¡Qué se acabe ya este ridículo!

Cada vez que me acerco a Mestalla lo hago con un pesar que me impide centrar la atención únicamente en cómo rueda el balón. Lo siento, pero no puedo. Desde el verano de 2015, con el oasis en este desierto de lo hecho por Marcelino y Alemany, el Valencia CF está siendo desangrado, gota a gota, por su máximo accionista y por todos los que prefieren hacerle la pelota por interés propio a mirar por el del club.

Fuente