El caso de Beñat Turrientes fue, sin duda, la nota más discordante en el empate de la Real Sociedad frente al Betis. Por primera vez desde que Pellegrino Matarazzo tomó las riendas del conjunto donostiarra, el centrocampista de Beasain se quedó inédito en el banquillo durante los noventa minutos. Esta decisión táctica fue sorprendente, ya que el crecimiento del canterano ha sido exponencial bajo la batuta del técnico estadounidense, convirtiéndose en una pieza capital para entender el salto competitivo del equipo en la segunda vuelta.
Los números subrayan la excepcionalidad de lo ocurrido en Anoeta. De los 23 encuentros que ha dirigido Matarazzo entre LaLiga y Copa, Turrientes ha participado en 21. La única vez que su nombre no apareció en el acta fue el pasado 20 de marzo en la derrota ante el Villarreal, pero aquel vacío respondió estrictamente a una sanción por acumulación de tarjetas amarillas. Hasta la visita del Betis, siempre que Turrientes había entrado en la convocatoria, había pisado el césped, ya fuera como titular indiscutible o como recurso de urgencia, como los testimoniales dos minutos que disputó ante el Getafe tras el desgaste copero.
Esta primera vez de Turrientes con cero minutos no parece responder a un bajón en su rendimiento ni a un castigo disciplinario. La realidad es que Matarazzo apostó por una estructura de inicio muy concreta y, conforme avanzaba el choque, el técnico consideró que lo que había sobre el verde estaba funcionando lo suficiente como para no agotar siquiera las sustituciones. En un partido de alta tensión donde se buscaba la remontada, el preparador prefirió mantener la inercia del bloque antes que introducir el criterio y las grandes conducciones que suele aportar el de Beasain, un movimiento arriesgado que ha terminado por romper una estadística de fiabilidad absoluta.

El dato no deja de ser reseñable por lo que representa para el ecosistema de la Real. Beñat Turrientes ha pasado de ser una promesa con minutos intermitentes a ser el termómetro del equipo, siendo titular en la gran mayoría de las citas clave de la era Matarazzo. Habrá que ver si esta ausencia es un paréntesis estratégico de cara al partido intersemanal en Girona o si el inamovible estatus del de Beasain ha sufrido su primer sismo táctico. Parece que será la primera.















