El segundo y último debate electoral en Canal Sur ha fijado las posiciones de todos los candidatos de cara a la recta final de la campaña del 17M. Con unas encuestas estables desde hace meses, sólo parece estar en juego si Juanma Moreno consigue o no movilizar el voto de última hora que le permita la mayoría absoluta y hasta dónde pueden avanzar en sus posiciones el resto de partidos para ganar diputados y reforzar su peso en el Parlamento que se constituya en el mes de junio.
Juanma Moreno, tras un primer encuentro en RTVE con un perfil inusualmente bajo y esquivando a Vox, cambió de estrategia y trató de corregir posición en busca de esos últimos votos indecisos de derecha. Entró a disputar en espacios que pueden ser decisivos como el debate por el último fallecimiento de guardias civiles en Huelva, el accidente de Adamuz o la reivindicación de un cambio en la PAC pero sin llegar a buscar una confrontación abierta que le pueda dificultar su discurso si tras el 17M necesita del partido de Santiago Abascal. “No me esperaba de ustedes que no suspendieran la campaña por la muerte de dos guardias civiles”, advirtió el presidente andaluz en el arranque. “Se equivoca usted de enemigo” le respondió Gavira.
A partir de ahí no hubo confrontación directa entre PP y Vox. La disputa por el voto de derecha se libra más en el nivel de críticas al Ejecutivo de Pedro Sánchez. El presidente del PP eludió cualquier tono moderado para pedir responsabilidades por Adamuz, para denunciar los “agravios” con Cataluña, para culpar al Ejecutivo de la falta de recursos en la lucha contra el narcotráfico o para reprochar las decisiones en el ámbito sanitario o de la vivienda durante los gobiernos socialistas en la Junta de Andalucía.
También vino preparado Moreno para enfrentarse a la ofensiva de la izquierda. Entró al choque por los fallos en los cribados y la crisis sanitaria cuando se lo requirieron uno a uno todos los grupos de la izquierda. Si en el primer debate guardó silencio sobre las víctimas, en esta ocasión intentó explicarse y pidió perdón por las consecuencias de un “error de comunicación”. Pero a partir de ahí la izquierda endureció el tono, pidió “responsabilidades” y reprochó los problemas de gestión de la dependencia, la educación o la vivienda. Y ahí Moreno volvió a tensarse hasta perder por momentos su tono más institucional. “Son todos contra uno. Todos contra mí. Es la coordinación de todos para derribar al gobierno pero no lo hagan mintiendo”, se defendió.
La izquierda por su parte endureció su ofensiva. María Jesús Montero salió de su plano institucional para buscar un cara a cara con Moreno especialmente en el ámbito de los servicios públicos hasta llegar a sacar de su papel institucional al presidente andaluz. “Usted miente más que habla. Mi padre murió de cáncer de colon por un fallo en la gestión sanitaria pero no le llamo asesina porque no soy como usted”, llegó a decirle el presidente andaluz, quien también acusó a la vicepresidenta de ser la “mejor candidata para Cataluña” “Lleva usted en las listas a los dos consejeros de salud que estaban. Ha sido la negligencia más grave. No se ponga nervioso. Para usted gobernar es un lío”, le reprochó Montero. La ex vicepresidenta quiso poner en evidencia en distintos momentos “la falta de modelo” de Moreno en temas como la agricultura, la financiación autonómica o la vivienda. “¿Cuál es su alternativa?”, le requirió en varios momentos sin encontrar una respuesta contundente.
El objetivo de la izquierda es movilizar a su electorado molesto con la gestión de Moreno de cara al 17-M. Y cada uno lo hizo a su estilo y de forma coordinada. Montero defendió la gestión del Gobierno de España y arremetió contra los fallos de la Junta de Andalucía: “Usted no hace nada -indicó a Moreno- Confronta con el gobierno de España y luego no hace nada”. E incluso entró al choque con la financiación catalana: “Le está negando el pan y la sal”.
La otra batalla de la izquierda
Pero la izquierda libraba dos batallas en este debate. La segunda es conseguir consolidar su voto y evitar fugas de unos a otros. Y ahí, adquirieron un protagonismo especial las dos formaciones a la izquierda del PSOE. Por Andalucía y Adelante Andalucía arremetieron de forma coordinada contra Moreno en la gestión de los servicios públicos pero a partir de ahí fijaron sus distancias en las formas y en el fondo.
El candidato de Por Andalucía, Antonio Maíllo, rompió las dinámicas del anterior debate y de la campaña con intervenciones precisas y certeras: “A Susana Díaz lo echaron por la sanidad. Y a usted también”, le espetó a Moreno en un mensaje que estuvo también dirigido al electorado socialista.
Y en segundo lugar, José Ignacio García, que vio reforzada su intervención por su posición en el plató. Desde el centro de la escena, requirió a Moreno explicaciones sobre los cribados del cáncer de mama o sobre el “chantaje” realizado a los opositores al afirmar que si no hay gobierno se podrán retrasar convocatorias. “¿Cómo se nota que usted no se ha preparado nunca unas oposiciones. Yo sí lo he hecho”.
Vox sube aún más el tono
Vox, por su parte, se mantuvo en su línea con un discurso deslabazado y que únicamente pretendía reforzar su mensaje ante los convencidos que le pueden permitir tener la llave del gobierno y un peso histórico en la comunidad autónoma. Pidió “alto o plomo” para acabar con el narcotráfico “en una tarde”, arremetió contra la “banda” del PSOE, denunció aumentos de “violaciones” o “el fanatismo climático”. Afirmaciones una tras otra sin base alguna en los datos. “El discurso de Vox sólo se explica porque quieran que Moreno parezca el moderado”, le contestó Maíllo.
Moreno comenzó y cerró el debate con un intento de distanciamiento a ese tono de la derecha de Vox. “Nos jugamos o gobierno o desgobierno, o estabilidad o inestabilidad”, apuntó en el inicio. ”Tenemos que decidir si queremos gobierno o desgobierno, futuro o pasado, concordia o discordia”, concluyó.








