Cuando Cihan la ha llamado, Alya apenas podía contener los nervios. Un grupo de hombres había rodeado el coche en el que iba y comenzaron a golpearlo con violencia. Sin saber qué estaba ocurriendo, Alya solo ha podido pedir ayuda.
Su marido ha pedido que mantuviera la calma y le ha dado una orden: «No tengas miedo. No salgas del coche. Pon el seguro, llegaré en un minuto». Sin perder un segundo, ha cambiado todos sus planes y ha ordenado a los suyos que se hicieran cargo de Halis mientras él salía a toda velocidad hacia el pueblo para encontrar a Alya.
Cuando por fin ha llegado hasta ella, lo primero que ha hecho ha sido comprobar que estaba bien. «¿Seguro que no te han hecho daño? No me mientas», le ha preguntado. Después, Cihan ha apartado a Alya del lugar y ha encarado a los vecinos que habían participado en la emboscada.
Aunque comprendía su enfado por los disparos contra la casa de Ramsay, les ha dejado claro que nunca volvería a permitir que utilizaran a su mujer para ajustar cuentas con él. Con Alya ya a salvo, Cihan ha demostrado una vez más que, cuando ella está en peligro, no hay nada ni nadie capaz de detenerlo.
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