Este próximo 15 de mayo llega a Netflix ‘Berlín y la dama del armiño’, la nueva entrega del universo de ‘La casa de papel’ que sitúa en el centro de su trama una de las obras más enigmáticas del Renacimiento. Pero, ¿qué hace tan especial a este cuadro de Leonardo da Vinci? ¿Por qué se le retrata (nunca mejor dicho) tan recurrentemente en la cultura popular? Cuando esto ocurre, generalmente hay detrás alguna buena historia, misterio y leyenda. Este cuadro, lejos de quedarse solo con uno, concentra estos tres ingredientes.
La dama del armiño. / –
Una joven, el armiño y un mecenas
Lo que sí se sabe: Leonardo pintó La dama del armiño hacia 1489-1490 en Milán. La retratada es Cecilia Gallerani, una joven de apenas 17 años que era amante de Ludovico Sforza, duque de Milán y mecenas del artista. El pequeño animal que sostiene no es decorativo: el armiño era símbolo de pureza y moderación, pero también un juego de palabras —en griego, galé significa armiño, aludiendo al apellido de Cecilia—.
La obra revolucionó el retrato renacentista. Leonardo abandonó la pose estática y de perfil que dominaba la época para mostrar a Cecilia en un giro de tres cuartos, como si alguien acabara de entrar en la habitación. Esa inmediatez psicológica no tenía precedentes y le ha valido a esta obra ser objeto de conversaciones y apuntes al respecto.

Aglomeración de visitantes frente a la Mona Lisa de Leonardo da Vinci, en el Museo del Louvre. / TERESA SUAREZ / EFE
El robo de los nazis y un tesoro nacional
Los análisis con reflectografía infrarroja realizados en 2014 revelaron que Leonardo modificó la composición al menos dos veces. En una versión inicial no había armiño; en otra, el animal era más pequeño. El fondo negro actual tampoco es original: probablemente el inicial era un gris azulado.
El cuadro pasó por las manos de la familia Sforza, luego por colecciones polacas a partir del siglo XVIII. Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis lo confiscaron y Hans Frank —gobernador de la Polonia ocupada— lo colgó en su residencia. Recuperado en 1945, hoy se exhibe en el Museo Czartoryski de Cracovia.
Los retratos de mujeres atribuidos con certeza a Leonardo se cuentan con la palma de una mano. La dama del armiño es, junto a la Mona Lisa, el único que permanece en buen estado. La Belle Ferronière es otro de ellos, mientras que en el Louvre se expone también el retrato de Santa Ana, la Virgen y el Niño, que incluye figuras y un paisaje muy propio de La Gioconda. Algunos expertos apuntan, de hecho, a que La Belle Ferronière expuesta en el museo parisino es la misma modelo que la protagonista de La dama del armiño. La Virgen de las rocas sería otro de los retratos y, de las dos versiones que se conservan del cuadro, la considerada como la primera también se halla en el Louvre.
Polonia considera la pintura que ahora llega a Netflix un tesoro nacional y su valor de mercado se estima incalculable: el gobierno polaco la adquirió en 2016 por 100 millones de euros, una cifra simbólica muy por debajo de su tasación real.
En Berlín y la dama del armiño, Andrés de Fonollosa (Pedro Alonso) finge planear el robo de esta pintura como tapadera para su verdadero objetivo: vengarse del Duque de Málaga. La elección no es casual: el cuadro representa poder, seducción y secretos ocultos bajo capas de pintura, temas que resuenan con el propio Berlín y con el pasado de una de las obras más icónicas de la Historia del Arte.
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