban a dejar bolsas de basuras fuera de los contenedores. Ah, guarrillos, insistiendo en dejar las bolsas de residuos sobre el suelo con la burda excusa de que los contenedores rebosan de basura y apestan y se agusanan. Tarife, por tanto, suele estar particularmente bien informado. Según algunos chismosos dispone, como Sherlock Holmes en el Londres victoriano, de una red de mendigos y sintecho que le pasa información sensible cada amanecer a cambio de medio bocadillo de La Garriga. Puede que el concejal del PP se haya enterado, por ejemplo, de que el hombre vestido de blanco piensa hacer un milagro de Las Palmas de Gran Canaria y, sin embargo, no lo haga en Santa Cruz de Tenerife. Y eso sin que no. Si hay milagro en Las Palmas, debe haber milagro en Tenerife. ¿Qué milagro? Bueno, convengamos que el milagro da lo mismo. La cuestión es que debe pasar lo mismo, también en materia de milagros. Y lo mismo quiere decir – me parece leer la mente del señor Tarife – que los milagros deben proyectar la misma dimensión. No un gran milagro en Las Palmas y un milagro chiquitito en Santa Cruz. Incluso se antojaría teológicamente incongruente. Desde este punto de vista, un milagro tolerable en la capital grancanaria sería que Carolina Darias se transformara en una persona simpática con sonrisa espontánea y sentimientos propios que sea capaz de decir sin dudas: odio el ejercicio físico, vestirme de maga y las canciones de Quevedo. En Santa Cruz de Tenerife el hombre de blanco podría encargar a Tarife que convirtiera el agua en vino de Tacoronte. Bastaría con eso para que la dirección regional reconsiderase su decisión y lo coloque de nuevo encabezando la lista del PP al ayuntamiento de Santa Cruz para, por fin, aplastar a Bermúdez hacerse con la vara de mando. Las mismas cosas aquí y allí, los mismos milagros, el mismo hombre de blanco ocupándose, Dios mediante, de lo verdaderamente importante.
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