Iñaki Rupérez vivió este fin de semana una montaña rusa de emociones que terminó con un sabor de boca amargo. El lateral derecho navarro, ascendido al primer equipo el pasado verano, se convirtió en la gran novedad de la Real Sociedad al entrar por primera vez en la lista de convocados tras pasar prácticamente toda la temporada en blanco debido a una grave lesión de menisco sufrida en la pretemporada. El club anunció a bombo y platillo su inclusión en una citación inicial de 25 futbolistas para medirse al Valencia, lo que parecía el final feliz a un largo calvario de nueve meses de recuperación y la antesala de su esperado debut oficial con la elástica txuri urdin.
Sin embargo, la alegría duró poco y el movimiento del cuerpo técnico terminó por tornarse en un sinsentido difícil de explicar. Como dicta la normativa, Pellegrino Matarazzo debía recortar la lista definitiva a 23 efectivos antes de que rodara el balón en Anoeta. El técnico estadounidense optó por descartar al tercer guardameta y, para sorpresa generalizada, el descarte de campo fue el propio Rupérez. La decisión no se entiende demasiado: carece de lógica médica y deportiva incluir a un futbolista recién salido de una lesión de larga duración en una convocatoria oficial si de antemano se sabe que no tiene la menor opción de vestirse de corto.
Tras este extraño episodio, la realidad es que el canterano sigue formalmente en blanco esta campaña y las oportunidades para estrenarse se agotan. Con el curso herido de muerte, a la Real Sociedad solo le resta un único encuentro por disputar frente al Espanyol para poner el broche definitivo a la competición. Se antoja de justicia que el navarro pueda tener al menos unos minutos residuales en el verde para premiar su esfuerzo en la sombra, pero tras el precedente vivido ante el Valencia, su presencia real en el cierre liguero se ha complicado de forma superlativa.














