Un crucero afectado por un brote de hantavirus tiene en vilo al mundo entero. A Canarias en peso, concretamente. Y con razón. Uno se espeluzna al echar la vista atrás y recordar que el foco mediático del inicio de la pandemia por coronavirus en España también fue en el archipiélago. No obstante, autoridades y sanitarios hacen su labor: piden prudencia e insisten en calmar a la sociedad.
En tiempos de vaivén de información y crisis internacional, el periodismo se vuelve más interesante que nunca y cobra aún más importancia. También más responsabilidad. Cuando tan solo existía la radio y dos canales de televisión, no quedaba otra más que esperar a que los profesionales conectasen en directo para informar de lo que acontecía. Uno tiende a pensar que, en épocas de menor competencia, contaban con lo que ahora es un privilegio: el tiempo. Tiempo para contrastar, hacer decenas de llamadas, pedir más datos y debatir con los compañeros si lo que estaban haciendo era lo correcto o no. Ya no es así, aunque en parte debería serlo.
En 2026, la información es más efímera que nunca. El sector, aún más competitivo. Ya no existen dos cadenas y una emisora de radio, por ejemplo; ahora las opciones son variadas y diversas. En redes sociales, lo cuentas en directo o te quedas atrás. El periodista debe contar con ojo clínico y dar con el enfoque idóneo casi al segundo. Contar poco y dosificar la información. En la era del aquí y el ahora, todo lo que se contó hace cinco minutos ya es pasado. Decisiones como si el crucero llega a Canarias, la OMS lo confirma, pero el Gobierno de España no; el de Canarias no quiere bajo ningún concepto, pero finalmente tiene que ceder por imposición legal y moral, quedan obsoletas a medida que un representante político abre la boca. Y el periodista no ha metido la pata contándolo; es importante que la sociedad sepa, en parte, cómo funciona el mundo y el motivo que lleva a tomar según qué decisiones.
Claro que el periodista tiene responsabilidad. La ética ante todo. El lector, la persona a la que llega la información, también cuenta con una responsabilidad mucho más importante en el tratamiento de la información: decidir qué consume, a quién consume y, en ocasiones, hasta interpretar lo que se dice o leer entre líneas. El periodista te prepara el solomillo, pero no te lo mete en la boca.
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