El día después de que el Real Mallorca descendiera a Segunda División amaneció soleado en Palma. Silencio en las calles. El equipo más representativo de Baleares había caído la noche anterior a LaLiga Hypermotion a pesar de ganar 3-0 al Oviedo -el golaverage con otros equipos le condenó- y los abonados más acérrimos optaron por irse de playa para ahogar su pena. Y es que el equipo jugó con fuego muchas semanas.
El futuro, ahora, es del todo incierto. Según dijeron de madrugada, en una especie de rueda de prensa/canutazo, los regentes actuales piensan «seguir trabajando para devolver lo más pronto posible al equipo al lugar que se merece» y nadie habló de dimitir. «Ya sabemos por experiencia lo que es un descenso», puntualizaron, como si esto fuera garantía de algo.
Hablaron el director deportivo, Pablo Ortells, y el CEO de negocio, Alfonso Díaz, quiénes prefirieron comparecer un par de minutos cada uno ante los periodistas, y así ahorrarse una rueda de prensa larga y comprometedora.
Demichelis quiere quedarse
Ahora todo está en el aire. El entrenador, Martín Demichelis, insiste una y otra vez en que quiere quedarse para «reconstruir» el equipo, mientras, desde el club dudan al respecto. La Segunda División es otra cosa, y el argentino y sus cinco ayudantes no tienen experiencia en la categoría.
Jugadores con sueldos altos (Marash Kumbulla, Vedat Muriqi o Samú Costa, por poner algunos ejemplos) están obligados a salir, entretanto ‘promesas’ como Jan Virgili o Pablo Torre preferirán, a buen seguro, continuar progresando en la élite. En cuánto a la presidencia, que en este caso es sinónimo de ‘propiedad’, parece que Andy Kölberg seguirá con un proyecto que sólo da bandazos.
Cuando se despidió al mexicano Javier Aguirre -un entrenador resultadista y que siempre supo mantener al Mallorca en Primera-, el club señaló que su intención era «subir el nivel de exigencia y mirar de lograr cotas más altas». Fichó a Jagoba Arrasate para el banquillo, pero le dio una plantilla más bien mediocre. Y en este curso, los fichajes han sido escasos, su rendimiento demasiado discreto, y el cambio tardío de entrenador -Demichelis por Arrasate- ha rozado el milagro pero no se ha producido. Futuro incierto y poco halagüeño es el que tienen por delante unos aficionados que, a pesar de todo, siempre están junto a su equipo.









