La presión por encontrar a los fallecidos a medida que pasaban las horas fue muy dura

Cuatro meses después del accidente ferroviario de Adamuz, el director técnico del Consorcio de Bomberos de la Diputación de Córdoba, Francisco Carmona, ha relatado cómo se vivieron las horas más críticas de una tragedia sin precedentes. Para Carmona, que estuvo al frente del dispositivo, la lección más importante fue la necesidad de organización y coordinación en las primeras horas. Una experiencia que, asegura, «te obliga a reflexionar, a pensar qué has hecho mal para intentar poner remedio». Todo ello, a pesar de que, asegura «porque estuve allí», que el trabajo fue impoluto, con una coordinación entre sanitarios y efectivos de emergencia que agilizó el trabajo de rescate porque «sabíamos cuántos heridos y fallecidos quedaban gracias al triaje de los sanitarios», afirma. 

La intervención comenzó con una prioridad: la de atender a los heridos y a los supervivientes. Carmona recuerda que «a la una menos cuarto de la mañana estaban fuera todos los supervivientes». A partir de ese momento, y con los heridos ya atendidos gracias al triaje de los sanitarios, los esfuerzos se centraron en la recuperación de los fallecidos.

La presión por encontrar a las víctimas

Los días siguientes estuvieron marcados por una creciente presión. «Teníamos reuniones periódicas en el puesto de mando […] y siempre era lo mismo, las familias estaban apretando mucho, lógicamente», explica Carmona. Esta presión se intensificó el tercer día, cuando tras localizar a una de las últimas víctimas, les comunicaron que había dos desaparecidos más, lo que supuso «un jarro de agua fría». 

Fue peor aguantar la presión de los fallecidos que no aparecían, que trabajar en la zona cero la primera noche»

Francisco Carmona

Director Jefe del Consorcio de Bomberos de la Diputación de Córdoba

La sensación de derrota de esa jornada dio paso a un renovado impulso al día siguiente, con el único objetivo de localizar a los últimos cuerpos. El alivio llegó finalmente cuando encontraron los cadáveres del capitán legionario y la persona que viajaba con él. «La sensación cuando los encontramos fue de alivio por la familia«, confiesa Carmona, describiendo una mezcla de emociones entre el deber cumplido y el dolor por la tragedia.

proteger a los bomberos

Carmona identifica la primera noche como el momento de mayor riesgo para los equipos de rescate. Con casi 60 bomberos a su cargo en la zona, la oscuridad, el frío intenso y la inestabilidad de los vagones «retorcidos y tensionados» creaban un escenario de fuerte peligro. El temor a que una maniobra provocara el colapso de la estructura le llevó a tomar una decisión difícil.

A las cinco de la mañana, el jefe de bomberos ordenó la retirada de sus hombres a pesar de que algunos querían continuar. «Tenía que mirar por ellos, no me fiaba de que pudiera pasarles algo y ordené la retirada. Por los fallecidos, desgraciadamente, ya no se podía hacer nada, y los heridos habían sido evacuados al completo«, explica. 

Estábamos, a las cinco y media de la mañana, aún buscando fallecidos. Tenía miedo de que los vagones produjeran más heridos entre los bomberos»

Francisco Carmona 

El impacto psicológico en los intervinientes fue innegable, hasta el punto de que el propio Carmona admite tener lagunas de memoria sobre momentos concretos del rescate. Por ello, se activaron terapias grupales con psicólogos para todo el personal. «No es algo que te endurezca, pero sí te va curtiendo», reflexiona sobre cómo los bomberos gestionan estas situaciones extremas.

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