Alya ha tomado una decisión que la pone directamente en el ojo del huracán. Se ha ido hasta la casa donde Kaya y Zerrin están escondidos para intentar buscar una salida a su situación.
Nada más verse, Kaya le ha confesado a Alya que mañana mismo piensan casarse gracias a la ayuda de Kadir. Para él, la boda es su única vía para que nadie pueda volver a separarlos. Está convencido de que, una vez que sean marido y mujer, ni la familia de Zerrin ni los Albora podrán hacer nada para deshacer su unión, pase lo que pase.
Aunque quiere ayudarlos, Alya no ha podido ocultar su preocupación y les ha recordado que Sadakat no va a aceptar a Zerrin así como así. «Corréis mucho peligro», les ha advertido, intentando que abrieran los ojos antes de que sea demasiado tarde. Sabe de sobra que a Cihan no le gusta nada que le lleven la contraria, y menos en un asunto que afecta al honor de la familia.
Pero Kaya no quiere escuchar razones y está dispuesto a todo, incluso a marcharse lejos si las cosas se complican después del «sí, quiero«. El joven confía ciegamente en que su hermano Cihan terminará por ablandarse y les echará una mano cuando vea que ya no hay marcha atrás.
Al pedirle que sea su testigo, Alya no ha podido negarse. «No voy a decir nada«, ha prometido. Mientras tanto, el jefe de los Albora sigue creyendo que tiene el control de todo, sin sospechar que su mujer y su mano derecha le están engañando.
La cuenta atrás para la boda ha empezado y el futuro de Kaya y Zerrin depende ahora de que este secreto no salga de las paredes de esa casa.
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