Es una de las mujeres que durante décadas ha generado más titulares en el ámbito político español. Dio el salto desde el principal sillón en el Ayuntamiento de Málaga, a finales de los noventa, para vivir hasta una etapa como eurodiputada del Partido Popular. Su testimonio en plena campaña electoral en Andalucía vuelve a ser sincero, sin rodeos ni adornos. Confiesa lo que representan en el contexto actual Vox o las izquierdas más extremas, así como sus miedos sobre los jóvenes
Celia Villalobos vuelve a patearse las calles en una campaña electoral, en esta ocasión en Andalucía. Cuéntenos sus primeros recuerdos sobre Juanma Moreno.
Yo lo conozco siendo presidente de Nuevas Generaciones de Málaga. Era yo por entonces candidata a la alcaldía de Málaga y recuerdo que le dije que quería que dos miembros de Nuevas Generaciones fueran en las listas de salida. Uno saldría fijo y otro, si sacábamos la mayoría. Ya me demostró entonces que es trabajador, con un sentido del consenso como a mí me gusta, odiando los enfrentamientos. Es honesto y humilde. Porque lo es, no es una pose. Él es así. Y me alegra ver que sigue siendo el mismo que yo conocí con poco más de 20 años.
Fue alcaldesa de Málaga entre 1995 y 2000, justo antes de ser nombrada ministra de Sanidad y Consumo. | ÁLEX ZEA
Enfrente tiene como principal alternativa a María Jesús Montero, ¿cómo ve usted la designación de quien fuese consejera de la Junta y hasta ahora ministra de Hacienda?
Siempre he sido profundamente sincera y creo que ha sido un defecto para muchas cosas. Pero cada uno es como es. Para mí, que el señor presidente del Gobierno, el señor Sánchez, designe a su vicepresidenta primera, la ministra de Hacienda, que no ha conseguido en cuatro años aprobar los presupuestos, creo que es un error. Pero sobre todo de ella, al decir que sí. Por mucha lealtad que le tenga y mucho amor pasional a Sánchez. Además, en un momento en el que el PSOE tiene en Andalucía problemas muy graves. Ella, que se ha hinchado de recaudar, que ha sido una ambiciosa de la Hacienda Pública. Es un error porque siempre, gobierne quien gobierne, el ministro más odiado es el de Hacienda.
«Europa necesita transformarse y volver a poner el poder en manos de los políticos»
¿Cómo ve el cuerpo a cuerpo entre ambos en estos tiempos en los que la crispación vende tanto?
Si hay una cosa que me gusta de Juanma, que hay muchas, lo principal es su búsqueda permanente del consenso. Cuando consiguió ser presidente seguro que hubo gente que dijo que en ese momento todos los que eran del PSOE irían a la calle. Pues se equivocaron. Un funcionario es un funcionario y mientras cumpla con su obligación y sea leal con su trabajo debe ser respetado. Yo llegué al Ayuntamiento de Málaga y la izquierda llevaba toda la democracia gobernando. Y allí siguieron trabajando los funcionarios con la lealtad de la ciudad. En ese sentido lo apoyo, en su búsqueda del entendimiento, pues la política ha degenerado hasta convertirse en un patio lleno de odio.

«Si hay una cosa que me gusta de Juanma, que hay muchas, lo principal es su búsqueda permanente del consenso». / Álex Zea
¿Si el PP finalmente necesita a Vox para gobernar, qué opina de sus propuestas más polémicas?
Algunas de las iniciativas suyas yo creo que en Andalucía no tienen cabida, sinceramente. Es uno de los principales motivos por el que es buena la opción de que el PP mantenga la mayoría absoluta. Y por su parte, el PSOE tendrá que recuperarse, reestructurarse. Es necesario, al final, que haya una fuerza enfrente. Yo soy profundamente partidaria del bipartidismo. Creo convencida en un gran partido de centroizquierda y en un gran partido de centroderecha. Y no los tenemos por errores que hemos cometido tanto el centroizquierda como el centroderecha. Espero que regrese el auténtico sentido común. Que es el respeto al contrario, los acuerdos en los temas de Estado, el sentido de Estado, la lealtad. Yo recuerdo cuando el PP y el PSOE, gobernando unos u otros, pactaban hasta las diferencias. ¿Por qué? Es simple, los ciudadanos quieren ser gobernados. Y un gobierno como el que tenemos actualmente en Madrid no es un gobierno.
De sus palabras se desprende que hiciera incluso falta una reforma de la legislación electoral.
Aparte de cambiar la ley, de este aspecto tiene que darse cuenta el propio ciudadano. No votar a ese tipo de cosas. Recuerdo que nosotros pedimos incluso que se promoviera la opción de las segundas vueltas. Pero creo que basta con que el votante opte por partidos serios a la hora de depositar su confianza.

«Con las redes sociales se ha desvirtuado mucho el debate. Esa crispación se propicia, se retroalimenta». / Álex Zea
¿Cómo han cambiado las elecciones con el papel de las redes sociales en estas últimas décadas?
Ahí siguen aún las pegadas en los pueblos. Y tengo que recordar cuando yo ponía en marcha cuadrillas enteras, para que al día siguiente de que acabaran las elecciones limpiásemos las pancartas que había en todos lados. Pues mira, con lo que es hoy una campaña, nos hemos librado de esa suciedad en la ciudad. También digo que con las redes sociales se ha desvirtuado mucho el debate. Esa crispación se propicia, se retroalimenta. Y considero que, por ejemplo en televisión, son muchas las horas que hay que rellenar con debates y tertulias. Todo ayuda a que circule la desinformación, a que cualquier comentario en WhatsApp acabe convertido en noticia. Está además la facilidad para esconderse en el anonimato. A mí me han dicho burradas. Mi secretaria me venía contándome que si habían dicho esto o lo otro sobre mí. Y yo contestaba que, como no leía esos comentarios, me daba igual. En eso de alimentar el odio no gana nadie. Sólo los violentos, los extremos, los radicalismos de izquierda y de derecha.
«Me preocupa ver actitudes machistas entre los más jóvenes; en algo se ha ido hacia atrás»
¿Qué le ilusiona aún de la política?
Por ejemplo, ver cómo se afrontan en nuestra tierra los momentos difíciles. Con las fuertes lluvias, en Grazalema, vimos a un presidente de la Junta meterse en el barro, o, después, llorar de emoción recordando a las víctimas de Adamuz. En esos momentos, tus asesores te dicen que no te expongas. Hablo de asesoramiento porque de esto sé yo algo, que he estado 50 años con el mejor. Con Juanma yo me imaginaba a todo su gabinete diciendo que estaba loco, que dónde se metía. Y en su caso, como digo, él era ya así con 22 años. Y lo será toda su vida, igual que yo he sido así. Yo también me metía en todos los charcos. ¿Por qué? Es tu obligación, como alcaldesa, como ministra. En nuestro caso ponerte de canto no es aceptable. Es muy positivo sentir el dolor de los demás. Y que un hombre llore me parece fantástico. Ya estoy hasta las narices de que los hombres no lloren.
Hablemos también del contexto bélico actual y la crisis energética que afecta a casi todo el planeta.
De entrada estamos ante una crisis económica importantísima. Al margen de la guerra, pero agravada, sí, como consecuencia de la misma. La inflación en el consumo de las familias se estaba produciendo ya, porque los salarios en España no están creciendo al nivel que tienen que crecer. A Sánchez lo único que le gusta es decir que tenemos 22 millones de empleados. Hay gente que tiene hasta tres trabajos porque no llega de otra manera a final de mes. Y después este país no tiene una política de vivienda adecuada, porque tampoco se reparten las responsabilidades. Lo normal es que el Gobierno central tuviese un presupuesto para vivienda, de tantos miles de millones. Si a eso le sumamos que no hay un modelo de financiación definido… Y otro asunto es la inseguridad jurídica, que hace que muchos promotores no se atrevan a construir y a poner en venta viviendas.

«Me preocupa ver en las generaciones más jóvenes ciertas actitudes machistas. Es una vuelta hacia atrás. Me pregunto en qué nos hemos equivocado». / Álex Zea
Usted ha sido muy crítica con el problema de la ocupación.
Porque considero que el Estado lo que pretende hacer es depositar en manos de los pequeños dueños de los apartamentos la responsabilidad de calmar la sociedad. Oiga, que es su responsabilidad, como refleja la Constitución, no la mía. Que yo tengo un piso, que para pagarlo no me he ido de vacaciones durante 40 años y cuyo único objetivo es dejárselo después a mi hija. Y resulta que usted me está diciendo que yo tengo que suplir sus faltas, la obligación de resolver el problema. Es que es muy duro el tema.
Nos puede recordar algunas anécdotas en campaña.
Yo he estado en todas, incluso en las europeas, a las que concurrí de dos. Y me ha pasado de todo. Por ejemplo, en los años ochenta, visitando un pueblo de la zona del interior de la Axarquía, después de una reunión de partido fuimos a un bar a tomarnos una cervecita. Pues recuerdo a mis compañeros masculinos entrando conmigo, mientras que las mujeres, no. Se quedaron todas fuera. Yo me decía, ¿pero esto qué es? Ellas, fuera, diciendo a sus maridos que había que irse a preparar la cena. Y yo recuerdo salir a la puerta y decirles a todas ellas que entraran dentro. O si no que nos íbamos todos. Hoy las hijas de esas mismas mujeres son licenciadas con estudios superiores. Ya están en la igualdad. Esa evolución la he podido vivir yo. Y he participado de ella. Me siento, no obstante, muy orgullosa de la generación mía y de lo que representan mujeres como Rosa Conde, Carmen Calvo o Rita Barberá. Todas lucharon por romper el tabú, por romper el techo de cristal, por demostrar que podíamos ocupar los puestos más importantes. Esa ha sido una generación creo que muy valiente.
¿Qué le preocupa más ahora?
De las generaciones más jóvenes, ver ciertas actitudes machistas. Es una vuelta hacia atrás. Me pregunto en qué nos hemos equivocado. ¿En qué momento hemos ido hacia atrás? ¿Dónde se ha fallado? Yo creo que nos hemos equivocado en el momento en que aparecen los podemitas, las niñas estas del «sí es sí». Las que nos sitúan a las mujeres como si fuéramos víctimas, que necesitábamos que nos arroparan. Lo han centrado todo en que te dejen entrar o no. No han ido a la igualdad real, a lo profundo de una sociedad igualitaria. Es preocupante, como digo, esas niñas de 12 a 15 años a las que el novio de turno, el chaval con derecho a roce, les quita el móvil para ver con quién están hablando. O a las que les preguntan por qué llevan la falda larga o corta. Con tanto trabajo como nos ha costado conseguir la igualdad a quienes tenemos más de 70 años…. Y estos partidos de extrema izquierda la han cagado, respecto a ver a la mujer como una víctima a la que proteger, porque el hombre es malo y la mujer es buena, en base al modelo Alicia, el de que todos somos buenísimos… y flotamos con alitas. Mire usted, no.
«Soy profundamente partidaria del bipartidismo y del regreso del sentido común»
Justo entre los más jóvenes las encuestas dan ganador a Vox.
Hay determinadas juventudes que son revolucionarias en el sentido de rechazo a lo establecido. Yo he oído decir que si con 18 años no eres revolucionaria, con 40 no eres ni capitán de bombero. Una parte de esos jóvenes se identifica con esas siglas porque lo que escuchan forma parte de su lenguaje diario y cotidiano. Y hay otro sector joven que piensa poco, que se enrolla en una bandera y no ve. Me parece representativa de los chavales esa estatua de Banksy en Londres. Caminando con el precipicio justo delante, con la cabeza envuelta en la bandera. Es la bandera del odio, la del yo y los míos. La bandera de que todo el mundo es malo, menos los míos. Esa bandera negativa, terrible. A mí me parece un análisis fantástico de una realidad preocupante que se está produciendo en Occidente de una forma salvaje. Ahora que teníamos que estar luchando para que los musulmanes se quiten el velo, nos lo ponemos nosotros. Y a las mujeres, las faldas más largas. El control ya no es del padre y de la madre, es del novio, del amigo. No, no me gusta nada.
«Las redes sociales han desvirtuado en este momento el debate y alimentan la crispación»
Hablando de Londres, ¿cómo ve usted la situación que vive Europa?
Necesita una verdadera transformación. Ante el abandono de los EEUU, del hermano mayor que la protegía, hay que dar un paso y desarrollar políticas fiscales, de defensa, económicas y sociales. Tenemos que sentirnos protegidos y representados. Falta un modelo, en el que no manden los funcionarios y el poder regrese a los políticos.
Suscríbete para seguir leyendo













