Una juez de Arrecife (Lanzarote) ha ordenado el ingreso en prisión por homicidio del padre del bebé de 23 días que murió el 15 de abril, tras apreciar indicios de que le causó la muerte al zarandearlo con fuerza y, sobre todo, no le prestó ayuda cuando vio que se ponía morado y no respiraba.
El hombre estaba ya detenido como presunto autor de un homicidio imprudente, porque inicialmente había atribuido la muerte del niño a un accidente de tráfico ocurrido en un coche que él conducía sin tener permiso de circulación, pero las pruebas practicadas por la juez descartan esa explicación y sugieren un homicidio doloso.
Según el auto de prisión, la reconstrucción de lo sucedido apunta a que el pasado 12 de abril el hombre zarandeó con fuerza al bebé en el ‘maxi-cosi’ del coche, irritado porque no dejaba de llorar, lo que le ocasionó golpes en la cabeza, y no buscó ayuda médica para él, a pesar de que veía que no respiraba, sino que se fue a casa.
La juez de Instrucción número 3 de Lanzarote, al cargo de la investigación, explica que el propio procesado ha reconocido que siguió circulando diez minutos con el niño en esas condiciones, hasta que paró, lo cogió y volvió a «agitarlo con fuerza», momento en el que fue consciente de que «el cuerpo ya no tenía vida».
«Tras ello, nuevamente no se dirigió a ningún centro sanitario sino que retornó al domicilio donde se encontraba la madre del menor, sin informarle en ningún momento de lo sucedido», continúa la magistrada. Habían pasado ya 24 minutos desde que vio que no respiraba, remarca.
Fue ya con la madre, al ver esta que el niño «estaba raro», cuando decidieron acudir en busca de ayuda al centro de salud de Tinajo, que estaba cerrado, por lo que se dirigieron al puesto de la Policía Local. Allí, unos agentes y un enfermero libre de servicio lograron reanimarlo, para evacuarlo en helicóptero a Gran Canaria.
El pequeño falleció tres días después en el Hospital Materno Infantil de Las Palmas de Gran Canaria, donde la autopsia determinó como causa de la muerte una traumatismo craneoencefálico que provocó que dejara de llegarle oxígeno al cerebro.
Además del hecho de no haber prestado ayuda de inmediato al niño, la juez apunta otro indicio más para descartar una muerte imprudente: el procesado admitió que «puede ser» que después de zarandear al niño le diera un puñetazo o un manotazo en la cabeza.
Asimismo, valora que tiene «un antecedente policial» por violencia machista contra la madre del bebé y que esta ha declarado ahora que solía tener «impulsos violentos».
La mujer no abundó más en ello, detalla el auto, sino que se acogió a su derecho a no declarar contra su pareja.
















