«El diseño de ‘máxima presión’ que de manera enfermiza pregonan algunos desde EEUU, es parte de la estrategia para justificar la falsa matriz de colapso y con ello la intervención militar«. El mensaje del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, en X durante un domingo que tuvo el 64% del territorio a oscuras, pareció continuar las discusiones con Washington a lo largo de una semana marcada por numerosos incidentes: la acusación en un tribunal de Miami contra el nonagenario Raúl Castro, el desplazamiento del portaviones nuclear USS Nimitz en aguas del Caribe y otras presiones dirigidas contra el aparato económico y militar de la isla.
«La afirmación del secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, de que Cuba representa una amenaza para la Seguridad Nacional de su país, no pasa de ser una cortina de humo, una maniobra propagandística grosera destinada a justificar lo injustificable», señaló por su parte Granma. El mensaje de Díaz-Canel y el editorial del órgano oficial del Partido Comunista (PCC) se conocieron pocas horas después de que la gobernadora de Puerto Rico, Jenniffer González, augurará una intervención militar de Estados Unidos contra Cuba en «las próximas semanas». González había sido entrevistada por el programa de Molusco en la emisora portorriqueña KACU 105. Tras defender la condición de estado libre asociado a EEUU, González hizo referencia a los conflictos actuales en los que está inmersa la Administración de Donald Trump. «Tenemos una guerra (comercial) con China, tenemos una guerra con Irán, tenemos una guerra con Rusia, teníamos una guerra hasta los otros días con Venezuela y vamos a tener una con Cuba«. Recordó además que Puerto Rico fue «clave» para la operación que desembocó en el secuestro de Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero, y volverá a hacerlo «para la política pública de los Estados Unidos en Latinoamérica. En febrero de 2026, González ya había declarado públicamente que haría «todo lo que sea para respaldar a nuestras fuerzas militares y la política» de Trump para «liberar al pueblo cubano».
El subsecretario de Estado norteamericano, Christopher Landau, cargó a su vez el domingo contra el «régimen abiertamente dictatorial que no ha permitido una libre elección en ¡67 años! y que ha destruido la economía nacional a tal punto que se importa hasta el azúcar y la gente come de los basureros». El número dos de Marco Rubio rechazó las expresiones de solidaridad de grupos afines al Gobierno mexicano con Raúl Castro y, de paso, cuestionó la legitimidad de las autoridades cubanas para mantenerse en el poder. «¿Desde cuándo una dictadura absoluta —que ha durado más de cuatro veces la gestión de Pinochet en Chile y que se ha sostenido solamente como parásito a otros países como la URSS y Venezuela— representa la ‘autodeterminación’ y la ‘dignidad’? «.
El ritmo de la escalada
El conflicto entre Washington y La Habana entró en una etapa de aceleración tras el 3 de enero. El «cerco energético» dispuesto por Trump a fines de ese mes fue apenas el comienzo de una escalada que incluyó otra batería de sanciones que agudizaron los problemas de una isla sin una gota de petróleo proveniente del exterior desde que se agotó el suministro excepcional del carguero ruso que llegó semanas atrás. El recrudecimiento de la presión incluyó días atrás un mensaje de Rubio a los propios cubanos en el que responsabilizaba a los militares de la crisis y condicionaba una mejora de las relaciones al abandono del control de la economía y las finanzas, así como la realización de elecciones libres.
La semana comienza con la pregunta de numerosos analistas sobre cuáles serán los próximos pasos de la Casa Blanca. El mensaje de Rubio tuvo el propósito de conmemorar un aniversario de la creación de la República cubana, el 20 de mayo de 1902. La institucionalidad de la isla estuvo marcada por la posibilidad latente y tres veces materializada de la intervención del vecino mayor. El castrismo abominó de la era republicana, mientras que sus oponentes nunca dejaron de añorarla. Los relatos sobre un tiempo pasado que merece ser recuperado recrudecen en Miami y en las redes sociales donde se manifiesta con mayor contundencia el malestar de los cubanos «de la isla» con sus autoridades.
A lo largo de un domingo sin luz, los teléfonos aún en condiciones de enviar o recibir mensajes se convirtieron otra vez en foros del descontento. Cuba está paralizada y expectante. Sin turistas, sin energía y pocos alimentos, y el presente de amarguras ha estado otra vez en el centro de los intercambios. Las palabras de Rubio, Landau y Jenniffer González son objeto de comentarios. Díaz-Canel tiene los ojos puestos en esas comunicaciones pero poco puede hacer. Como si tratara de ofrecerles una buena noticia entre tantos pesares escribió en X para anunciar la llegada de 15.000 toneladas de arroz donados por China. «Este importante cargamento, que arribó el sábado al Puerto de La Habana, marca el inicio de un nuevo donativo de 60.000 toneladas en total, que arribarán gradualmente a nuestra Patria».
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