El Bernabéu no perdona. Este jueves volvió a decir basta y castigó sin piedad a Kylian Mbappé con una pitada bestial, la más estruendosa de la noche en un intrascendente Real Madrid-Oviedo con máxima tensión en una grada ‘adornada’ con pancartas en las que se podía leer ‘Florentino, dimisión’, ‘Florentino culpable’ o ‘Florentino vete ya’. El servicio de seguridad del club trabajó a destajo para retirarlas.
En plena convulsión, la afición merengue está muy enfadada, hasta las narices, especialmente con el atacante francés tras su polémica escapada a Cerdeña junto a su pareja en plena recuperación de su lesión y se lo recordó con muchos silbidos antes de empezar el partido, cuando el videomarcador le enfocó al calentar, y después con una bronca histórica que rompió el sonómetro tras sustituir, con un sorpresivo gesto sonriente, al canterano Gonzalo García en el tramo final de la contienda.
Mbappé, a quien buena parte del malhumorado madridismo le acusó de haberse ‘borrado’ del Clásico en el Camp Nou, donde el Barça se coronó campeón de Liga tras despachar a la tropa de Arbeloa por la vía rápida, reapareció tras sus problemas físicos en el minuto 69. El galo se llevó una tremenda pitada, de las mayores que ha sufrido un crack del Real Madrid en la historia del club. La parroquia merengue le hizo saber su enorme disgusto al francés en cada balón que tocó, después de relevar a un Gonzalo que abrió el marcador y que fue ovacionado por su esfuerzo.
Fue un más que serio toque de atención para un Mbappé que ha marcado esta campaña 41 goles en 42 partidos entre todas las competiciones, pero que no han servido para conquistar ningún título. En este curso de pesadilla para el Real Madrid, la afición no es que esperara más tantos del galo, sino más compromiso del futbolista parisino.
Mbappé terminó el partido sonriendo tan tranquilo, en un Bernabéu ya semivacío, en el que se vivió una agitadísima noche de cuchillos largos que tampoco pareció afectar a su querida madre, Fayza Lamari, presente en un palco del Bernabéu, donde se tomó a risa, como si estuviese viendo una película de Pajares y Esteso, la ya histórica pitada a su hijo.
Al de Bondy no le queda otra ahora que tragar saliba y espabilar tras quedar definitivamente señalado por un furioso Bernabéu que ya ha perdido la paciencia con él. Si al final también la pierde Florentino, otro gallo cantará.










