Hasta ahora, Ferraz había tratado de encapsular la trama de las cloacas en Leire Díez y Santos Cerdán.
Ambos, según las explicaciones de dirigentes socialistas, habrían actuado a espaldas del partido, aunque uno era nada menos que el secretario de Organización y ya está imputada la gerente, Ana María Fuentes.
Pretendían en el PSOE abrir un cortafuegos con el que evitar que el incendio siguiese ascendiendo, pero esa estrategia se ve arruinada con los whatsapps obtenidos por la UCO que prueban que Cristina Narbona conocía las actividades de la fontanera desde 2024.
Los agentes recogen una conversación mantenida el 24 de abril de ese año en la que Leire Díez le hablaba de «reconducir» los ataques al presidente del Gobierno, de prestar «una ayuda cualificada» y de darle la vuelta a la situación «como un calcetín». Es el día clave en el que Sánchez anuncia que se tomará unos días de reflexión tras conocerse la imputación de su esposa.
En su respuesta, Narbona asegura que esas cuestiones «ya se las había contado a Santos el otro día».
La afirmación de la presidenta del PSOE indica que estaba al corriente de las maniobras de las cloacas.
Un año después, la exministra de Medio Ambiente con José Luis Rodríguez Zapatero, persona con gran predicamento dentro del partido, aseguraba estar «sorprendida» por las actividades de Leire Díez.
Era el 28 de mayo y, ante los periodistas en los pasillos del Congreso de los Diputados, Narbona faltaba a la verdad al expresar su «absoluta sorpresa». También admitía, afligida, sentirse «muy disgustada».
Cristina Narbona (PSOE), «muy disgustada» con la actuación de la militante Leire Díez en relación a la UCO: «La conocí hace mucho tiempo en Santander, se encargaba de la comunicación. Ha sido una sorpresa y estoy muy disgustada» https://t.co/oltrc8iTcj pic.twitter.com/kkLmnG7rnN
— Europa Press (@europapress) May 28, 2025
Las declaraciones las realizó después de que salieran a la luz las primeras grabaciones de la fontanera en las que quedaba claro que realizaba gestiones con el objetivo de desacreditar a la UCO y a la Justicia.
Unos minutos más tarde, quizá fruto del ajetreo de la jornada o de la intensidad informativa, la veterana política se quedaba dormida en su escaño, tal y como reflejó EL ESPAÑOL aquel día.
Un año más tarde de este episodio y dos desde que Narbona conoció las actividades de la cloaca, en el PSOE sostienen que Leire Díez no envió a Narbona ningún documento y que la presidenta del partido se limitó a ponerla en contacto con el secretario de Organización.
Esa misma versión ha dado Cristina Narbona este jueves. Según el partido, días más tarde de aquello, Santos Cerdán, tras examinar la información entregada por Leire, le habría trasladado a la presidenta del PSOE que «no tenía nada que no se supiese ya».
En Ferraz consideran que, con estas explicaciones, la derivada que afecta a Narbona quedaría zanjada y no prevén que el asunto vaya a escalar.
Tras conocerse este miércoles el contenido del sumario, Ferraz difundió un comunicado en el que calificó de «farsantes, oportunistas y resentidos» a los integrantes de la red investigada. Y aseguró que sus actuaciones respondían a una «suma de comportamientos individuales» ajenos a cualquier directriz del partido.
El comunicado, sin embargo, evita dar nombres y no aclara a quiénes se dirigen exactamente esos calificativos, aunque fuentes de la formación los atribuyen principalmente a Leire Díez.
La relación entre Narbona y Leire Díez no es reciente y viene de antes de su etapa como presidenta del PSOE.
Se remonta, al menos, a la etapa en que la fontanera dirigía la comunicación de los socialistas cántabros y a los veraneos del matrimonio Borrell-Narbona en Santander, donde suelen participar en actividades de la Universidad Menéndez Pelayo.
Desde entonces, el trato entre ambas habría sido «esporádico», según admiten en el PSOE, pese a la familiaridad que revelan unos mensajes que ahora ponen en cuestión la estrategia socialista.
Un cargo más que honorífico
La figura de Narbona no es baladí, aunque su cargo de presidenta del PSOE es principalmente honorífico.
No tiene responsabilidad ejecutiva, aunque preside las Ejecutivas del partido, suele acudir a actos institucionales en representación del PSOE y ejerce funciones de arbitraje.
En el partido aseguran que tiene «interlocución» con todos y destacan su tono amable, que le ha permitido escuchar algunas de las confidencias internas.
Antes de Narbona, por este puesto pasaron Ramón Rubial, Manuel Chaves, José Antonio Griñán o Micaela Navarro.
Narbona es uno de esos cargos que se mantienen desde que Sánchez llegó a la Secretaría general, en 2017. Sin cambios. Ha sobrevivido a los tres congresos del sanchismo.
La presidenta se mantiene incólume pese a que el secretario general ya va por su tercer secretario de Organización y su segunda vicesecretaria general.
Con ese puesto, sostienen en el PSOE, Sánchez quiso premiar a uno de los pocos exministros que apostaron por él en las primarias, Josep Borrell, marido de Narbona.
De esa forma el nuevo PSOE de Sánchez busca cierta complicidad con etapas anteriores, ya que Narbona fue una de las ministras mejor valoradas bajo la batuta de José Luis Rodríguez Zapatero.
«Las políticas ecologistas llevan el sello Narbona«, sentencian en el PSOE, que la consideran responsable del «éxito» político de integrar las políticas verdes dentro de la marca socialista y evitar que, a diferencia de lo ocurrido en otros países europeos, ese espacio lo ocupase un competidor electoral.
Incluso este miércoles, alguien tan poco sospechoso de sanchista como Emiliano García Page glosaba su política de desaladoras en el Mediterráneo tras derogar los socialistas el trasvase del Ebro impulsado por José María Aznar.
Borrell, tras ser nombrado ministro de Exteriores por Sánchez, tuvo sonoros encontronazos con los independentistas, que llegaron incluso a escupirle en el Congreso.
Tras abandonar el Gobierno para ser comisario europeo, siguió respaldando las políticas del presidente del Gobierno, a excepción de la ley de amnistía.
No se le conocen más divergencias, pese a que Sánchez pactó con aquellos que Borrell había aborrecido y combatido, como Carles Puigdemont u Oriol Junqueras.













