La modernización del campo extremeño ya cabe en la pantalla del teléfono móvil. La Comunidad de Regantes del Valle del Zújar, en la provincia de Badajoz, ha puesto en marcha esta semana su primera campaña de riego modernizado, una infraestructura pionera, autosuficiente energéticamente y con un alto nivel de automatización que sitúa a esta zona como uno de los referentes nacionales en la gestión inteligente del agua.
El proyecto, que comenzó a gestarse en 1995, ha culminado ahora con la entrada en servicio de un sistema que permite a los agricultores programar el riego desde una aplicación móvil, elegir fechas, horarios y duración, y dejar que una red inteligente ejecute automáticamente las órdenes en cada parcela.
El secretario y técnico de la Comunidad de Regantes del Valle del Zújar, Antonio Manuel Hidalgo, ha destacado la «satisfacción y alegría» de los 292 comuneros tras el arranque del sistema, que se ha producido esta misma semana después de varias pruebas técnicas realizadas entre el 4 y el 14 de mayo. «Después de tantos años esperando este proyecto, ver ya el agua llegando a las parcelas es una enorme alegría. Algunos comuneros todavía no se lo creen», ha afirmado Hidalgo.
Más de 1.100 hectáreas conectadas
La nueva infraestructura dará servicio a más de 1.130 hectáreas, principalmente de olivar, aunque también incluye pequeñas superficies de almendro y pistacho. El objetivo es transformar una zona marcada por el estrés hídrico durante los meses de verano y mejorar la productividad de un cultivo clave para Monterrubio de la Serena y su entorno.
Una parcela con un olivar joven en Monterrubio de la Serena. / JUNTA DE EXTREMADURA
El sistema se apoya en una red automatizada que permite gestionar el riego de forma remota y controlar en tiempo real tanto los consumos como el funcionamiento de la instalación. El agricultor puede seleccionar desde su teléfono móvil cuándo quiere regar y durante cuánto tiempo, mientras la infraestructura ejecuta el programa de manera autónoma.
«Tenemos un regadío para disfrutarlo y para enseñarlo. Estoy convencido de que hay pocos regadíos en España como este», ha asegurado Hidalgo.
Uno de los elementos más destacados del proyecto es su autosuficiencia energética. La instalación funciona gracias a una planta fotovoltaica de 1,3 megavatios, que permite operar completamente desconectada de la red eléctrica convencional. Es decir, el sistema no depende del suministro eléctrico externo para bombear y distribuir el agua hasta las parcelas.
Agua, datos y energía solar
El agua se almacena en dos balsas, Hatillos y Cantador, con una capacidad conjunta de 2,1 hectómetros cúbicos. Desde allí se distribuye a través de redes primarias, secundarias y terciarias hasta cada explotación. La infraestructura incorpora comunicaciones por radio y un sistema de control diseñado para mantener los programas de riego incluso si se produce una pérdida temporal de conexión.
«Es un sistema muy robusto. Aunque falle la comunicación, la instalación sigue funcionando porque las órdenes quedan guardadas», ha explicado el técnico de la comunidad.
La plataforma incluye además herramientas de aprendizaje y predicción de consumo que permiten optimizar el uso del agua, anticipar necesidades de riego y mejorar la eficiencia en cada campaña. En una zona donde el agua condiciona directamente la rentabilidad del olivar, la modernización supone un salto tecnológico, pero también económico.

Instaciones del regadío de Monterrubio. / El Periódico
Según Hidalgo, el riego permitirá multiplicar la productividad del cultivo y mejorar tanto el rendimiento como la calidad final del aceite. «Está demostrado que el riego puede triplicar o incluso cuadruplicar la producción, aumentar el rendimiento graso y mejorar la calidad del aceite», ha señalado.
Un impulso para el olivar
La puesta en marcha de esta infraestructura supone también un impulso económico y social para Monterrubio de la Serena y su entorno, donde el olivar y el aceite de oliva con denominación de origen constituyen uno de los principales motores de actividad.
El proyecto ha sido financiado en un 80% por la Junta de Extremadura y en un 20% por la propia Comunidad de Regantes, que ha destacado el respaldo de las distintas administraciones regionales durante estos años, así como el apoyo financiero de Caja Almendralejo.
Con la primera campaña ya en marcha, el Valle del Zújar ha cerrado una espera de casi tres décadas y ha abierto una nueva etapa para sus agricultores. El agua llega ahora a las parcelas después de años de trámites, obras y pruebas, pero lo hace con una infraestructura preparada para regar con energía solar, medir cada consumo y convertir el móvil en una herramienta más del campo extremeño.
















