Camacho habla con la seguridad de quien sabe que tiene un tesoro en forma de restaurante, una capacidad única para consolidar un estilo en alta cocina insólito y el beneplácito de guías y crítica especializada. Reunir todo ello no es nada sencillo, sobre todo teniendo en cuenta que su propuesta, ubicada en el magnífico hotel GF Victoria (un cinco estrellas gran lujo de Adeje), nació casi de forma natural, nada forzada. Esto, evidentemente, le da no solo más autenticidad, sino que convierte a Donaire en un restaurante único en un panorama amplio.
Jesús Camacho es joven, pero cuenta con un camino bien interesante. Recuerda que empezó a trabajar para este hotel «como jefe de pastelería, allá por el 2018. Hubo un cambio en el restaurante gastronómico del hotel y me dieron la oportunidad de asumir las riendas de las cocinas, todo un reto. Tenía claro que había que alejarse de la propuesta original, entre otras cosas porque carecía de recuerdos gastronómicos para elevar una cocina canaria, por lo que se fue imponiendo mi estilo, con la máxima libertad por parte del hotel. Y mi estilo, claro, viene de la alta pastelería».
Lo cierto es que en la carta de Donaire hay fondo, hay técnicas, proteína, puntos… pero siempre con esa sensibilidad y elegancia que viene de la parte dulce. «Nuestros clientes, y esto es importante, ya saben a lo que vienen a Donaire. No nos da miedo decir que somos pasteleros, nos enorgullece haber consolidado un estilo único. Los comensales, muchos de ellos repetidores, son conscientes de que no vienen a comerse trece postres, sino a disfrutar de una técnica y una estética basada en la alta pastelería. Todos mis platos tienen alma de alta pastelería», apunta Jesús Camacho.
Camacho, jefe de cocina de Donaire. / LP / DLP
Su formación en este ámbito de la cocina ha sido valiente y ambiciosa, tanto en tiempo como en dinero, por lo que cuando se mira al espejo «sigo viendo a un pastelero, pero también a un cocinero de alta cocina que, junto a mi equipo, hemos conseguido crear una cocina muy personal, de autor, con todo lo que ello conlleva. Le ponemos la misma importancia a la estética del plato que a su sabor, sin darle la espalda a la despensa local». La evolución y la constante rotación de la carta es admirable, lo cual demuestra el alto rendimiento en la parte creativa.
La experiencia
Usted ya habrá podido leer en este espacio gastronómico la crónica de lo que fue una magnífica cena en la imponente sala donde se ubica Donaire. Uno entiende rápidamente los motivos que llevaron, por ejemplo, a la Guía Michelin a otorgarle su codiciada estrella. La delicadeza de los platos, el sabor con ese eterno homenaje a la parte dulce reinventada en excelencia salada, la sala de bucólicas vistas. Nada es negativo.
Camacho, nacido en Venezuela y formado en Canarias, donde llegó con apenas 14 años, es un maestro del equilibrio. Algo, claro, innegociable en la siempre precisa alta pastelería. A partir del equilibrio, Donaire propone y ejecuta un formidable viaje por platos de emoción, desde la Obertura —la parte inicial del menú degustación— pasando por el Acto Principal y llegando al Final. El menú Victoria, perfecto para adentrarse en la mente privilegiada del chef, es una gran obra.
Un sabroso paseo donde uno piensa que lo mejor está por llegar, pero donde todo resulta placentero. Es una creación con sensibilidad, también con criterio. El comensal que aún no haya visitado este restaurante debe ir con la ilusión de que acude a un lugar de propuesta original, algo de enorme valor. Y además, y esto es lo fundamental, de un resultado redondo.











