La exhibición futbolística más apasionada de la temporada blanca y en blanco ha correspondido a un madridista de 79 años. Si los presuntos atletas se hubieran desempeñado esta temporada con la furia desatada que exhibió el conspiranoico Florentino Pérez, el club habría obtenido otra Champions. Ante un ridículo deportivo sin precedentes, el líder único del Real Madrid ha agarrado el balón para lanzarlo sobre el colectivo culpable de sus males. La prensa madrileña, la prensa madridista.
Florentino arrojó a la hoguera a los herejes, con nombres y apellidos.
No se olvidó de las vacas sagradas a las que dejó sin trabajo, como José María García o SantiagoSegurola. Proyectó la estirpe de «malos periodistas» hasta los últimos huevos de la serpiente. Dado que no señaló a un solo comunicador que le complaciera, queda claro que se trata de prohibir cualquier crítica negativa, y reducir el comentario a las plañideras de Real MadridTV.
Aunque «florentino» significaba astuto en el fondo y moderado en la expresión, diplomático en suma, con el aditamento del españolísimo Pérez ha entrado a sangre y fuego en el oasis de la prensa madrileña. Ha escogido la vía de Trump y, dado que no puede pronunciarse ni una palabra a favor del presidente estadounidense, cabe agradecer al propietario único del club blanco y deACS que se muestre tal como es, sin aditamentos ni maquillajes. Incluido el machismo de presuponer que una mujer carece de credenciales para escribir de fútbol. O su condescendencia hacia los niños africanos. Es importante conocer sin embozo a los personajes de la trama.
Dos días después del estupefaciente Barça-Madrid, donde cuesta aseverar que los blancos presentaron a un equipo a concurso, la culpa de las deprimentes prestaciones corresponde a periodistas madrileños que le seguían sonriendo a Florentino, mientras les insultaba a la cara.
Con la excusa de los socios anónimos, Florentino volvió a predicar que «el Madrid soy yo». Desorbitado mientras hurgaba en el móvil las pruebas de sus denuncias, como un cuñado en la cena de Navidad, en realidad se estaba apañando cuatro años más de presidencia. La convocatoria apresurada de la primera rueda de prensa en décadas debió ajustarse a una retirada racional del presidente. Salvo que no murió matando, mató para seguir vivo.
Dan ganas de compadecer a los entrenadores pretéritos y futuros, obligados a convivir con un pobre ser humano que se cree habitante del Olimpo. Trató de mendigos incluso a los futbolistas, que no cobraban cuando llegó. Repitió media docena de veces que «soy el mejor presidente del Madrid y de la historia del fútbol». Solo le faltó recordar que se merece elNobel de la Paz. Su alumnoTrump tiene mucho que aprender.
La bienvenida sinceridad de Florentino, que debería exigirse a la tropa de ministros anodinos, tiene trampa. Mientras insultaba con una mano, el prestidigitador se sacaba de la otra manga unas elecciones que pillen a contrapié a sus presuntos y desmedrados rivales. Tras el fracaso sobre el césped, presume de competitivo con tácticas truhanescas. Revistió su eternización de democracia, pero con tal desmesura que cabe preguntarse si está capacitado para cualquiera de los cargos deportivos y financieros que desempeña. O tal vez ejercer de billonario sea más sencillo de lo que se pensaba.













