No rotundo e imposición. El presidente del Gobierno canario, Fernando Clavijo, anunció el sábado al borde de la media noche -seis horas antes de que llegara el crucero de lujo MV Hondius infectado con hantavirus a Tenerife- que el operativo no cuenta con su autorización. El Estado respondió una hora después. El Ministerio de Fomento impone al Puerto de Granadilla que acoja al crucero ya sea mediante fondeo o atraque. La negativa de Clavijo se produjo como consecuencia de un cambio en los planes iniciales pactados entre el Gobierno central y el Ejecutivo canario que prolongará hasta mañana la estancia del barco junto a las costas canarias. La petición de la Comunidad Autónoma era, en este sentido, clara: que todos los pasajeros fueran repatriados antes de las 20.00 horas el domingo. Sin embargo, esta solicitud no podrá cumplirse, ya que cerca de 40 pasajeros no pueden ser trasladados hoy al no haber llegado aún al aeropuerto el avión previsto para su repatriación, por lo que deberán esperar hasta mañana para salir de las Islas.
Clavijo trasladó el mismo sábado a la Autoridad Portuaria de Tenerife su decisión. El operativo se realizará finalmente sin el permiso del Gobierno canario. El rifirrafe entre administraciones viene de lejos. La queja, desde que se conociera que Canarias era parada del buque de infectados, es la misma: falta de información y decisiones unilaterales que dejan fueran al Ejecutivo autonómico. «Si se quieren imponer, que violenten nuestra autonomía y que se hagan responsables de lo que ocurra», advirtió el presidente canario en declaraciones a los medios en el Puerto de Granadilla. Antes de hacer pública su decisión, el líder del Gobierno regional ya había manifestado su disconformidad por la falta de información sobre el protocolo de actuación en el momento de desembarco de los pasajeros.
Solo unos minutos antes de la rueda de prensa improvisada de Clavijo, la ministra de Sanidad Mónica García, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska y el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, comparecían ante los medios nacionales e internacionales para informar de lo que calificaron como «un operativo inédito y de una envergadura sin precedentes». Reiterando que todo ocurriría sin riesgo para la población canaria. Algo que no convenció a Clavijo que se quejó de que no se celebrara una reunión previa que permitiera «consensuar» el dispositivo de emergencia antes de que se hicieran públicas «algunas decisiones».
El presidente canario no llegó al Puerto de Granadilla con las manos vacías. Cuando el Ejecutivo central le anunció que el dispositivo se extendería más de lo pactado, el presidente canario propuso varias opciones para evitar que el fondeo se alargara. Entre las medidas planteadas propuso que los pasajeros pendientes de traslado fueran evacuados en un avión del Gobierno de los Países Bajos o en una aeronave del Gobierno de España, que contaban con plazas disponibles para hacer los traslados en condiciones de seguridad. Ante la negativa a estas opciones, también sugirió el envío de un avión militar o que el barco continuara su travesía si el estado de salud de los pasajeros lo permitía. «No queremos ser cómplices de algo que puede poner en riesgo la seguridad de nuestra población», aclaró Clavijo.
El líder del Ejecutivo canario insistió en la opción de realizar la evacuación de los 40 pasajeros rezagados en los aviones que ya estaban programados. «En el vuelo de españoles solo viajan 14 y hay más de 200 plazas . Con covid viajábamos más apretados y era más contagioso», recordó.
La decisión de Gobierno autonómico no implica una paralización de la operativa, el Estado asegura adelante con los planes, pero tendrá que asumir las consecuencias que supone actuar sin el consentimiento de la autonomía. «No vamos a aceptar la unilateralidad, tendrán que hacerse ellos responsables de lo que ocurra», advirtió. Los informes de los que dispone el Gobierno de Canarias, según Clavijo, advierten de que el fondeo prolongado del buque -más allá de las horas pactadas en un principio- puede resultar «peligroso», por lo que reclamó más garantías. «Si el Gobierno alega cualquier otra causa, que lo hagan ellos, pero no es lo que acordamos», añadió.
La pelota ahora está en el tejado del Estado. Eso sí, Clavijo aprovechó su anuncio para dejar claro que «nadie» va a dar lecciones al pueblo canario, que ha demostrado con la crisis migratoria ser una región «solidaria».
A los cabos sueltos que ya existían por la inmediatez de la organización del dispositivo de emergencia se suma ahora la pelea entre administraciones que añade más incertidumbre a un operativo observado de cerca por la comunidad internacional. Tenerife recibe al crucero de lujo MV Hondius en medio del desconcierto y la expectación, bajo la atenta mirada de medios internacionales que siguen el dispositivo.
Las 36 horas, que estaban acordadas y que ahora el Estado pretende prolongar sin contar con Canarias, representan la ventana máxima diseñada -por el Gobierno central- para completar un operativo de evacuación escalonada, controles sanitarios, traslados directos a pista y despegues internacionales sin que los pasajeros lleguen a mezclarse con la población civil.
Cada minuto está calculado para reducir riesgos, acelerar las repatriaciones y evitar que el puerto se transforme en un espacio de espera prolongada. El barco debe permanecer fondeado el menor tiempo posible mientras las autoridades sanitarias, cuerpos de seguridad y equipos logísticos ejecutan una coordinación inédita bajo la presión constante de la mirada internacional.
Las alarmas se encendieron en Canarias cuando, en medio de llamadas urgentes y comunicaciones discretas entre organismos internacionales, el Archipiélago recibió la noticia de que el MV Hondius debía fondear en uno de sus puertos para asistir a cerca de 150 pasajeros que habían estado expuestos al hantavirus, una familia de virus transmitida por roedores capaz de provocar enfermedades graves e incluso mortales. La decisión, trasladada a las autoridades canarias en cuestión de horas y bajo la coordinación de distintos ministerios, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y organismos europeos, colocó a Tenerife en el centro de una operación sanitaria sin precedentes. A bordo del buque, mientras el océano seguía su curso, la amenaza ya había dejado huella: tres pasajeros perdieron la vida durante la travesía.
El sábado, a primera hora de la mañana, la ministra de Sanidad y el ministro del Interior, detallaron cómo se desarrollaría el dispositivo: los primeros en abandonar el MV Hondius serán los 14 pasajeros españoles y el especialista en enfermedades infecciosas de la oficina africana de la OMS. Bajo un despliegue marcado por la cautela sanitaria y una coordinación milimétrica, comenzará después la evacuación escalonada del resto de ocupantes del buque: 147 pasajeros, junto a miembros de la tripulación, tres expertos en epidemias del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y el representante de la OMS para África.
La premisa es, en este sentido, clara: desde las instituciones regionales hasta los organismos internacionales, todas las administraciones deben coordinarse con precisión para levantar un dispositivo sin margen para el error que permita desembarcar en tiempo récord a más de un centenar de pasajeros. Pero los desafíos están sobre la mesa. Tenerife permanece bajo alerta sanitaria y no cuentan con el apoyo del Gobierno de Canarias. Tanto García, como Grande-Marlaska insistieron durante sus comparecencias en que el riesgo para la población «es bajo».
Desde la tarde del sábado, todo estaba preparado en el Muelle Ribera del Puerto de Granadilla para recibir al MV Hondius. Hasta allí se desplazaron los ministros acompañados por el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. Hasta 358 efectivos -325 guardias civiles y 33 policías nacionales- participan en esta operación. Una estricta coreografía de seguridad medida al detalle. Para minimizar riesgos, los pasajeros serán sometidos a revisiones médicas destinadas a confirmar la ausencia de síntomas antes de iniciar salidas ordenadas por nacionalidades y en pequeños grupos de cinco personas, trasladadas en zódiacs del Ejército hasta tierra firme. Apenas un bolso sellado, con documentación, teléfono móvil y algunos enseres imprescindibles, podrá acompañar a los evacuados durante un desembarco silencioso y contenido.
Vehículos burbujas
La decisión adoptada por las autoridades fue desplegar vehículos burbuja para trasladar a los pasajeros desde el MV Hondius hasta las carpas instaladas en el Puerto de Granadilla, donde comenzarían los controles sanitarios previos a la repatriación. Tanto los ciudadanos españoles como el resto de nacionalidades deberían acceder al aeropuerto por zonas restringidas y alejadas del tránsito habitual de viajeros, sin trámites intermedios ni contacto con la población civil, directos a los aviones que ya los estarían esperando en pista con los motores listos para despegar. Las primeras aeronaves confirmadas durante la mañana del sábado fueron las de Francia, Bélgica, Irlanda, Alemania, Países Bajos, Gran Bretaña y Estados Unidos, mientras que la Unión Europea, a través de su mecanismo de Protección Civil, puso además dos aviones a disposición de aquellos países miembros que no disponen de medios aéreos propios para ejecutar la operación.
El tiempo que deberán permanecer en cuarentena los afectados sigue siendo, por ahora, una incógnita. La ministra de Sanidad explicó el sábado que todavía no se ha podido determinar cuánto durará el confinamiento porque aún debe fijarse el denominado «día cero»: la última fecha en la que los pasajeros estuvieron en contacto con un caso positivo. Ese cálculo será determinante para establecer el inicio oficial de la cuarentena y podría modificarse si aparecen nuevos contagios. A todos los evacuados se les realizará una PCR a su llegada y las pruebas volverán a repetirse días después, en un seguimiento sanitario constante que acompañará las próximas semanas de una travesía que aún no termina al tocar tierra.
Por su parte, el presidente del Gobierno central, Pedro Sánchez, defendió que aceptar la petición de la OMS y ofrecer un puerto seguro al MV Hondius constituye un deber «moral y legal» para España. Una postura que compartió tras reunirse en La Moncloa con Tedros Adhanom Ghebreyesus.
El respaldo entre ambos fue mutuo. Tedros agradeció al Ejecutivo español «la solidaridad, el liderazgo y el compromiso» mostrados ante la emergencia sanitaria y aseguró que la OMS continuará colaborando con España para garantizar «una respuesta sólida, coordinada y eficaz». El director general puso rumbo a Tenerife con la intención de supervisar personalmente el dispositivo sobre el terreno, pero también para agradecer a la sociedad tinerfeña su papel en el dispositivo de emergencia. «Necesito que me escuchen con claridad: esto no es otro COVID-19», insistió y recalcó que el riesgo para la salud pública derivado del hantavirus «sigue siendo bajo».














