- Planes de continuidad y resiliencia empresarial
- Energía duplicada: qué son los sistemas redundantes
- El auge del autoconsumo solar
- Simulacros y cultura de prevención
- Un impacto económico todavía en evaluación
- Riesgos globales y amenazas híbridas
Tras el colapso energético del pasado 28 de abril, compañías de distintos sectores llevan meses reforzando sus sistemas de protección con generadores, paneles solares, simulacros internos y planes de contingencia.
La idea es evitar que un episodio similar vuelva a paralizar la actividad y cause pérdidas millonarias como las registradas entonces.
Planes de continuidad y resiliencia empresarial
La prioridad ahora es la prevención. Así lo explica a Confidencial Digital Alberto García de la Cal, director técnico de Howden Iberia, firma especializada en gestión de riesgos.
Según detalla, muchas empresas han revisado a fondo estos meses sus Planes de Continuidad de Negocio, diseñados para mantener la actividad ante situaciones críticas.
El enfoque ha cambiado. Ya no se trata solo de reaccionar ante una crisis, sino de anticiparse. “Las organizaciones buscan mejorar su capacidad de respuesta y resiliencia ante posibles incidentes futuros”, apunta García de la Cal.
En la práctica, esto se traduce en inversiones en infraestructuras energéticas alternativas, revisiones de seguros más exigentes y un mayor entrenamiento interno para afrontar emergencias.
Energía duplicada: qué son los sistemas redundantes
Uno de los conceptos que más peso ha ganado tras el apagón es el de los sistemas redundantes. Se trata de disponer de fuentes de energía duplicadas o alternativas que entren en funcionamiento automáticamente si falla el suministro principal.
En términos sencillos, es como tener un “plan B” energético permanente. Si la red eléctrica se interrumpe, estos sistemas —que pueden incluir generadores, baterías o incluso conexiones a distintas redes— permiten que la actividad continúe sin interrupciones o con un impacto mínimo.
Este tipo de soluciones se ha convertido en una prioridad, especialmente en sectores donde parar la producción implica pérdidas inmediatas, como la industria pesada o la alimentación.
El auge del autoconsumo solar
El autoconsumo energético, especialmente a través de paneles solares, se ha consolidado como la respuesta más extendida. Tras el apagón, empresas y particulares han acelerado su instalación como medida de protección.
“Desde el apagón se ha incentivado el autoconsumo”, explica a Confidencial Digital Rafael Barrera, director general de la Asociación Nacional de Productores de Energía Fotovoltaica (ANPIER).
Reconoce que muchas compañías han optado por esta vía para blindarse ante posibles riesgos. Sectores como el alimentario, farmacéutico y agrícola están liderando esta transición, impulsados por su elevada dependencia energética.
“Cualquier empresa que necesita un volumen importante de energía, siempre va a acudir a la energía fotovoltaica”, añade Barrera.
Simulacros y cultura de prevención
Más allá de la tecnología, las empresas también están reforzando su cultura interna de prevención. Los simulacros se han convertido en una herramienta clave para preparar a los empleados ante posibles cortes de suministro.
Estos ensayos permiten detectar fallos en los protocolos, mejorar la coordinación y reducir los tiempos de respuesta. En un escenario real, cada minuto cuenta, y las compañías buscan minimizar cualquier margen de error.
Un impacto económico todavía en evaluación
Las consecuencias del llamado ‘cero energético’ siguen presentes. La industria pesada fue la más golpeada, con horas —e incluso días— de producción detenida. A esto se sumaron daños técnicos (averías en equipos e instalaciones) derivados de la interrupción abrupta del suministro.
La patronal AEGE (Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía) calcula que sus asociados podrían haber perdido decenas de millones de euros, mientras que la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales) eleva el coste total del apagón a alrededor de 1.600 millones de euros.
Estas cifras explican la rapidez con la que las empresas han reaccionado. La inversión en prevención ya no se percibe como un gasto, sino como una necesidad estratégica.
Riesgos globales y amenazas híbridas
El apagón también ha puesto el foco en un contexto más amplio. Según García de la Cal, los riesgos actuales no se limitan a fallos técnicos internos, sino que están profundamente conectados con la geopolítica global.
El conflicto con Irán, por ejemplo, ha evidenciado la fragilidad de infraestructuras clave como el estrecho de Ormuz, un punto crítico para el suministro energético mundial.
Depender de un único corredor o fuente puede desencadenar interrupciones en cadena. A esto se suman las llamadas amenazas híbridas, que combinan ciberataques, interferencias electrónicas y desinformación.
















