Escuchar el despertador es incuestionablemente uno de los peores momentos del día: Nos arranca de golpe de una situación tan placentera como es el sueño, nos saca de la cama y nos impide dormir para decirnos que toca activarse y ponerse en marcha.
Pero por desgracia ese momento no solemos elegirlo nosotros. Casi nadie tiene opción de improvisar la hora a la que debe levantarse. Ya sea por trabajo, por querer hacer deporte o por tener que dejar en perfecto estado nuestra casa, el despertador es el gran dictador que nos obliga a levantarnos.
Una circunstancia, la de levantarse, que podría cambiar por completo la forma en que la vemos gracias al estudio realizado por investigadores de la Universidad de Colorado Boulder y el Instituto Broad del MIT y Harvard.
Un estudio que nos habla de lo positivo que es… ¡levantarse aún más temprano! Y como señala la autora principal Celine Vetter, profesora asistente de fisiología integrativa en CU Boulder.
- «Descubrimos que despertarse una hora antes se asocia con un riesgo significativamente menor de depresión».
Una hora antes, concretamente.
Esa es la variación descubierta por la ciencia que según parece reduciría de manera notable el riesgo de cualquier persona a padecer una depresión.
Esa variable (riesgo) decrecería hasta un 23% en caso de empezar el día 60 minutos antes de lo que estamos habituados.
- «Sabíamos que existía relación entre el tiempo de sueño y el estado de ánimo, pero ahora podemos darle un valor temporal concreto a la posibilidad de realizar ese cambio», insiste la profesora Celine Vetter.
Este estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Colorado Boulder y el Instituto Broad del MIT y Harvard es el más sólido realizado hasta la fecha y se muestra capaz de analizar cómo el cronotipo, es decir, la propensión que tenemos a dormir en un determinado momento, influye en el riesgo de depresión.
¿El insomnio produce depresión o la depresión provoca insomnio?
Hasta ahora no se sabía a ciencia cierta si el insomnio producía depresión o era la depresión la que acababa derivando en el insomnio. Ahora, con este estudio, la conclusión está más clara.
La investigación y sus conclusiones han sido publicadas en la revista científica JAMA Psychiatry.
Una investigación decubre la relación entre sueño y depresión 082768 / Marko Milivojevic photography
La innovación es poder cuantificar el tiempo
Las conclusiones obtenidas por el equipo científico vienen después de haber analizado a más de 840.000 sujetos dentro del ensayo.
Los motivos que llevaron a las universidades de Colorado y Harvard a realizar la investigación fue la vuelta a la normalidad tras la pandemia de COVID, que obligó a muchísimos trabajadores a volver a su puesto de trabajo y recuperar esos horarios que tenían antes de la llegada de la COVID-19.
Pretendían cuantificar exactamente el tiempo que habría de variarse la rutina del sujeto en cuestión para volver realmente a la normalidad, cosa que antes no se conocía.
Mas de 340 variantes genéticas
Existen más de 340 variantes genéticas que influyen en nuestro cronotipo por lo que utilizaron esa información a su favor para determinar la existencia, en el total de la muestra, de un 9% de «alondras», que es como llamaron a las personas propensas a madrugar.
Compararon ese dato con las encuestas y los registros médicos de diagnósticos de depresión.
- Gracias a técnicas estadísticas de gran valor, comparando ambas variables, se pudo dar respuesta, con un rotundo sí, a la pregunta de si quienes tendían a madrugar más también son menos propensos a tener depresión.
Los datos indican que, para aquellos que no tienen tendencia a madrugar, cada hora que antes se acuesten, aunque duerma el mismo tiempo que antes, reducirán en un 23% el riesgo de caer en depresión.
Tanto es así que, si lograran duplicar su objetivo, es decir, acostarse dos horas antes de lo normal, el dato de posibilidades de sufrir depresión caería en un 40%.
Convertirse en alondras
Existen diferentes nombres para los diferentes cronotipos.
- A quienes más madrugan, se les denomina alondras
- A quienes se acuestan más tarde se les viene a llamar búhos.
Es en esta diferenciación donde se explica la reducción del riesgo de depresión.
Está demostrado que una mayor exposición a la luz del día, como consecuencia de levantarse más temprano, tiene como consecuencia una cascada de impactos hormonales capaces de influir en nuestro estado de ánimo.
No todos estamos programados de la misma manera, pero mientras la sociedad sí esté programada del mismo modo, madrugar para trabajar y pasar la tarde y la noche descansando, los búhos tienen que hacer un esfuerzo ingente para no caer en problemas de salud y de baja productividad.
Una manera de darle vuelta a la situación es coger el toro por los cuernos y lanzarse a cambiar su cronotipo para como indica el estudio de las universidades de Colorado y Harvard, convertirse en alondra para tener una salud mental más sana.















