Una reunión maratoniana que acabó de madrugada y otra que apenas duró 12 minutos, protestas diarias ante la conselleria y manifestaciones multitudinarias por las calles de Valencia, un pleno interrumpido en las Corts a gritos de «consellera, dimisión» o la efectiva dimisión de centenares de miembros de los equipos directivos de institutos y colegios. Son parte del mosaico de imágenes que ha compuesto las tres semanas de huelga indefinida del profesorado, los 21 días más convulsos de la educación pública donde se han ido acumulando actuaciones insólitas dejando el calificativo de «histórico» como un apelativo con justificación.
Lo más difícil para contar una historia siempre está en dónde situar su inicio, ejercicio que acaba respondiendo a prismas con los que enfocar los acontecimientos. El comienzo oficial de este episodio se podría situar en el 11 de mayo, cuando la convocatoria de la «huelga indefinida» empezó a correr acumulando once jornadas ininterrumpidas de movilizaciones sin precedentes. Sin embargo, a aquella primera jornada se llegó ya con capítulos previos que aderezaban el momento para que ese arranque fuera un éxito, porque la advertencia del malestar venía de antes.
Cuándo es difícil de concretar. En mayo de 2024 se rompió una tregua de 12 años sin huelgas educativas. Hubo otra en diciembre de 2025. En el foco, la exigencia de una mejora salarial para compensar la pérdida de poder adquisitivo tras 19 años con la parte autonómica salarial congelada. Sin propuesta por parte de la conselleria, el 29 de abril varios sindicatos, entre ellos, Stepv, UGT PV y CCOO PV convocan la huelga indefinida. El 7 de mayo hay un último intento por evitar el conflicto: Educación ofrece una subida de 75 euros hasta 2029 que lejos de aplacar la indignación provoca que CSIF y ANPE se unan a los paros. «La huelga indefinida está servida«, sentenciaron.
Manifestación el primer día de la huelga en Elx. / Áxel Álvarez
Bajo ese caldo de cultivo comenzaron jornadas de gran despliegue movilizador del profesorado siempre con el paraguas de una unidad sindical pocas veces vista. Ese primer día el seguimiento es abrumador tanto en las aulas, donde los sindicatos cifran entre el 85 y el 95 % frente a alrededor del 50 % que lo señaló la conselleria, como en las calles, con marchas multitudinarias en Alicante, Castelló, Elx y València, donde acudieron 20.000 personas y tiñendo de verde, color de las camisetas reivindicativas, la Plaza de la Virgen.
En las siguientes jornadas las movilizaciones se diversifican: encierros en escuelas, protestas ante el Palau de la Generalitat o chalecos amarillos y pitidos ante la conselleria. Para entonces, el malestar de los docentes y las familias ya entra hasta en las reuniones de dirección del PPCV, con preocupación de los alcaldes. La presión empieza a dar sus frutos y la conselleria ofrece una reunión para el jueves a la que como novedad anuncia su presencia la consellera, Carmen Ortí, ausente en las anteriores.
Consultas y negativas
Pese a las expectativas, del encuentro se sale sin acuerdo al no haber propuesta salarial de la Generalitat valenciana. El gesto sirve de nuevo de abono para cerrar la primera semana de la huelga con una manifestación unitaria por València con más de 30.000 personas. En realidad, la semana acaba con un vídeo de Juanfran Pérez Llorca hablando con un grupo de docentes en la romería de San Pascual Bailón en Monforte del Cid prometiendo que el Gobierno valenciano presentaría una nueva oferta, esta vez sí, con subida salarial.

Desalojan del hemiciclo de las Corts a un grupo de profesoras al protestar en mitad del pleno. / Rober Solsona/Europa Press
Y llegó el lunes, y los sindicatos y la conselleria se reunieron. Y les dieron las 12, la 1 y las 2 (10 horas duró la reunión, hasta la madrugada), Educación subió considerablemente su oferta, con 200 euros más al mes, menos burocracia y sustituciones rápidas en Primaria, pero todavía no había acuerdo. Lo que sí hubo fue un ultimátum: los sindicatos debían decir el miércoles, 36 horas después, si aceptaban o no. Y cada quien hizo sus respectivas consultas, a sus afiliados, simpatizantes o direcciones, y salió que no. Lo verbalizaron ante la consellera durante 12 minutos, lo que tardó Ortí en levantarse de la mesa y dar por acabada la negociación.
Ese plante elevó la tensión de cara a las siguientes protestas, esta vez, en las Corts, en plena sesión de control. El president tuvo que acceder por la puerta de atrás ante una entrada copada por los docentes que no solo manifestaron su enfado fuera sino que lograron colarse en el palco de invitados e interrumpir el pleno en dos ocasiones. «Consellera, dimissió» fue el estribillo de la jornada a la que se añadía como elemento de presión la dimisión de 270 miembros de equipos directivos de los centros, otra circunstancia excepcional previa a la manifestación masiva del sábado y la negociación de este lunes.
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