El Valencia CF de Meriton Holdings y sus ayudantes es sinónimo de sufrimiento. Desde hace años las buenas noticias se cuentan con los dedos de una mano y las malas se suceden en forma de ‘chorreo’ constante. La Copa del Rey en el año de José Bordalás fue el único oasis en estos siete años de travesía pro el desierto y desde entonces un elemento más para la desilusión, un recordatorio de que la entidad de Mestalla dejó de ser competitiva hace tiempo. Este año, sin ir más lejos, se cayó en cuartos de final contra el Athletic Club con una imagen que acabó siendo la mayor señal de lo que estaba por llegar.
Caer eliminado de la Copa no es dramático a nivel de consecuencias, pero sí es un desilusionante episodio que cierra todas las posibilidades de ‘tocar metal’ esa temporada. Este año ese partido fue contra el Athletic Club y en unas circunstancias vergonzosas. Los cuartos a partido único habían caído en Mestalla, los bilbaínos llegaban en un mal momento y tenían una plaga de bajas.
Una gran oportunidad desperdiciada
Todos los condicionantes hacían de ese partido una gran oportunidad para pisar unas semifinales y quizas revitalizar el estado de ánimo de equipo y afición, pero los pupilos de Carlos Corberán hicieron lo que tantas veces esta temporada, ser un equipo especulativo, poco ambicioso, poco agresivo y que desaprovechó una ocasión estelar contra un Athletic plagado de suplentes. Los de Ernesto Valverde aprovecharon la media hora que los Williams podían jugar por una cuestión física y por la vía rápida apearon al Valencia en su propio estadio.
Aquel día fue uno de los grandes golpes a la relación afición-equipo que ha seguido desgastándose hasta el brutall estallido del pasado sábado, en el que los pitos y los cánticos -especialmente desde la Curva Nord- se suciedieron de manera constante al ver a un equipo que tampoco pudo con un rival que puso todas las facilidades con su alineación titular, plagada de jugadores del filial de Primera RFEF.
Contexto de guerra contra un Athletic que quiere Europa
El escenario en el que el Valencia CF se mide ahora al Athletic de nuevo ha dejado de ser el de la desilusión para ser el del drama. El conjunto valencianista lo que se juega en este tramo final de temporada es la supervivencia y no se puede permitir una imagen tan indolente como la que ofreció en Copa esta vez contra un rival que sí los tendrá a todos disponibles y que en un mal año va a acabar jugando cuatro ‘finales’ por Europa, evidenciando una brecha entre las dos entidades que se ha hecho enorme por la autolesiva gestión que se está llevando a cabo en el club blanquinegro.










