El ambiente de final por la permanencia se dejó sentir en todo Nervión desde horas antes del partido con miles de sevillistas poblando las inmediaciones de un Ramón Sánchez-Pizjuán que respondió desde el comienzo engalanado durante los prolegómenos y con una atmósfera que invitaba a que fueran los jugadores de Luis García Plaza quienes dieran ese esperado paso al frente. Para Curro Sanjosé leyenda del Sevilla Fútbol Club y dorsal de leyenda hubo el respetado minuto de silencio.
La Real Sociedad de Pellegrino Matarazzo, lejos de dejarse intimidar en los compases iniciales, fue quien llevó algo de peligro a la meta de un Odysseas Vlachodimos que vivió tranquilo y únicamente participando cuando sus compañeros se apoyaban en él.
Tras los diez iniciales fueron los de García Plaza los que cogieron el mando del partido y prácticamente no lo soltaron. Suazo la tuvo en una jugada ensayada a la salida de un córner botado por Vargas errando en la ejecución y cinco más tarde Ejuke fue quien la tuvo en primera instancia para que Agoumé en un mal remate la mandara a córner.
Crecía el Sevilla en el encuentro manteniendo la constancia en las llegadas, con Vargas apareciendo también desde fuera para rematar al igual que Gudelj o Maupay, tiros todos ellos a los que le faltó malicia y pecando en muchas situaciones de finalizar antes de tiempo las acciones.
Al descanso, el premio de la insistencia y la regularidad de vivir en campo contrario no lo tradujo el conjunto sevillista en goles, marchándose al entretiempo con clara sensación de una superioridad no constatada en el electrónico.
Tras el paso por vestuarios movieron ficha García Plaza y Matarazzo, con dos jugadores que iban a ser determinantes en los primeros minutos: Alexis Sánchez y Oskarsson.
Aparecería primero el ariete islandés de la Real con una descarga a banda en el 46′ que posibilitó la doble mejor ocasión del conjunto donostiarra. Oskarsson la puso, Oyarzabal erró con todo a favor bajo palos y Barrene, que recogió la acción, la cruzó en exceso.
Ese visto y no visto del conjunto txuri-urdin provocó, nunca en mejor momento, una reacción que bien vale eludir, al menos durante una semana, salir del descenso. Ejuke, quién si no, inició la jugada del gol. El nigeriano condujo de izquierda a derecha, habilitó a Vargas y este la puso en el corazón del área para que Maupay le cediera a Alexis el cuero. El de Tocopilla le pegó con el alma y Remiro no estuvo atinado a sacarla.
El gol espoleó más si cabe a un Ramón Sánchez-Pizjuán entregado a la causa de la salvación y apartando por 90 minutos otra lucha importante que librar contra la propiedad del club. El gol también, como suele suceder, hizo que dieran un pasito atrás los de Luis García Plaza ante una Real con posesiones estériles que encontraban siempre una buena respuesta de la zaga nervionense.
Los minutos finales, con un Sevilla ya más mermado en el plano físico pero sin bajar la concentración y entendiendo, durante todo el partido qué había en juego por una vez, demostrando alma y compromiso en el campo sin errores defensivos, pasaron con más nervios en las gradas que en el verde, donde los de García Plaza se mantuvieron firmes repeliendo cada balón centrado colgado por una Real que ya se empieza a descolgar de la lucha por la Champions.
Victoria de pulso, de las que mantienen vivo a los sevillistas en una lucha por eludir el descenso que aún le quedan cuatro batallas por delante ante Espanyol, Villarreal, Real Madrid y Celta de Vigo. Con 37 puntos tras los tres de esta noche en el Sánchez-Pizjuán, es el Alavés quien cae y el Sevilla quien sale con una unidad más en la tabla y en decimoséptima posición.










