El Kanka ya ha colgado el no hay billetes en dos de los seis recitales que va a ofrecer en el Teatro Cervantes (8, 9, 10, 12, 13 y 14 de junio) para presentar su séptimo disco, ‘La calma’. «No solo quiero batir un récord personal, sino que le quiero robar el récord a Raphael, que es el artista musical con más Cervantes seguidos. Tengo cuatro y Raphael, tenía cinco. Y, hombre, todos queremos mucho a Raphael, pero que tenga los récords de Cervantes alguien que no es de Málaga… me daba coraje. También es una excusa para cantar una semana en mi tierra«, asegura el malagueño.
¿Cómo diría que ha evolucionado su música desde que cantaba en bares y salones hasta ahora?
La música evoluciona igual que uno evoluciona. Sí que veo proyectos que se plantean a lo mejor con cada disco, como Rosalía. Empezó con un disco de flamenco, luego se inventó una movida llevando el flamenco a otro sitio, luego hizo un disco superecléctico, hasta con música lírica. Es una artista que se plantea conceptualmente una evolución de forma explícita. En mi caso no es así. Yo quiero hacer las mejores canciones que pueda.Por supuesto, no escribo exactamente igual, ni me interesan las mismas cosas a la hora de escribir ahora que tengo 43 años que cuando tenía 23. De forma natural me van gustando otras cosas. Hay una evolución orgánica.
Una evolución que le ha llevado hasta el lugar que da título al disco.
Estoy en la búsqueda. Tengo mis momentos. De entrada darse cuenta y estar en la búsqueda ya es algo. Siento que quizá en este momento histórico o social, más que nunca, estamos inquietos, nerviosos, crispados, polarizados. Siento que es necesario pararse, respirar, reflexionar, hacer cosas que no respondan a estímulos inmediatos. Todo esto que pasa con las redes es algo incluso un poco compulsivo. Y es algo en lo que estamos todos. También hay que tirarse una hora leyendo, darse un paseo, estar en la naturaleza. A cada uno lo que le sirva para parar un poco esa rueda tan estimulante en la que vivimos.
La música evoluciona igual que uno evoluciona. Sí que veo proyectos que se plantean a lo mejor con cada disco, como Rosalía. / Álex Zea
¿Qué fue lo que primero que necesitó silenciar o parar para ponerse a escribir las canciones de este disco?
Soy bastante prolífico. Yo soy un neurótico, con muchas taras. Pero por lo que sea, y no me preguntes por qué, el proceso creativo en general lo llevo bastante bien. No soy un artista neurótico, soy una persona neurótica. Me llevo bastante bien con el proceso. No me cuesta sentarme delante de la hoja en blanco y avanzar aunque la canción no me esté gustando. Pienso que si avanzo a algún sitio, llegaré a algo que me guste. Apenas hay épocas donde no esté con alguna cancioncilla o alguna idea. Paradójicamente, siento que me llevo tan bien con la música y con el proceso creativo, pero no me he llevado siempre tan bien con la profesión.
¿Por qué?
Es una profesión muy particular, muy bonita, por supuesto, y a veces incluso muy sencilla. Pero otras veces es muy dura, todo lo que tiene que ver con viajes, con excesos, con trasnoches y todo lo que tiene que ver con la inestabilidad. Yo no sé qué disco va a funcionar, cómo me va a ir el año que viene. Eso nunca se sabe. De repente, a la gente el año que viene no le gusto más y me dan por culo [Risas]. Todo eso genera el contraste entre estar en un concierto con un montón de gente y terminar e irte al hotel, completamente solo.
Hablando de contrastes, el disco se llama La calma, pero dentro hay una canción que se llama Ansiedad, que podríamos decir que es un poco como la antítesis de esta calma. La define como un tropiezo en el corazón y al final dice que se deshace solo si la miras de frente. ¿Cuál es la mejor forma de hacer eso?
Ojalá tuviera yo una fórmula mágica. Creo que nada de lo que haga es milagroso, pero todo ayuda. Yo soy de los que piensan que un proceso de ansiedad o un ataque de pánico es un síntoma de otra cosa. Yo lo llevo peor cuando no sé bien la causa. Por ejemplo, si casi tengo un accidente con el coche y casi la palmo en la carretera, entonces tengo ansiedad. Yo esa ansiedad la entiendo perfectamente, cuando yo me paro en la gasolinera a echarme agüita en la cara pensando que iba a morir. Tiene sentido. La putada es cuando me monto en el coche y eso ya me da ansiedad. Digo:«Coño, ¿pero qué pasa?». Eso me hace rayarme de más porque no entiendo lo que está pasando. Pienso que la ansiedad siempre responde a alguna causa consciente o inconsciente. Y es interesante ver qué pasa ahí. Yo creo en eso. En hacer terapia o lo que sea para ver un poquito cuál es la causa. Yo hago meditación, por ejemplo. Me sienta muy bien porque siento que es un entrenamiento para no pensar de más, para volver al cuerpo. Y tener una vida un poco más ordenada, más amable. A mí la música me viene muy bien. Cuando estoy componiendo estoy concentrado en eso. Y a mí eso me aleja de darle vueltas a los demonios.

En Andalucía, no solo en Málaga, hay una cierta predisposición a decir una tontería todo el rato / Álex Zea
En sus canciones utiliza el humor y la ironía.
A ver, yo soy de Málaga, por eso la tontería. Por supuesto, hay gente extremadamente graciosa en Navarra y gente superaburrida en Málaga. Pero sí que es cierto es que en Andalucía, no solo en Málaga, hay una cierta predisposición a decir una tontería todo el rato. Hay algo ahí que se desarrolla en el lenguaje más cotidiano. Yo voy a la carnicería y es muy normal que el tío o la tía de allí me suelte una pamplina y que yo le responda con otra. El humor está en el orden del día y forma parte del código genético. No lo puedo evitar, yo soy así también, soy un tío muy pamplinoso. Me gusta reírme, me gusta hacer reír. Y de forma natural se me cuela en las canciones.
¿Se sigue poniendo nervioso en los conciertos ahora que ha vuelto a girar?
Sí. Me acuerdo del concierto más multitudinario que hice, que fue en Bogotá, en Colombia. Era un festival gigantesco y me dijeron que había unas ochenta y pico mil personas. Ese día te puedo asegurar que me temblaban las piernas. Pero te puedo asegurar que en la salita pequeña también estoy nervioso. Al final uno quiere hacerlo bien. Creo que es normal que siempre haya al menos una tensión, antes de enfrentarse a esa locura.
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